Gracias a César Frontgammon, que está adquiriendo una soltura y maestría dignas de orfebre enano con esto de los módulos de Vassal, su Rellosa Majestad y Servidor llevamos dos sábados luchando por la legitimidad al trono entre una niñata sin talento y un barbas... sin talento. Nada nuevo en nuestro país.
El módulo está genial y pronto estará listo para que comience la última fase de testeo. El juego, por otra parte, estaría ya para publicar. Pero David tiene la manía (extraña y poco común) de pulir sus juegos al detalle. Por alguna indecible perversión, no le mola sacar al mercado juegos infratesteados. El muy tiquismiquis.
Esta vez me toca ir con los divertidos, creando fuegos. Sin embargo, estoy ensayando otro acercamiento, forzando el juego en un sentido extraño: un carlista poco "leñeador" (de "leñear", es decir, repartir leña ). 1834 ha sido un año tranquilo y he decidido no castigar al ejército liberal (que empieza numeroso pero vergonzosamente incompetente). Sin llegar a ser un juego como el Hannibal, es decir, político (ya comentaré en algún momento por qué me lo parece), UGI tiene muchos componentes de control de territorio. Así que me he dedicado a levantar fortalezas en Puente la Reina y barrer el fuerte del Baztán, un incordio que si no se tiene cuidado, puede enquistarse y dar PVs al liberal. Estoy asediando Durango (Relloso, deja de leer a partir de aquí), y Estella, mi futura capital, es la siguiente en la lista. De esta forma, amén de los dos fuertes que he montado en Tolosa y Vergara, mi intención es que en la zona carlista no me tosa ni Dios, ni la Patria o ni el Rey.
Es cierto que él va avanzado en la construcción del perímetro de seguridad anti-vírico alrededor de mi zona: Valmaseda y Santoña protegen que el corona-fueros19 se extienda al oeste. No me gusta, pero si siembro en centro de fortalezas y guarniciones, más uno o dos ejércitos de respuesta, podrían llegar a ganar e incluso plantarme ante una ciudad enemiga a dar sustos (me suele gustar Bilbao, en la que sé que los estragos del asedio no provocarán ningún daño arquitectónico o cultural de envergadura).
Para distraer a los cristinos había pensado mandar una expedición de la-de-dios a "hacer las Españas", pero ha sido salir y que la Legión francesa y las mejores unidades de caballería liberales comenzasen la caza. Al menos en Valencia me he puesto a tope de hombres y recursos, lo que ha permitido que cuando se ha entablado batalla (al final, si no cambias la región, siempre te encuentran) mi expedición se retirase a Aragón muy diezmada, pero aún viva.
En el resto sigo con los deberes: el asedio a San Sebastián, ese villorrio de surferos franceses amanerados, entra ya en su segundo año, rentándome credibilidad política en forma de PVs. El ejército está casi al máximo (el liberal también, por lo tanto, y superándome 2 a 1), y tengo muchas ganas de marchar hacia Orduña para dejar mis "autopistas de montaña" despejadas para explicarle a los cristinos el concepto de "basculación central y superioridad local". Apagar los focos carlistas que han aparecido en Galicia, Valencia y Cataluña consume recursos al cristino, por lo que espero poder reorganizar mi expedición en Aragón, tierra de buena gente y mejores migas.
Veremos cómo se da el 1836.
El módulo está genial y pronto estará listo para que comience la última fase de testeo. El juego, por otra parte, estaría ya para publicar. Pero David tiene la manía (extraña y poco común) de pulir sus juegos al detalle. Por alguna indecible perversión, no le mola sacar al mercado juegos infratesteados. El muy tiquismiquis.
Esta vez me toca ir con los divertidos, creando fuegos. Sin embargo, estoy ensayando otro acercamiento, forzando el juego en un sentido extraño: un carlista poco "leñeador" (de "leñear", es decir, repartir leña ). 1834 ha sido un año tranquilo y he decidido no castigar al ejército liberal (que empieza numeroso pero vergonzosamente incompetente). Sin llegar a ser un juego como el Hannibal, es decir, político (ya comentaré en algún momento por qué me lo parece), UGI tiene muchos componentes de control de territorio. Así que me he dedicado a levantar fortalezas en Puente la Reina y barrer el fuerte del Baztán, un incordio que si no se tiene cuidado, puede enquistarse y dar PVs al liberal. Estoy asediando Durango (Relloso, deja de leer a partir de aquí), y Estella, mi futura capital, es la siguiente en la lista. De esta forma, amén de los dos fuertes que he montado en Tolosa y Vergara, mi intención es que en la zona carlista no me tosa ni Dios, ni la Patria o ni el Rey.
Es cierto que él va avanzado en la construcción del perímetro de seguridad anti-vírico alrededor de mi zona: Valmaseda y Santoña protegen que el corona-fueros19 se extienda al oeste. No me gusta, pero si siembro en centro de fortalezas y guarniciones, más uno o dos ejércitos de respuesta, podrían llegar a ganar e incluso plantarme ante una ciudad enemiga a dar sustos (me suele gustar Bilbao, en la que sé que los estragos del asedio no provocarán ningún daño arquitectónico o cultural de envergadura).
Para distraer a los cristinos había pensado mandar una expedición de la-de-dios a "hacer las Españas", pero ha sido salir y que la Legión francesa y las mejores unidades de caballería liberales comenzasen la caza. Al menos en Valencia me he puesto a tope de hombres y recursos, lo que ha permitido que cuando se ha entablado batalla (al final, si no cambias la región, siempre te encuentran) mi expedición se retirase a Aragón muy diezmada, pero aún viva.
En el resto sigo con los deberes: el asedio a San Sebastián, ese villorrio de surferos franceses amanerados, entra ya en su segundo año, rentándome credibilidad política en forma de PVs. El ejército está casi al máximo (el liberal también, por lo tanto, y superándome 2 a 1), y tengo muchas ganas de marchar hacia Orduña para dejar mis "autopistas de montaña" despejadas para explicarle a los cristinos el concepto de "basculación central y superioridad local". Apagar los focos carlistas que han aparecido en Galicia, Valencia y Cataluña consume recursos al cristino, por lo que espero poder reorganizar mi expedición en Aragón, tierra de buena gente y mejores migas.
Veremos cómo se da el 1836.





























































