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Zolle

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El Banquete de Odín (Reseña)
« en: 03 de Febrero de 2018, 12:45:04 »



Fuente: https://www.facebook.com/tabletoppings/photos/a.1521874434771582.1073741828.1520291414929884/1815336035425419/?type=3&theater

Hace unos días en la página de Tabletopping se publicó esta imagen. Son los juegos y expansiones que tiene planeados ofrecernos la editorial Lookout para este año 2018. Entre sus nuevos lanzamientos contamos varios del autor Uwe Rosemberg: expansiones para Agricola, Nusfjord, el pequeño Caverna, etc… y lo que más me llama la atención, no una sino DOS nuevas versiones de Patchwork.

Enseguida surgen los mismas preguntas: ¿Son necesarios? ¿Nos están vendiendo el mismo producto cambiándole el envoltorio? ¿Hay una falta de originalidad por parte del autor? Las respuestas las podemos leer en muchos hilos del foro.

Yo tengo mi propia opinión. Empecé hace nueve años comprando Agrícola y Le Havre. Me cansé rápido del primero y le prometí amor eterno al segundo. Si fueran tan semejantes entre sí no podría tener opiniones tan dispares de ellos.

Desde entonces su autor no ha dejado de sacar nuevos juegos. Tal vez no muy alejados en cuanto a mecánicas, en todos ellos se puede rastrear el ADN de varios de sus títulos anteriores fusionándose en un nuevo giro para producir juegos nuevos. El ritmo de producción del autor es fuerte, desde la primera impresión de Agrícola hasta hoy ha dejado una larga estela de títulos, algunos más semejantes entre sí y otros que resultan más novedosos, ya sea por tema o por mecánicas.

¿Es necesario tenerlos todos? Por supuesto que no. En mi caso trato de dar con aquellos que me parezcan más representativos de su trayectoria como diseñador, aquellos que sé que me van a hacer disfrutar más, que me den sensaciones diferentes a otros títulos suyos y que sumen contenido a mi colección cuando busco algo a lo que jugar.

Un nuevo juego no tiene por qué suponer nuevas mecánicas. En los wargames es muy fácil toparse con series de juegos que mantienen un mismo manual para todos sus títulos. Cambian el escenario, los mapas. Pero el corazón del reglamento se mantiene igual. Esto no es malo. Si te gusta un juego, probablemente disfrutarás con todos los de la serie.

La primera vez que un juego presenta mecánicas nunca antes vistas no tiene por qué significar  que se trate de un buen juego. Y la revés, si se tratarse de un juego con mecánicas bien conocidas que no aportan nada nuevo no tiene por qué darse por hecho que estamos ante un mal juego. Cuando se anuncia un nuevo sendero de juegos yo suelo mantenerme al margen y esperar a que los nuevos títulos se sucedan, que las ideas que un día fueron novedosas maduren, cobren forma, y den lugar a nuevos juegos donde se vean completas, redondas. Estos últimos son los juegos que tomo como representativos. Tal vez los próximos Patchwork ofrezcan algo que no podemos ahora imaginar pero que den un paso de madurez en la senda de un juego que me parece brillante.

Muchos juegos de Uwe Rosemberg repiten esquemas, como por ejemplo, producir bienes que luego se transforman en otro tipo de productos, y luego con ellos puedes conseguir una tercera serie de productos. En mi caso, enlazar cadenas de producción me entusiasma - Por eso Le Havre me enamoró – y no puedo sino estar siempre expectante por cada nuevo juego que saca el autor en esa dirección.

Si disponemos por orden de aparición Le Havre, Ora et Labora, Fields of Arlé y El Banquete de Odín, tal vez si comparamos los dos primeros veamos más puntos en común que si comparamos el primero y el último – y aun así, sigo sintiéndolos como mundos diferentes -.

En Le Havre se construyen pilas de edificios, se sufre hasta el extremo por dar de comer a tus trabajadores. En Ora et Labora, Uwe Rosemberg inventó la rueda, multiplicó enormemente la cantidad de materiales que pueden producirse y añadió el componente espacial donde ubicar los edificios que se construyen, dando lugar a la interacción entre ellos.

En Fields of Arlé de repente se despliega ante nosotros un enorme panel de acciones, el sufrimiento por dar de comer a los nuestros casi se esfuma, el juego se convierte en un placentero vivir en el transcurrir de estaciones donde los campos florecen en primavera a tu alrededor y los árboles ven caer sus hojas en otoño.

A pesar de que las casillas que necesites puedan ser ocupadas por el otro jugador, siempre tendrás opciones de hacer algo ¿Qué hay de malo en no verse cerrado por otro jugador? No comparto que se exija mayor interacción entre jugadores en este tipo de juegos, no veo la necesidad de acciones más agresivas que limiten el juego de los jugadores.


En Fields of Arlé te sientes mecido por el viento, contando nubes de algodón como las de la portada. Este juego despide amor por todos sus costados.


Y por fin llegamos a El Banquete de Odín. Reconozco que con él tenía mis dudas. Era un juego donde existía un componente de puzzle. Me fascinó la simplicidad genial de Patchwork, creo que en su pequeña caja es uno de los grandes de Uwe Rosemberg, pero tenía mis dudas en trasladar la abstracción de un puzzle a una acción más figurativa como era producir bienes y usarlos para algo en concreto como parecía adivinarse por el aspecto de El Banquete de Odín.

