Hoy ha caído partidita al Antiquity. 2 jugadores. Yo abordaba mi octava partida. El otro chico era novato en el juego pero se ha traído las reglas miradas, cosa que agradezco muchísimo. Le he dado un par de consejos y, aún a sabiendas de que tenía que cometer errores y ver cosas en acción para imaginar cómo funcionan en realidad, hemos tirado de forma valiente hacia adelante.
Me apetecía probar a ganar con San Giorgio ("arrinconar" a otro jugador) ya que me parece atractivo, pero sólo me veo capaz de intentar algo así de arriesgado a 2 y con un novato. Dicho y hecho.
Me he colocado la ciudad inicial cerca de una pequeña cordillera para tener acceso rápido a piedra y construir la catedral pronto. Y así lo he hecho, ahora bien, me he encomendado a San Cristofori para ahorrarme los almacenes y con esperanza de hacer un "ronaldinho" al final... aunque Teología y la nueva catedral me costaran dos piedras más.
Mi rival se ha encomendado a Santa Bárbara una o dos rondas después de mi. Ha ido poco a poco tocando teclas y aprendiendo cosas. No lo estaba haciendo nada mal, pero la hambruna le ha empezado a colocar tumbas encima de edificios antes de construir su segunda ciudad. No sé si el hospital le ha llegado algo tarde...
He plantado y multiplicado el trigo que me ha descubierto mi explorador, acumulándolo en la catedral. Esto me ha dado por una parte ligereza con la hambruna, que apenas me ha metido tumbas, y por otra parte la gasolina necesaria para ir preparando la llegada de San "Jorgito". Variedad alimenticia no había en mi civilización, no. Todo el mundo a base de pan. Después de mi segunda ciudad, me he podido hacer los establos, obligatorios en casi cada partida para mi. Te permiten escupir mierda más lejos y encima casan perfectamente con Giorgio.
Con los caballos a tope, ya me he dedicado a ir sacando posadas acorralando al enemigo. No me ha visto venir, o no ha querido verlo. El caso es que entre él y yo hemos ido poniendo fuentes para bajar la hambruna general... cosa que a mi me ha venido de perlas porque con mi gasto de comida para hacer posadas, empezaba a flojear de cara al hambre y las tumbas. Mi ofensiva estaba planeada y no tenía vuelta atrás ni plan B. O ganar o morir en el intento. Todos mis hombres dedicados cien por cien a subirse a las tres carretillas disponibles, con su trocico de pan en la mano, para hacer posadas en cadena sin compasión. Los establos y el puerto funcionando a tope con los trabajadores restantes, a modo de sala de operaciones de semejante ataque kamikaze. Ya no había lugar, tiempo ni planes para más campesinos. Pan para hoy, hambre para mañana y muerte para todos.
Después de dedicar el último trigo a colocar la última posada necesaria, en la siguiente fase de construcción de ciudad he usado una piedra para construir Teología. Le he dedicado un precioso trabajador ,y acto seguido, he derruído mi catedral en honor a San Cristofori para usar mi última piedra disponible en esculpir mi fe a San Giorgio. Así ha acabado la ronda y he confirmado mi victoria gracias al rosario de posadas que rodeaban la zona de control del adversario.
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Nada que comentar que no sepamos ya. Increíble juego, extremadamente exigente y cruel. Me gusta todo, poniendo especial atención en la gestión del mapa, con sus tiempos y distancias. Brillante.
El juego no tiene rondas fijas ni puntos de victoria. Con ello parece que la hambruna y la polución están ahí para controlar a los jugadores y mandarles a casa de un bofetón si no consiguen ganar a la hora adecuada. En el fondo esto es una verdad a medias. Mi experiencia es justo la contraria. En realidad sí son los jugadores, con su buen hacer, los que deciden cuando acaba el juego. Si se te pone la hambruna por las nubes y el terreno fértil se acaba, puedes haberte pasado 6 horas agonizando sin que el juego te devore y sin ver ni de lejos la victoria. El juego podría evitar esto y ya me ha ocurrido varias veces. Una agonía que no recomiendo a nadie. Pero es un mal menor... Es necesario aceptar la jamada de tumbas y poner rumbo a tu santo sin mirar a los lados. Sólo así, aceptando el sufrimiento, acabará la partida tras 3-4 horas. Para ello es necesario saber jugar bien. Esta es la segunda partida en mesa que me deja con esta sensación de satisfación. De haber acabado en el momento idóneo porque he sabido manejar los tiempos y mi plan ha llegado a buen puerto.
A mi compañero de mesa también le ha gustado mucho. Ha confesado haber sufrido y reconoce que es uno de los juegos más duros que ha jugado. Al final me lo ha comparado con Catán con el tema de recolectar maderas y piedras y construir cosas... Creo que me he quedado hiperventilando unos 10 minutos, pero he intentado que no se notara mucho. Me han dado ganas de mandarlo a tomar por culo muy fuertemente pero es buen compañero de mesa, así que he decidido conservar la relación.
