Vaya por delante que soy consciente de que uno y otro no tienen porque ser incompatibles. Un juego puede simular -al menos de acuerdo con nuestro conocimiento- aspectos concretos de una realidad histórica. Sin embargo, algunos llegan a tal nivel de abstracción que etiquetarlos como simulaciones históricas sería exagerado. Todo esto viene a cuento de un debate en uno de los grupos de Facebook que sigo -bastante acalorado, por cierto- acerca de si el Imperial Struggle tiene o no cualquier parecido con una simulación histórica, o es un eurogame disfrazado. Sólo he conseguido jugar tres partidas, así que mi opinión está basada en "sensaciones" más que en una reflexión serena basada en una amplia experiencia con el juego.
Dicho esto, la verdad es que ni una cosa ni otra. El Imperial Struggle no es un eurogame disfrazado de wargame, pero tampoco es una simulación ni lo intenta. El objetivo de los diseñadores es -aparte de vender juegos, por supuesto- simular algunos aspectos del conflicto imperial entre Francia y Gran Bretaña en el siglo XVIII, pero sin profundizar en todos los matices de una realidad histórica tan compleja como la rivalidad franco-británica en esos cien años. Para conseguir ese objetivo han tenido que ignorar los detalles y centrarse en unos pocos elementos clave, que ellos consideran que son imprescindibles para introducir el elemento de simulación histórica en el diseño, pero sin perderse en líneas marginales que hubieran aportado poco a la experiencia lúdica y que hubieran lastrado el resultado final. Reconozco que las tres partidas -que he perdido, por cierto... pero es que últimamente ando obtuso hasta extremos inauditos- me han dejado muy buen sabor de boca, permitiéndome imaginar por momentos que era una especie de "genio familiar" de la monarquía británica o francesa que a lo largo del siglo iba condicionando las decisiones estratégicas de los diferentes gobiernos hasta, -¡En mi caso!- la derrota final.
Creo que los wargamers deberíamos aprender a ser un poco más flexibles. Diseños como el Imperial Struggle o el Nevsky han sabido incorporar ideas extraídas de los euros y adaptarlas a modelos que permiten simular aspectos concretos de la experiencia militar/estratégica. En el caso del Nevsky las dificultades logísticas de la guerra medieval -un aspecto vital de la misma, de acuerdo con toda la historiografía pero que era marginal en la mayoría de los juegos-; en el del Imperial Struggle, el equilibrio entre la producción, el comercio, el gasto militar y el esfuerzo diplomático que británicos y franceses tuvieron que conseguir para convertirse en potencias dominantes en el concierto europeo en el siglo XVIII. Ambos juegos escogen un aspecto de la realidad, que el diseñador considera que es clave para entender el pasado en el que ambienta su modelo, y lo destila hasta unos principios fundamentales que le permiten simular una parte de la realidad, pero sin ignorar que en última instancia lo que está creando es un juego.
Dicho esto, la verdad es que ni una cosa ni otra. El Imperial Struggle no es un eurogame disfrazado de wargame, pero tampoco es una simulación ni lo intenta. El objetivo de los diseñadores es -aparte de vender juegos, por supuesto- simular algunos aspectos del conflicto imperial entre Francia y Gran Bretaña en el siglo XVIII, pero sin profundizar en todos los matices de una realidad histórica tan compleja como la rivalidad franco-británica en esos cien años. Para conseguir ese objetivo han tenido que ignorar los detalles y centrarse en unos pocos elementos clave, que ellos consideran que son imprescindibles para introducir el elemento de simulación histórica en el diseño, pero sin perderse en líneas marginales que hubieran aportado poco a la experiencia lúdica y que hubieran lastrado el resultado final. Reconozco que las tres partidas -que he perdido, por cierto... pero es que últimamente ando obtuso hasta extremos inauditos- me han dejado muy buen sabor de boca, permitiéndome imaginar por momentos que era una especie de "genio familiar" de la monarquía británica o francesa que a lo largo del siglo iba condicionando las decisiones estratégicas de los diferentes gobiernos hasta, -¡En mi caso!- la derrota final.
Creo que los wargamers deberíamos aprender a ser un poco más flexibles. Diseños como el Imperial Struggle o el Nevsky han sabido incorporar ideas extraídas de los euros y adaptarlas a modelos que permiten simular aspectos concretos de la experiencia militar/estratégica. En el caso del Nevsky las dificultades logísticas de la guerra medieval -un aspecto vital de la misma, de acuerdo con toda la historiografía pero que era marginal en la mayoría de los juegos-; en el del Imperial Struggle, el equilibrio entre la producción, el comercio, el gasto militar y el esfuerzo diplomático que británicos y franceses tuvieron que conseguir para convertirse en potencias dominantes en el concierto europeo en el siglo XVIII. Ambos juegos escogen un aspecto de la realidad, que el diseñador considera que es clave para entender el pasado en el que ambienta su modelo, y lo destila hasta unos principios fundamentales que le permiten simular una parte de la realidad, pero sin ignorar que en última instancia lo que está creando es un juego.



