Cada vez que alguien dice aquello de "cuantos más juegos salgan, mejor para todos", siento que un bebé koala se cae del árbol y llora. Si tengo que comprarme algo lo sopeso cien veces para ver si me va a aportar o solo dar quebraderos de cabeza (no hablo específicamente de juegos). No necesito hacer un esfuerzo, me sale solo, porque sé que la inmensa mayoría de adquisiciones en la vida se transforman en mierda, una plasta vaga e indefinida que simplemente te rodea, sin formar parte de tu vida.
De hecho no se habla de algo cuando en el fondo te da lo mismo. Veo vídeos y los comentáridos finales parecen calcados en una inmensa mayoría de casos: "está muy bien porque puedes combar las cartas", "muy tenso, no puedes hacer todo lo que quieres", "cada partida es única por las 700 baldositas que mezclas al azar al principio". Menudo peñazo, copón.
Quizá llega un momento en que hablar de juegos no tiene mucho sentido, salvo que te mole la fiesta y lo hagas con un afán comparativo, buscando la esencia de cada título, lo que lo hace único, qué espacio de decisión despliega, cómo define un arco narrativo con poquísimos elementos y la imaginación de los jugadores; pero eso solo sucede si conoces algo bien, lo disfrutas a
menudo y te fascina. En el mar de copias que amenaza con anegarnos ese ejercicio es una quimera. Tras el enésimo clon de Rosenjauer en el que haces lo mismo y te dedicas a adaptar tu cabeza tácticamente al uso de las nuevas baldositas, es fácil olvidar lo esencial de lo que estás haciendo.
Lo que sucede en los foros es expresión directa de dónde la gente va poniendo su cabeza. Como con la burbuja de los tulipanes y tantos otros casos de locura colectiva transitoria nos vamos haciendo a los nuevos usos, unas veces por inercia y otras forzados por aquellos que nos rodean, para no quedarnos irremediablemente solos.
El bebé koala se sigue preguntando, mientras tanto, cómo es posible que muchos no se den cuenta de que el mantra "menos es más" está basado en una realidad cognitiva que olvidamos con facilidad: nuestra mente no se desenvuelve bien ante la abundancia; se dispersa y poco a poco nada tiene sentido suficiente como para aguantar el empellón de nuevos estímulos.
De hecho no se habla de algo cuando en el fondo te da lo mismo. Veo vídeos y los comentáridos finales parecen calcados en una inmensa mayoría de casos: "está muy bien porque puedes combar las cartas", "muy tenso, no puedes hacer todo lo que quieres", "cada partida es única por las 700 baldositas que mezclas al azar al principio". Menudo peñazo, copón.
Quizá llega un momento en que hablar de juegos no tiene mucho sentido, salvo que te mole la fiesta y lo hagas con un afán comparativo, buscando la esencia de cada título, lo que lo hace único, qué espacio de decisión despliega, cómo define un arco narrativo con poquísimos elementos y la imaginación de los jugadores; pero eso solo sucede si conoces algo bien, lo disfrutas a
menudo y te fascina. En el mar de copias que amenaza con anegarnos ese ejercicio es una quimera. Tras el enésimo clon de Rosenjauer en el que haces lo mismo y te dedicas a adaptar tu cabeza tácticamente al uso de las nuevas baldositas, es fácil olvidar lo esencial de lo que estás haciendo.
Lo que sucede en los foros es expresión directa de dónde la gente va poniendo su cabeza. Como con la burbuja de los tulipanes y tantos otros casos de locura colectiva transitoria nos vamos haciendo a los nuevos usos, unas veces por inercia y otras forzados por aquellos que nos rodean, para no quedarnos irremediablemente solos.
El bebé koala se sigue preguntando, mientras tanto, cómo es posible que muchos no se den cuenta de que el mantra "menos es más" está basado en una realidad cognitiva que olvidamos con facilidad: nuestra mente no se desenvuelve bien ante la abundancia; se dispersa y poco a poco nada tiene sentido suficiente como para aguantar el empellón de nuevos estímulos.

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