A raíz de un comentario de Tío Trasgo en otro hilo sobre los prejuicios o los escrúpulos de los consumidores a la hora de comprar productos (o más bien todo lo contrario) a ciertos editores o autores según cuestiones no puramente derivadas del juego en sí (sus componentes, sus reglas, su calidad general) si no de la persona en particular o sus opiniones, me ha entrado curiosidad por el tema a nivel local del foro: ¿a quién estaríais dispuestos a comprarle un juego o a no hacerlo en absoluto? ¿Boicotearíais a alguien sistemáticamente?
En mi caso particular no encuentro que, fuera de elementos del propio juego, tuviese problemas en comprarle un juego a nadie salvo que:
-Tuviese por cierto que ha sido producido en condiciones laborales infrahumanas.
-Supiese que su autor/editor o persona que recibiese fondos a través de las ventas destinase parte o totalidad del dinero a grupos u organizaciones políticas promotoras del odio (fascismo, nazismo, racismo, etc.), el oscurantismo (sectas, grupos fundamentalistas, etc.) o la ignorancia (pseudociencias y otros de la familia).
Como anécdota sobre el tema, recuerdo que en Essen 2011 hubo un stand de alemanes en el pabellón de independientes y pequeños editores que tenían un juego sobre política cuyo aspecto estaba en ese sospechoso medio camino entre punk y neonazi que me llamó la atención por lo ligeramente sórdido que resultaba (el juego y el stand, aunque también los fulanos).
En mi caso particular no encuentro que, fuera de elementos del propio juego, tuviese problemas en comprarle un juego a nadie salvo que:
-Tuviese por cierto que ha sido producido en condiciones laborales infrahumanas.
-Supiese que su autor/editor o persona que recibiese fondos a través de las ventas destinase parte o totalidad del dinero a grupos u organizaciones políticas promotoras del odio (fascismo, nazismo, racismo, etc.), el oscurantismo (sectas, grupos fundamentalistas, etc.) o la ignorancia (pseudociencias y otros de la familia).
Como anécdota sobre el tema, recuerdo que en Essen 2011 hubo un stand de alemanes en el pabellón de independientes y pequeños editores que tenían un juego sobre política cuyo aspecto estaba en ese sospechoso medio camino entre punk y neonazi que me llamó la atención por lo ligeramente sórdido que resultaba (el juego y el stand, aunque también los fulanos).

). Propongo una división en cinco cohortes con cuatro series cada una y que cada uno añada después de cada título, si quiere, los motivos por los que le gusta y demás. Sé que es difícil reducir a veinte títulos si a uno le gustan las series pero se trata de ajustar a las que consideramos verdaderamente buenas.