Hola, subo la traducción de Pueblo, juego del que ya hizo Mario uno de sus vídeos que me llevó a comprarlo de segunda mano. Poco a poco me voy animando a tener juegos más cortos que resultan más jugables que los mastodónticos que me gustan. (Y eso que por mastodóntico yo no paso de las cinco o seis horas, eh?). Es una traducción no profesional en la que serán bienvenidas las correcciones de los errores que encontréis. Incluye las reglas básicas y las versiones de demolición y avanzada.
Se trata de un juego de construcción con bloques de plástico que me interesó por lo diferente de la mecánica, ya que es "físicaâ€� en cuanto a que se construye realmente y tiene algo de rompecabezas también. En general me interesan los juegos que dan variedad de mecánicas de juego a mi colección.
El tema es una anécdota para un juego que es más bien abstracto aunque también me gustó el hecho de que siendo alemán tenga un nombre español, no es una traducción. De hecho así lo aclaran las reglas en las primeras líneas en las que hace referencia a los pueblos mejicanos amontonados y con azoteas que deben ser parecidos a los que pueden verse en Almería y otros lugares de por aquí.
Pueblo es para dos a 4 jugadores fácil de aprender y entender y algo más difícil de jugar bien. Sus autores son Michael Kiesling y Wolfgang Kramer y la partida viene a durar una hora según se juegue con las reglas más o menos largas que se proponen. Hay quien dice que tiene un cierto parecido a Torres. Yo éste no lo conozco así que no puedo opinar al respecto.
Los componentes están bien, son cómodos y duraderos si bien los bloques podrían haberse hecho en colores más agradecidos y definidos. Aquí, a diferencia de lo que pasó con Marracash en donde yo proponía unos colores discretos pero entonados entre sí y otros preferían colores parchís, nos encontramos con colores discretos pero que se dan de bofetadas entre ellos resultando un conjunto francamente feo en lo cromático.
El juego consiste en ir colocando unos bloques con forma de L tridimensional, parecidos a tretraedros encajados entre sí sobre una superficie limitada de manera que vaya creciendo en altura la construcción. Cada jugador dispone de bloques de su color y bloques de color neutro y debe intentar esconder los de color en el interior del pueblo para que no se vean desde fuera. De esta manera se va construyendo este pueblo y en cada turno se penaliza con puntos a aquél al que se le vean trozos de sus bloques de color.
El juego tiene una parte de visión espacial que me parece muy atractivo ya que es necesario imaginar cómo va a caer un bloque antes de colocarlo, qué partes quedarán a la vista, qué partes se pueden ocultar más adelante y qué bloques ajenos pueden dejarse al descubierto para perjudicar al contrario. Sin embargo para ello requiere que no se permita probar con los bloques y esta es una regla un poco molesta de aplicar. (¡Has variado la posición! ¡Pero si no lo había soltado!... etc.) Evidentemente, las estrategias son a muy corto plazo, como mucho uno espera prepararse una posición para el siguiente turno y que no se la pisen.
El las instrucciones aparecen las reglas básicas y dos variantes sencillas que ayudan a empezar poco a poco y que van complicando algo las cosas: La demolición de lo construido, que no es más que ir quitando los bloques colocados poco a poco y seguir puntuando y las reglas avanzadas que consisten en dejar libres de bloques unas casillas dificultando así la construcción en general y permitiendo que en cada partida pueda variarse el tablero de modo que no se repita.
El azar entendido como algo externo sólo aparece en el orden de juego y en el caso de las reglas avanzadas, ni siquiera ya que se subasta dicho orden en varias ocasiones. Sin embargo, el que un jugador actúe de una u otra manera influye mucho sobre la penalización que recibes.
Personalmente lo califico de juego intermedio, ni relleno ni juegazo, entretenido, una especie de rompecabezas hecho en equipo pero no cooperativo (conforme a mis últimos conocimientos adquiridos), fácil de jugar con niños y pasar el rato y más difícil de jugar bien. Me gusta y es bastante original.
Se trata de un juego de construcción con bloques de plástico que me interesó por lo diferente de la mecánica, ya que es "físicaâ€� en cuanto a que se construye realmente y tiene algo de rompecabezas también. En general me interesan los juegos que dan variedad de mecánicas de juego a mi colección.
El tema es una anécdota para un juego que es más bien abstracto aunque también me gustó el hecho de que siendo alemán tenga un nombre español, no es una traducción. De hecho así lo aclaran las reglas en las primeras líneas en las que hace referencia a los pueblos mejicanos amontonados y con azoteas que deben ser parecidos a los que pueden verse en Almería y otros lugares de por aquí.
Pueblo es para dos a 4 jugadores fácil de aprender y entender y algo más difícil de jugar bien. Sus autores son Michael Kiesling y Wolfgang Kramer y la partida viene a durar una hora según se juegue con las reglas más o menos largas que se proponen. Hay quien dice que tiene un cierto parecido a Torres. Yo éste no lo conozco así que no puedo opinar al respecto.
Los componentes están bien, son cómodos y duraderos si bien los bloques podrían haberse hecho en colores más agradecidos y definidos. Aquí, a diferencia de lo que pasó con Marracash en donde yo proponía unos colores discretos pero entonados entre sí y otros preferían colores parchís, nos encontramos con colores discretos pero que se dan de bofetadas entre ellos resultando un conjunto francamente feo en lo cromático.
El juego consiste en ir colocando unos bloques con forma de L tridimensional, parecidos a tretraedros encajados entre sí sobre una superficie limitada de manera que vaya creciendo en altura la construcción. Cada jugador dispone de bloques de su color y bloques de color neutro y debe intentar esconder los de color en el interior del pueblo para que no se vean desde fuera. De esta manera se va construyendo este pueblo y en cada turno se penaliza con puntos a aquél al que se le vean trozos de sus bloques de color.
El juego tiene una parte de visión espacial que me parece muy atractivo ya que es necesario imaginar cómo va a caer un bloque antes de colocarlo, qué partes quedarán a la vista, qué partes se pueden ocultar más adelante y qué bloques ajenos pueden dejarse al descubierto para perjudicar al contrario. Sin embargo para ello requiere que no se permita probar con los bloques y esta es una regla un poco molesta de aplicar. (¡Has variado la posición! ¡Pero si no lo había soltado!... etc.) Evidentemente, las estrategias son a muy corto plazo, como mucho uno espera prepararse una posición para el siguiente turno y que no se la pisen.
El las instrucciones aparecen las reglas básicas y dos variantes sencillas que ayudan a empezar poco a poco y que van complicando algo las cosas: La demolición de lo construido, que no es más que ir quitando los bloques colocados poco a poco y seguir puntuando y las reglas avanzadas que consisten en dejar libres de bloques unas casillas dificultando así la construcción en general y permitiendo que en cada partida pueda variarse el tablero de modo que no se repita.
El azar entendido como algo externo sólo aparece en el orden de juego y en el caso de las reglas avanzadas, ni siquiera ya que se subasta dicho orden en varias ocasiones. Sin embargo, el que un jugador actúe de una u otra manera influye mucho sobre la penalización que recibes.
Personalmente lo califico de juego intermedio, ni relleno ni juegazo, entretenido, una especie de rompecabezas hecho en equipo pero no cooperativo (conforme a mis últimos conocimientos adquiridos), fácil de jugar con niños y pasar el rato y más difícil de jugar bien. Me gusta y es bastante original.
