THUNDERBOLT: Escenario "Iberia"
233-232 A.C.
El asedio de Acii tiene consecuencias inesperadas: las mismas tres aldeas en la desembocadura del Betis se vuelven a rebelar. Sin ellas, o mejor dicho, sin la plata que controlan, Amílcar no puede edificar Akra Leuké. Debe, por tanto, volver al sur. Jura crucificar al alcalde de Hasta, que ha cambiado ya tres veces de bando...
¿Pero cómo hacerlo? La carretera costera es larga, lo que significa gran desgaste de tropas o mucho tiempo si no fuerza la marcha. Hay otra opción. Tortuosa, peligrosa pero, también, inesperada: cruzar por el Sistema Bético de nuevo, evitando la detección de oretanos y turdetanos. El estrecho pasillo le dejaría justo en el curso bajo del Betis, listo para recuperar las explotaciones mineras y con la posibilidad de reclutar guerreros entre los "tartesios" aliados.
La empresa se lleva unos rezagados, pero merece la pena. Sin embargo, tras pacificar una de las aldeas y de camino a la otra, los turdetanos espabilan y caen sobre los púnicos: 25.000 hombres mal comandados que son rápidamente derrotados y su tribu pacificada. Sin embargo, las bajas se acumulan en el ejército bárcida: apenas son ya 10.000 hombres y 1.500 jinetes, eso sí, con una disciplina de hierro y fieles a El Rayo. En estas circunstancias, los íberos tan solo pueden confiar en los inmensos ejércitos que lanzan contra él, en ocasiones incluso superándolo 3 a 1.
Orisón decide estorbar la pacificación de las poblaciones del Guadalquivir y baja por territorio vetón, fallando en reclutar contingentes de tan belicoso pueblo. Estratégicamente se emplaza en la romana Corduba, la Kart Iura púnica: si Amílcar quiere volver a controlar el sur de la península, tendrá que desalojarle de ahí. De rebote, manda una embajada a los "tartesios", que confiados por la presencia del enorme ejército íbero, cambian de bando (el juego diferencia asentamientos-castros indígenas con las tribus, que pueden proporcionar hombres o interceptar enemigos).
De nuevo, la diplomacia de El Rayo flojea, por lo que finalmente se decide por lo que mejor se le da: ir a combatir en inferioridad de condiciones contra Orisón. A estas alturas, el número ya compensa la calidad intrínseca del ejército púnico, por lo que es prácticamente un duelo de habilidad táctica, con ligera ventaja para Amílcar. De nuevo, Victoria Mayor para él: Orisón se repliega tras dejarse un 25% del ejército, pero su mayor caballería protege la retirada y, sorpresivamente, ningún contingente se pasa a los púnicos.
No obstante, una banda de 3.000 mercenarios ligures aparecen extraviados y son inmediatamente contratados por los cartagineses.
Con Orisón fuera de combate, Amílcar no se lo piensa y vuelve tranquilo, por la costa, haciendo paradas para no perder hombres, hasta donde fundará su primera ciudad: Akra Leuké, la actual Alicante.
233-232 A.C.
El asedio de Acii tiene consecuencias inesperadas: las mismas tres aldeas en la desembocadura del Betis se vuelven a rebelar. Sin ellas, o mejor dicho, sin la plata que controlan, Amílcar no puede edificar Akra Leuké. Debe, por tanto, volver al sur. Jura crucificar al alcalde de Hasta, que ha cambiado ya tres veces de bando...
¿Pero cómo hacerlo? La carretera costera es larga, lo que significa gran desgaste de tropas o mucho tiempo si no fuerza la marcha. Hay otra opción. Tortuosa, peligrosa pero, también, inesperada: cruzar por el Sistema Bético de nuevo, evitando la detección de oretanos y turdetanos. El estrecho pasillo le dejaría justo en el curso bajo del Betis, listo para recuperar las explotaciones mineras y con la posibilidad de reclutar guerreros entre los "tartesios" aliados.
La empresa se lleva unos rezagados, pero merece la pena. Sin embargo, tras pacificar una de las aldeas y de camino a la otra, los turdetanos espabilan y caen sobre los púnicos: 25.000 hombres mal comandados que son rápidamente derrotados y su tribu pacificada. Sin embargo, las bajas se acumulan en el ejército bárcida: apenas son ya 10.000 hombres y 1.500 jinetes, eso sí, con una disciplina de hierro y fieles a El Rayo. En estas circunstancias, los íberos tan solo pueden confiar en los inmensos ejércitos que lanzan contra él, en ocasiones incluso superándolo 3 a 1.
Orisón decide estorbar la pacificación de las poblaciones del Guadalquivir y baja por territorio vetón, fallando en reclutar contingentes de tan belicoso pueblo. Estratégicamente se emplaza en la romana Corduba, la Kart Iura púnica: si Amílcar quiere volver a controlar el sur de la península, tendrá que desalojarle de ahí. De rebote, manda una embajada a los "tartesios", que confiados por la presencia del enorme ejército íbero, cambian de bando (el juego diferencia asentamientos-castros indígenas con las tribus, que pueden proporcionar hombres o interceptar enemigos).
De nuevo, la diplomacia de El Rayo flojea, por lo que finalmente se decide por lo que mejor se le da: ir a combatir en inferioridad de condiciones contra Orisón. A estas alturas, el número ya compensa la calidad intrínseca del ejército púnico, por lo que es prácticamente un duelo de habilidad táctica, con ligera ventaja para Amílcar. De nuevo, Victoria Mayor para él: Orisón se repliega tras dejarse un 25% del ejército, pero su mayor caballería protege la retirada y, sorpresivamente, ningún contingente se pasa a los púnicos.
No obstante, una banda de 3.000 mercenarios ligures aparecen extraviados y son inmediatamente contratados por los cartagineses.
Con Orisón fuera de combate, Amílcar no se lo piensa y vuelve tranquilo, por la costa, haciendo paradas para no perder hombres, hasta donde fundará su primera ciudad: Akra Leuké, la actual Alicante.
























































