7 de junio: Negros nubarrones se ciernen sobre Francia
Quizá algunos recordareis el párrafo final del 6 de junio, con las predicciones de lo que supondría este nuevo día. Bueno, pues ya podeis ir borrándolo de la mente. Según cae la noche, los soldados de ambos bandos sienten un fuerte ruido, distinto del de la flak o el del bombardeo naval. Momentos después, un intenso aguacero empieza a salpicarles en los cascos y armamento variado.
Un 3 en el dado del tiempo, lo que significa lluvia torrencial (la segunda peor tirada tras tormenta). Y esto tiene varias y drásticas consecuencias:
-Los aviones no despegan, con lo que el apoyo aéreo aliado a tomar viento
-Los barcos no apoyan a tierra
-Las carreteras se llenan de agua, con lo que desaparece el bono de carretera. Además, la aparición de enormes charcos provoca que los costes de movimiento aumenten en todo tipo de terrenos.
-Y lo más importante, la logística se resiente. Los distintos cuarteles divisionales empiezan a tener verdaderos problemas para contactar con sus tropas y gestionar el caos de barro y agua al que se enfrentan. Muchas de sus tropas pierden el contacto y, con ello, un tiempo precioso en estos momentos de extremada urgencia. La distancia de suministro se reduce a la mitad.
-Pero lo anterior no era lo único. El intenso oleaje hace de las playas un lugar realmente desagradable en el que la maniobrabilidad de lanchas de desembarco y toda suerte de botes es compleja. Por ello, en cada uno de los tres turnos del día desembarcará una ficha en lugar de cuatro por cada playa.
En resumen, parálisis de todas las maniobras en un momento donde el movimiento rápido es imprescindible para ambos bandos. Mal para los aliados, ya que desembarcan unidades con cuentagotas y no pueden explotar los huecos que dejan los alemanes, pero mal tambien para estos últimos, ya que sus vitales refuerzos tardarán en llegar al frente.
Quizá algunos recordareis el párrafo final del 6 de junio, con las predicciones de lo que supondría este nuevo día. Bueno, pues ya podeis ir borrándolo de la mente. Según cae la noche, los soldados de ambos bandos sienten un fuerte ruido, distinto del de la flak o el del bombardeo naval. Momentos después, un intenso aguacero empieza a salpicarles en los cascos y armamento variado.
Un 3 en el dado del tiempo, lo que significa lluvia torrencial (la segunda peor tirada tras tormenta). Y esto tiene varias y drásticas consecuencias:
-Los aviones no despegan, con lo que el apoyo aéreo aliado a tomar viento
-Los barcos no apoyan a tierra
-Las carreteras se llenan de agua, con lo que desaparece el bono de carretera. Además, la aparición de enormes charcos provoca que los costes de movimiento aumenten en todo tipo de terrenos.
-Y lo más importante, la logística se resiente. Los distintos cuarteles divisionales empiezan a tener verdaderos problemas para contactar con sus tropas y gestionar el caos de barro y agua al que se enfrentan. Muchas de sus tropas pierden el contacto y, con ello, un tiempo precioso en estos momentos de extremada urgencia. La distancia de suministro se reduce a la mitad.
-Pero lo anterior no era lo único. El intenso oleaje hace de las playas un lugar realmente desagradable en el que la maniobrabilidad de lanchas de desembarco y toda suerte de botes es compleja. Por ello, en cada uno de los tres turnos del día desembarcará una ficha en lugar de cuatro por cada playa.
En resumen, parálisis de todas las maniobras en un momento donde el movimiento rápido es imprescindible para ambos bandos. Mal para los aliados, ya que desembarcan unidades con cuentagotas y no pueden explotar los huecos que dejan los alemanes, pero mal tambien para estos últimos, ya que sus vitales refuerzos tardarán en llegar al frente.





