El tema, en mi opinión, es diferenciar cuando un juego cuesta más porque proporciona más calidad o cantidad de algo que efectivamente afecta a la experiencia de juego, y otra es cuando el precio sube por añadidos que dudosamente aportan algo al juego. La editorial del Vinhos podría perfectamente haber incluido una botella de vino cosecha del 2013 y encarecer el precio del juego 20 euros más, y seguro que habrá gente que piense "coño, una botella de ese vino que está tan rico, me lo pillo", pero realmente esa botella no aporta nada al juego y sin embargo ha encarecido el producto 20 euros. Quizá el incluir ese tipo de artículos en los juegos se vuelve el sello de identidad de la editorial, y cuando saquen un juego de quesos meten un queso y cuando hagan otro sobre Marte te meten un trozo de mineral traído de Marte.
Comercialmente han visto que sus juegos se venden más metiendo vino, queso o minerales extraterrestres en ellos, y poco a poco van subiendo sus precios porque se venden, pero posiblemente lo que está cambiando es el comprador, el que compraba sus juegos por el juego en sí, se va quedando fuera y empieza a entrar el comprador que compra sus juegos por los vinos, quesos y minerales, hasta el punto que en la editorial se den cuenta que el perfil de sus compradores actualmente no da valor al juego en sí, sino más a esos extras, y piensen ¿para qué molestarme en hacer un buen juego si al final tienen más peso los accesorios? Con lo que al final el perjudicado es el jugador que realmente juega.
Donde digo vino, queso o minerales podemos entender figuritas de medio kilo de peso, bandejas con formas varias para apoyar las cartas o tokens de primer jugador hechos de mármol de carrara o cualquier otro añadido sobreproducido de dudosa utilidad para el juego en sí. Que serán muy bonitos para quienes los valoran, pero empiezo a pensar que cada vez más compradores entran a estos juegos por los añadidos que por el juego en sí, lo cual, me temo que de seguir así, será perjudicial para nuestra afición, que son lo juegos.
Pero bueno, el tiempo dirá...
Comercialmente han visto que sus juegos se venden más metiendo vino, queso o minerales extraterrestres en ellos, y poco a poco van subiendo sus precios porque se venden, pero posiblemente lo que está cambiando es el comprador, el que compraba sus juegos por el juego en sí, se va quedando fuera y empieza a entrar el comprador que compra sus juegos por los vinos, quesos y minerales, hasta el punto que en la editorial se den cuenta que el perfil de sus compradores actualmente no da valor al juego en sí, sino más a esos extras, y piensen ¿para qué molestarme en hacer un buen juego si al final tienen más peso los accesorios? Con lo que al final el perjudicado es el jugador que realmente juega.
Donde digo vino, queso o minerales podemos entender figuritas de medio kilo de peso, bandejas con formas varias para apoyar las cartas o tokens de primer jugador hechos de mármol de carrara o cualquier otro añadido sobreproducido de dudosa utilidad para el juego en sí. Que serán muy bonitos para quienes los valoran, pero empiezo a pensar que cada vez más compradores entran a estos juegos por los añadidos que por el juego en sí, lo cual, me temo que de seguir así, será perjudicial para nuestra afición, que son lo juegos.
Pero bueno, el tiempo dirá...

