Ah, claro. Tienes razón. ¿Cómo va a ser wargamero alguien cuyo juego favorito es Spirit Island? Eso lo invalida automáticamente para opinar sobre D-Day, faltaría más. El carnet oficial de “wargamero de verdad” lo debe expedir algún comité secreto que decide qué gustos son legítimos y cuáles no.A mí personalmente lo que me parece muy divertido es el doble rasero: aficionados que se rasgan las vestiduras con algunas editoriales y son todo silencio o comprensión con otras. Me pregunto si piensan que los demás no nos damos cuenta.He hecho una reflexión en un grupo de FB sobre muchos comentarios de redes sociales sobre que todos esos gritos muy fuertes de lo mala que es Devir viene de gente que ni siquiera ha intentado jugar a esta edición porque el 95% de las erratas de la lista yo incluso las consideraría Typos porque en las reglas están explicadas muy bien si te las lees.
En serio, la cantidad de personas en X por ejemplo lanzando m***** del juego es absurda. Me vienes y me dices que vas a devolver el juego porque tiene erratas gravísimas y luego me dices que tu juego favorito es el Spirit Island y que le has dado cienes de partidas? EN SERIO?
Este juego no lleva el sello Devir y está en el top 10 de wargames del año incluso como ha salido…
Ahora, dejando la ironía a un lado: que Spirit Island tenga erratas no convierte en aceptable que D-Day salga con fallos graves. Y sí, son graves. Un número incorrecto en una ficha, iconografía cambiada o valores mal impresos en un wargame no son simples “typos simpáticos”. En este tipo de juegos la precisión no es un adorno, es parte del sistema.
El problema no es quién lo critique ni cuál sea su juego favorito. El problema es que estamos empezando a normalizar algo que no debería ser normal: que los juegos salgan al mercado con erratas importantes y que la respuesta sea “somos humanos, puede pasar”. Claro que somos humanos. Precisamente por eso existen revisiones, pruebas de preimpresión y controles de calidad.
Perdonar pequeños fallos es comprensible. Asumir como rutina que un juego complejo salga con errores estructurales no lo es. Si como comunidad bajamos el listón, el mensaje que se envía es que no pasa nada. Y sí pasa: pasa que el estándar baja.
Que cada cual disfrute lo que quiera —faltaría más—, pero convertir la crítica legítima en una cuestión de gustos personales es una forma bastante cómoda de esquivar el verdadero debate.