Me apetecía probar a ganar con San Giorgio ("arrinconar" a otro jugador) ya que me parece atractivo, pero sólo me veo capaz de intentar algo así de arriesgado a 2 y con un novato. Dicho y hecho.
Me he colocado la ciudad inicial cerca de una pequeña cordillera para tener acceso rápido a piedra y construir la catedral pronto. Y así lo he hecho, ahora bien, me he encomendado a San Cristofori para ahorrarme los almacenes y con esperanza de hacer un "ronaldinho" al final... aunque Teología y la nueva catedral me costaran dos piedras más.
Mi rival se ha encomendado a Santa Bárbara una o dos rondas después de mi. Ha ido poco a poco tocando teclas y aprendiendo cosas. No lo estaba haciendo nada mal, pero la hambruna le ha empezado a colocar tumbas encima de edificios antes de construir su segunda ciudad. No sé si el hospital le ha llegado algo tarde...
He plantado y multiplicado el trigo que me ha descubierto mi explorador, acumulándolo en la catedral. Esto me ha dado por una parte ligereza con la hambruna, que apenas me ha metido tumbas, y por otra parte la gasolina necesaria para ir preparando la llegada de San "Jorgito". Variedad alimenticia no había en mi civilización, no. Todo el mundo a base de pan. Después de mi segunda ciudad, me he podido hacer los establos, obligatorios en casi cada partida para mi. Te permiten escupir mierda más lejos y encima casan perfectamente con Giorgio.
Con los caballos a tope, ya me he dedicado a ir sacando posadas acorralando al enemigo. No me ha visto venir, o no ha querido verlo. El caso es que entre él y yo hemos ido poniendo fuentes para bajar la hambruna general... cosa que a mi me ha venido de perlas porque con mi gasto de comida para hacer posadas, empezaba a flojear de cara al hambre y las tumbas. Mi ofensiva estaba planeada y no tenía vuelta atrás ni plan B. O ganar o morir en el intento. Todos mis hombres dedicados cien por cien a subirse a las tres carretillas disponibles, con su trocico de pan en la mano, para hacer posadas en cadena sin compasión. Los establos y el puerto funcionando a tope con los trabajadores restantes, a modo de sala de operaciones de semejante ataque kamikaze. Ya no había lugar, tiempo ni planes para más campesinos. Pan para hoy, hambre para mañana y muerte para todos.
Después de dedicar el último trigo a colocar la última posada necesaria, en la siguiente fase de construcción de ciudad he usado una piedra para construir Teología. Le he dedicado un precioso trabajador ,y acto seguido, he derruído mi catedral en honor a San Cristofori para usar mi última piedra disponible en esculpir mi fe a San Giorgio. Así ha acabado la ronda y he confirmado mi victoria gracias al rosario de posadas que rodeaban la zona de control del adversario.
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Nada que comentar que no sepamos ya. Increíble juego, extremadamente exigente y cruel. Me gusta todo, poniendo especial atención en la gestión del mapa, con sus tiempos y distancias. Brillante.
El juego no tiene rondas fijas ni puntos de victoria. Con ello parece que la hambruna y la polución están ahí para controlar a los jugadores y mandarles a casa de un bofetón si no consiguen ganar a la hora adecuada. En el fondo esto es una verdad a medias. Mi experiencia es justo la contraria. En realidad sí son los jugadores, con su buen hacer, los que deciden cuando acaba el juego. Si se te pone la hambruna por las nubes y el terreno fértil se acaba, puedes haberte pasado 6 horas agonizando sin que el juego te devore y sin ver ni de lejos la victoria. El juego podría evitar esto y ya me ha ocurrido varias veces. Una agonía que no recomiendo a nadie. Pero es un mal menor... Es necesario aceptar la jamada de tumbas y poner rumbo a tu santo sin mirar a los lados. Sólo así, aceptando el sufrimiento, acabará la partida tras 3-4 horas. Para ello es necesario saber jugar bien. Esta es la segunda partida en mesa que me deja con esta sensación de satisfación. De haber acabado en el momento idóneo porque he sabido manejar los tiempos y mi plan ha llegado a buen puerto.
A mi compañero de mesa también le ha gustado mucho. Ha confesado haber sufrido y reconoce que es uno de los juegos más duros que ha jugado. Al final me lo ha comparado con Catán con el tema de recolectar maderas y piedras y construir cosas... Creo que me he quedado hiperventilando unos 10 minutos, pero he intentado que no se notara mucho. Me han dado ganas de mandarlo a tomar por culo muy fuertemente pero es buen compañero de mesa, así que he decidido conservar la relación.
. Lo que me sorprendió es que ganó el que empezó con muchos puertos, que aprovechábamos los demás. Igual jugamos bastante mal, estratégicamente hablando, pero bueno... Más bien o más mal... Nos lo pasamos genial. Por cierto, ¿En Birmingham también priorizarías desarrollo?