Supongamos que mi odio hacia el planchado de ropa llega a unas cotas tales que me obliga a externalizar este servicio en casa, de tal manera que pago a una profesional del sector 9 euros la hora.
¿Qué estoy adquiriendo? ¿Qué estoy ganando? Me temo que las respuestas son distintas.
Por un lado, lo que adquiero es un servicio de planchado en el que voy a disponer de un producto en buen estado para usar durante el resto de la semana: la ropa.
Sin embargo, lo que gano es mucho más: gano 1 hora que no castigo mis cervicales, gano el ahorro que me supone el no tener que ir luego a un fisio a que me soluciones el problema de las cervicales, con el coste monetario añadido, que es más que esos 9 euros; gano 1 hora de mi vida que la puedo utilizar bien en jugar a juegos de mesa, o bien a ejercer de padre, o bien a irme a la piscina.
¿Qué vale más?
Ahora bien, la profesional a la que yo acudo pensará similar: "por una hora de planchado, que lo hago en un plisplas y apenas sin esfuerzo, me gano 9 eurazos".
Cambio de tercio, voy ahora a la automoción:
Neceito un coche. Está claro que si compro un Ferrari no lo necesito para ir a la finca donde tengo el ganado, para eso me compro un Suzuki Santana. Con el Ferrari no compro un coche, estoy comprando un status social. Si quero algo para viajar cómodo con la familia, igual la opción adecuada es un monovolumen. En cualquier situación el vendedor vende un vehículo (excepto en el Ferrari, que el vendedor sí sabe lo que está vendiendo), pero yo compro una 'solución' que me aporta 'valor', un valor superior a su precio; si no, no lo compro.
En el caso de los juegos de mesa, el material que compramos se reduce a un 'hardware' (cartas, dados, tablero, fichitas) bien decorado, y un 'software' (mecánicas y reglas) que funciona. Sin embargo, lo que adquirimos (que es ditinto a lo que compramos) es otra cosa: son expectativas futuras, diversión, entretenimiento, satisfacción con el uso del producto, etc...
Lo que se compra-lo que se vende viene en el ticket de compra o en la factura, marcado con su precio monetario. Lo que adquirimos es lo mismo con lo que pretendemos engañar a nuestra mujer cuando le contamos la excusa del nuevo juego. Son dos cosas diferentes.
¿Qué estoy adquiriendo? ¿Qué estoy ganando? Me temo que las respuestas son distintas.
Por un lado, lo que adquiero es un servicio de planchado en el que voy a disponer de un producto en buen estado para usar durante el resto de la semana: la ropa.
Sin embargo, lo que gano es mucho más: gano 1 hora que no castigo mis cervicales, gano el ahorro que me supone el no tener que ir luego a un fisio a que me soluciones el problema de las cervicales, con el coste monetario añadido, que es más que esos 9 euros; gano 1 hora de mi vida que la puedo utilizar bien en jugar a juegos de mesa, o bien a ejercer de padre, o bien a irme a la piscina.
¿Qué vale más?
Ahora bien, la profesional a la que yo acudo pensará similar: "por una hora de planchado, que lo hago en un plisplas y apenas sin esfuerzo, me gano 9 eurazos".
Cambio de tercio, voy ahora a la automoción:
Neceito un coche. Está claro que si compro un Ferrari no lo necesito para ir a la finca donde tengo el ganado, para eso me compro un Suzuki Santana. Con el Ferrari no compro un coche, estoy comprando un status social. Si quero algo para viajar cómodo con la familia, igual la opción adecuada es un monovolumen. En cualquier situación el vendedor vende un vehículo (excepto en el Ferrari, que el vendedor sí sabe lo que está vendiendo), pero yo compro una 'solución' que me aporta 'valor', un valor superior a su precio; si no, no lo compro.
En el caso de los juegos de mesa, el material que compramos se reduce a un 'hardware' (cartas, dados, tablero, fichitas) bien decorado, y un 'software' (mecánicas y reglas) que funciona. Sin embargo, lo que adquirimos (que es ditinto a lo que compramos) es otra cosa: son expectativas futuras, diversión, entretenimiento, satisfacción con el uso del producto, etc...
Lo que se compra-lo que se vende viene en el ticket de compra o en la factura, marcado con su precio monetario. Lo que adquirimos es lo mismo con lo que pretendemos engañar a nuestra mujer cuando le contamos la excusa del nuevo juego. Son dos cosas diferentes.
