Ja, ja, he probado el sábado pasado el de los patos, rápido y divertido. La pega que le encontremos es que cuando ya te han matado todos tus patos, sigues jugando y entonces sin nada ya que perder, puedes hacer de juez de la partida.
En cuanto al Colditz, su argumento es muy bueno y sugerente, y como dices Betote, deben ir todos aliados contra el alemán pero sólo uno de ellos ganará, y aquí las negociaciones entre los jugadores son la clave; si no negocian no podrán escaparse, pero después deben procurar escapar más peones que los "aliados-rivales". No recuerdo tampoco ningún otro juego con esa dinámica de victoria.
La única partida que hicimos seguro que no apliquemos correctamente alguna regla, sin embargo comprobemos que habían serias lagunas en el reglamento; si el alemán posiciona un guardia en el círculo de salida de las celdas, los de dentro ya no pueden salir y se acabó. Además de otros aspectos que ahora no recuerdo.
Supongo que la versión de Devir estará más optimizada, pero debería hacerse una extensa remodelación del reglamento, y aparte de la faena que ello comportaría, después está el problema de que algunas reglas no les gusten a algunos y a otros sí, suscitándose un debate continuo. De hecho los que lo jugaron 30 años atrás relatan que en estos casos el debate se zanjaba con una frase lapidaria: "...En mi casa se juega así..."
Yo creo que de haberlo jugado cuando tenía 16 años me habría encantado, pero actualmente tras haber jugado a muchos juegos mejores en grafismos y con unas reglas claras y sin fisuras pues...las comparaciones serán odiosas, pero contundentemente esclarecedoras.
Y todas las opiniones son respetables, tanto los que lo vean como un "truño" como los que estén encantados con él, los juegos son algo más que un cartón impreso y un puñado de fichas.
Saludos cordiales.
En cuanto al Colditz, su argumento es muy bueno y sugerente, y como dices Betote, deben ir todos aliados contra el alemán pero sólo uno de ellos ganará, y aquí las negociaciones entre los jugadores son la clave; si no negocian no podrán escaparse, pero después deben procurar escapar más peones que los "aliados-rivales". No recuerdo tampoco ningún otro juego con esa dinámica de victoria.
La única partida que hicimos seguro que no apliquemos correctamente alguna regla, sin embargo comprobemos que habían serias lagunas en el reglamento; si el alemán posiciona un guardia en el círculo de salida de las celdas, los de dentro ya no pueden salir y se acabó. Además de otros aspectos que ahora no recuerdo.
Supongo que la versión de Devir estará más optimizada, pero debería hacerse una extensa remodelación del reglamento, y aparte de la faena que ello comportaría, después está el problema de que algunas reglas no les gusten a algunos y a otros sí, suscitándose un debate continuo. De hecho los que lo jugaron 30 años atrás relatan que en estos casos el debate se zanjaba con una frase lapidaria: "...En mi casa se juega así..."

Yo creo que de haberlo jugado cuando tenía 16 años me habría encantado, pero actualmente tras haber jugado a muchos juegos mejores en grafismos y con unas reglas claras y sin fisuras pues...las comparaciones serán odiosas, pero contundentemente esclarecedoras.
Y todas las opiniones son respetables, tanto los que lo vean como un "truño" como los que estén encantados con él, los juegos son algo más que un cartón impreso y un puñado de fichas.
Saludos cordiales.

La única pero importante pega que le encontremos es que el reglamento está totalmente roto. 



se pasaron todos la orden de formar por el forro de la batuca, allí no formó ni mi abuela. Todos los que pudieron se escondieron rastreramente en rincones con círculos azules, lugares dónde mis guardias no pueden acceder. Dita sea. 
Así que mi guardia empezó a correr por el patio perseguido por el pérfido prisionero, el mundo al revés. Finalmente el prisionero dió alcance al guardia, le pegó la ostia y aquel a la celda y este al cuartel a dónde Cristo perdió la zapatilla.

Sirva añadir que en lo sucesivo cuando veo al mismo jugador salgo disparado en dirección contraria, nunca mais.
éste Horak