Lo normal es que no haga trampas en un juego. Si gano, gano, y si pierdo, pierdo. Ahora bien, hay dos excepciones: una, es que mi oponente sea él mismo un tramposo. A partir del momento en el que me doy cuenta de que mi oponente me está tongando doy por entendido que las reglas están de decoración y uso sus mismas triquiñuelas, a ser posible de forma muy obvia y mirándole a los ojos a ver si se atreve a decir esta boca es mía. La otra excepción es cuándo juego con uno de esos culosduros que no les importa discutir durante dos horas la interpretación de algún oscuro punto de las reglas, siempre a su favor, claro. En ese caso, y si es que no me lío la manta a la cabeza y dejo directamente la partida, suelo hacer trampas para acabar cuanto antes con mi sufrimiento y perder lo más rápido posible (debería abandonar la partida, pero no siempre disfruto de esa posibilidad, por razones que no vienen al caso)
En el resto de los casos no me importa lo suficiente ganar o perder como para tomarme la molestia de hacer trampas.
En el resto de los casos no me importa lo suficiente ganar o perder como para tomarme la molestia de hacer trampas.