Además, su tablero de acciones me recordaba demasiado a Fields of Arlé por lo que di por sentado que El Banquete de Odín era uno de esos juegos de paso, en el que el autor madura mecánicas ya empleadas pero no aventura nada nuevo ni define nuevos rumbos que lo destaquen entre sus juegos. Como tal lo deseché de mis pensamientos y me quedé a la espera de los futuros proyectos de Uwe Rosemberg.

Pero pasado un año se seguía hablando de El Banquete de Odín, se realizó la segunda impresión del juego en español y me dije que algo especial debía tener. Entonces pensé: Yo adoro Patchwork ¿Cómo podría errarse al apostar por un juego que suma a una producción feroz de bienes el elemento del puzzle? Aun siendo muy original en eso temía que por ser el primero en esa senda no hubiera redondeado bien el diseño ¿No sería mejor esperar a un futuro título – que seguro que lo habrá - donde el autor apuntale bien esta combinación de mecánicas? Me decía indeciso.


Pero el atrayente influjo de los bonachones vikingos de su portada que adornaban la imponente presentación de la caja de El Banquete de Odín – un grosor de caja al que sólo Gloomhaven le hace sombra – empezaron a hacer efecto sobre mí.

Sus mecánicas se empezaron a revelar para mí como algo inaudito en el horizonte rosembergoriano, y yo no podía perder la ocasión de hacerme con una copia de Devir. A esto añadirle que su panel de acciones era la más grande nunca visto. Ya imaginaba el placer de poder explorarlo en toda su extensión.

Leyendo reseñas me alegró saber que la entrega de alimentos – ahora festín para Odín, donde los productos alimentarios no son genéricos sino que cobran la forma de habichuelas, pescado, etc para los comensales – siguiendo la estela de Fields of Arlé no es tan angustiosa como la de Le Havre.

El ilustrador de El Banquete de Odín es mi querido Dennis Lohausen, cuyo trabajo en The Gaia Project ha sido muy cuestionado. En El Banquete de Odín ha seguido la línea de ilustraciones placenteras en las que parece que el tiempo se ha detenido, libres de la presión en la que vivimos hoy en día en las ciudades, cielos de un azul pastel, luminosos, con aves igual de ociosas que sus habitantes.


El ilustrador sabe llenar de pequeños y dulces detalles escondidos los tableros y losetas haciendo que las partidas se conviertan en juego y visita de su arte. El marco de felicidad que destilan su ilustraciones casa perfectamente con ese aire bonachón de todos los juegos de Uwe Rosemberg donde las acciones del juego te sumergen en las labores amables de tu aldea vikinga. Incluso acciones como ir de caza o de saqueo están libres de cualquier punto de crudeza o maldad. Es un juego donde se respira una honda felicidad.

Es fácil aprender a jugar a El Banquete de Odín. Es de esos juegos cuyo reglamento puede leerse en diagonal o yendo directamente a lo que sabes que sí necesitas leer. Sólo mirando las ilustraciones explicativas del manual te puedes haces con él ¿O tal vez es porque he bebido de tantos de sus juegos que ya puedo adivinar cómo jugarlo por intuición? No lo creo. Es más bien el loable trabajo que se ha hecho en el diseño del juego, todo muy claro y evidente, que a pesar de contar con tantos componentes – el uso de bandejas es una elección más que acertada – los elementos del juego son pocos. Una vez quedan ordenados, siguiendo el curso de la plantilla de orden de ronda, empezar a jugar es facilísimo.

A pesar de lo fácil que es hacerse con el funcionamiento del juego, mis tres primeras partidas fueron muy pobres en cuanto a la evolución de mi tablero. Me perdía con tantas acciones disponibles y no sabía qué estrategia tomar – ni siquiera advertía que estrategias posibles podían tomarse - pero de partida a partida tus marcas mejoran exponencialmente, y a la cuarta partida te ves conquistando islas, saqueándolas y amontonando tus tesoros, joyas y pieles en tu pequeña aldea.


El Banquete de Odín es uno de esos juegos que cuando empiezas con él no puedes parar de jugar. Haces una partida detrás de otra, tratando de asentar lo aprendido y mejorar tu resultado. Es fácil que pases una semana entera dedicado única y exclusivamente a El Banquete de Odín, cosa que no me ha pasado en ninguno de los títulos anteriores del autor. Para mí ha sido toda una sorpresa, tal vez porque no pensé que me gustase tanto y eso hizo que las sensaciones hayan resultado mucho mejores.

¿Compraré más juegos de Uwe Rosemberg en el futuro? Por supuesto. Sé qué me gusta de su juegos, y aunque desconozco cuál será la dirección de sus diseños en el futuro, estoy convencido de que se mantendrán fieles al buen sabor que dejaron y dejan los antiguos.

Ficha del juego en BGG:
https://boardgamegeek.com/boardgame/177736/feast-odin

lluribumbu

Re:El Banquete de Odín (Reseña)
« Respuesta #1 en: 05 de Febrero de 2018, 15:30:45 »
Muy buena reseña, sentando catedra como siempre. Comparto tus opiniones, a mi me gusta aun mas ya que solo tenia de el el Le Havre, y no encuentro esa repeticion de mecanicas y me resulta mas fresco. Un juego que relaja y apetece jugar no importa en solitario.

Spooky

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Re:El Banquete de Odín (Reseña)
« Respuesta #2 en: 05 de Febrero de 2018, 16:48:32 »
Para mí es un juego injustamente maltratado. El más de lo mismo que se aplica a Uwe no debe significar que el juego es malo. Será parecido a sus otros diseños (menos que caverna a agrícola) pero debe ser juzgado como juego individual, y ahí pienso que es muy bueno.
Gustan tus reseñas Zolle.