Leibstandarte (C) vs Weaker (R)
Comenzó Cartago, con muy buena técnica, apretando las tuercas para igualar desde el primer turno. Tomaría Iubeda y arrebataría la Cisaplina a Roma, que sólo mandó unos sacos con dineros para convencer a los Galos, lo que no sería suficiente frente a la gloria del general cartaginés y sus elefantes.
No obstante, el apoyo, fervor y patriotismo de los ciudadanos romanos turno tras turno hacía que todos quisieran combatir al invasor y no paraban de reclutarse nuevas legiones. La alianza de Numidia, pese a su rápida represión por parte de Cartago, junto a este músculo adicional con el que contaba Roma, le permitió lanzar un primer intento de conquista en tierras africanas, que, para suerte de Roma, no concluyó al final de ese mismo segundo turno. Mientras tanto Anibal en Italia iba expandiendo sus conquistas con una provincia romana más, frente a la pasividad de los Cónsules romanos que, aterrorizados por las hordas cartaginesas, no paraban de reclutar y reclutar.
El turno tercero empezaría con sorpresa. Una inesperada victoria romana en Icosium, el último baluarte que le quedaba a unas pocas legiones abandonadas a su suerte con el procónsul Nero, dejaba África expedita de tropas y generales cartagineses. No obstante, sus posibilidades no eran muchas, ya que se esperaba que Cartago se reforzase con legiones traídas desde Hispania, por lo que Nero, dejando una guarnición, abandonaría África rumbo a Sicilia, donde le aguardaban refuerzos.
Mientras tanto, Asdrubal desembarcaba en África para hacer frente a los últimos focos de resistencia romana y Ánibal, en Italia, extendía el terror conquistando Etruria.
Pese a ver su mundo caer, Roma es fuerte e impredecible y guardaba un as en la manga. Sus exploradores interceptan un mensaje enemigo en el que los Sufetes reclaman la vuelta de tropas a Cartago, que ha quedado desguarnecida tras las últimas campañas. Aprovecha Roma este hecho para mandar de nuevo a su intrépido procónsul Nero para asediar la mismísima Cartago, en un intento de golpear con fuerza el corazón del cartaginés. Pese a dos intentos, acaba el turno con un solo punto de asedio y pagando cara la estancia en tierras enemigas.
Comienza el turno cuarto y los refuerzos llegan. Comienza de nuevo el asalto a Cartago para conseguir otro punto de asedio al tiempo que el exceso de tropas en Roma permite mandar diez legiones adicionales a combatir a África. Parece tarde ya para Cartago, que acude a combatir a la desesperada a las playas Africanas, donde sufre una última derrota que fuerza su rendición.
Comenzó Cartago, con muy buena técnica, apretando las tuercas para igualar desde el primer turno. Tomaría Iubeda y arrebataría la Cisaplina a Roma, que sólo mandó unos sacos con dineros para convencer a los Galos, lo que no sería suficiente frente a la gloria del general cartaginés y sus elefantes.
No obstante, el apoyo, fervor y patriotismo de los ciudadanos romanos turno tras turno hacía que todos quisieran combatir al invasor y no paraban de reclutarse nuevas legiones. La alianza de Numidia, pese a su rápida represión por parte de Cartago, junto a este músculo adicional con el que contaba Roma, le permitió lanzar un primer intento de conquista en tierras africanas, que, para suerte de Roma, no concluyó al final de ese mismo segundo turno. Mientras tanto Anibal en Italia iba expandiendo sus conquistas con una provincia romana más, frente a la pasividad de los Cónsules romanos que, aterrorizados por las hordas cartaginesas, no paraban de reclutar y reclutar.
El turno tercero empezaría con sorpresa. Una inesperada victoria romana en Icosium, el último baluarte que le quedaba a unas pocas legiones abandonadas a su suerte con el procónsul Nero, dejaba África expedita de tropas y generales cartagineses. No obstante, sus posibilidades no eran muchas, ya que se esperaba que Cartago se reforzase con legiones traídas desde Hispania, por lo que Nero, dejando una guarnición, abandonaría África rumbo a Sicilia, donde le aguardaban refuerzos.
Mientras tanto, Asdrubal desembarcaba en África para hacer frente a los últimos focos de resistencia romana y Ánibal, en Italia, extendía el terror conquistando Etruria.
Pese a ver su mundo caer, Roma es fuerte e impredecible y guardaba un as en la manga. Sus exploradores interceptan un mensaje enemigo en el que los Sufetes reclaman la vuelta de tropas a Cartago, que ha quedado desguarnecida tras las últimas campañas. Aprovecha Roma este hecho para mandar de nuevo a su intrépido procónsul Nero para asediar la mismísima Cartago, en un intento de golpear con fuerza el corazón del cartaginés. Pese a dos intentos, acaba el turno con un solo punto de asedio y pagando cara la estancia en tierras enemigas.
Comienza el turno cuarto y los refuerzos llegan. Comienza de nuevo el asalto a Cartago para conseguir otro punto de asedio al tiempo que el exceso de tropas en Roma permite mandar diez legiones adicionales a combatir a África. Parece tarde ya para Cartago, que acude a combatir a la desesperada a las playas Africanas, donde sufre una última derrota que fuerza su rendición.

