No más Basura Americana

Parece que ahora hay una vertiente de aficionados que han decidido bautizar a los juegos que toda la vida se han conocido como Juegos Temáticos como Ameritrash.

Pues bien, me confieso. Nunca he podido tragar ese tipo de juegos que nos llegan por toneladas desde las Américas. No digo que sean malos, es algo mucho más primario. No he podido jugar nunca una partida realmente interesante donde haya un reto intelectual constante, y salvo contadas excepciones me he aburrido hasta la exclusión. Me parecen juegos extraordinariamente básicos, elementales y ruidosos. Son lo más parecido a una lata de mierda enlatada de Piero Manzoni; es cómo si envolviera en un papel de un Ferrero Mon Chéri un puñadito de heces fecales. Es como comparar la sofisticación y elaboración de un buen plato francés o español con una hamburguesa del McDonalds o una alita de pollo revenido del KFC.

Suelen ser largos, tediosos y faltos de emoción. Un batiburrillo de mecánicas de otros juegos que ni siquiera se han preocupado de ver si encajan bien. En el tiempo de espera entre turno y turno puedes resolver una integral compleja o ver un capítulo de Prison Break completo. Y es más, aún así, en muchos casos los susodichos juegos (por llamarlos de alguna manera) son injugables. Como comiences mal sólo te queda fustigarte durante el resto de la partida, como Silas, el monje albino de El Código Da Vinci; eso si que es una penitencia y no andar descalzo con grilletes en los tobillos en Semana Santa.

Otra constante de esta basura americana es que suelen estar incompletos y llenos de erratas, lo cual hace necesaria periódicamente una completa revisión de reglas, diversas actualizaciones y faqs, así como las sucesivas expansiones. Y con suerte tras varios documentos de unas cuantas páginas logras entender cómo narices se juega bien, o como evitar esos agujeros negros que pueblan el reglamento.

He de confesar que en raras ocasiones me han interesado ese tipo de juegos, ni de adolescente ni de adulto, salvo algunos de la extinta Avalon Hill (y me refiero a la de verdad no el sucedáneo que tenemos ahora). Me aburrí con Twilight Imperium 3 hasta la saciedad -ya se que estoy lindando la blasfemia- y sobre todo me aburro con sus panegiristas metafísicos defensores de la verdadera fe. Menos mal que tengo suficiente creatividad como para parir un nuevo juego reducido y más interesante (en este caso fue Operación Relámpago). Lamentablemente, juegan con ventaja: suelen estar ambientados en algún tema interesante para el círculo freak, como por ejemplo el videojuego de moda, y de esta forma ya tienen asegurados un número de ventas de sus incondicionales; así que me temo que tenemos basura americana para rato.

Por mucho que se esfuercen. Todo que nos llega es más de lo mismo. Se reduce en una caja enorme, docenas miniaturas de plástico que luego ni siquiera caben cómodamente en las áreas de juego del tablero (hexágonos o lo que sea), ilustraciones y colores a mansalva (de gran calidad, eso sí), y un precio superior a 60 EUR. Hay que aprovecharse que están de moda y de sus incondicionales.

Sinceramente, prefiero mil veces un juego donde las reglas estén cuidadas, por muy feo que sea el juego, a uno bonito e insulso, que va a terminar acumulando polvo en una estantería (si logra aguantar el peso del puñetero juego).

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