Alerta gafapastas.
Es lógico y necesario que, si quieres hacer una simulación, debes elegir un modelo. Y para elegir un modelo, debes ceñirte a una teoría en particular, o tendrás que hacer un modelo basado en teorías varias lo que puede ser, o bien una amalgama sin sentido, o bien un trabajo científico por si mismo.
Son luego las repeticiones de la simulación (las partidas), y su comparación con la realidad o sus alternativas plausibles, lo que pretende validar el modelo. El problema, en el caso arqueológico o histórico, es que solo tenemos una realidad contra la que validar, y para mayor problema la interpretación de la misma está ligada a la propia teoría, con lo que queda en un muy interesante ejercicio intelectual.
Es lógico y necesario que, si quieres hacer una simulación, debes elegir un modelo. Y para elegir un modelo, debes ceñirte a una teoría en particular, o tendrás que hacer un modelo basado en teorías varias lo que puede ser, o bien una amalgama sin sentido, o bien un trabajo científico por si mismo.
Son luego las repeticiones de la simulación (las partidas), y su comparación con la realidad o sus alternativas plausibles, lo que pretende validar el modelo. El problema, en el caso arqueológico o histórico, es que solo tenemos una realidad contra la que validar, y para mayor problema la interpretación de la misma está ligada a la propia teoría, con lo que queda en un muy interesante ejercicio intelectual.
