Bueno, ayer pude jugar la segunda partida al juego, y la verdad es que me gustó. Ahora que lo he jugado una segunda vez, le he visto algunos matices que en la primera no llegué a ver.
Por un lado, lo del tema de la practicidad del tablero, estoy de acuerdo, a veces no es cómodo ver en qué localización exacta están ubicados los bloques, y además tapan parte del tablero, y toca estar apartándolos para poder ver las cosas. Es un mal menor, pero a veces resulta incómodo y cuesta ver dónde están los castillos y los recursos. Le habrían venido bien al juego unas pequeñas "banderitas" de colores que sobresalieran verticalmente para así poder identificar los puntos importantes del mapa.
Por lo demás, la estética en general me gusta, es austera, pero viendo el juego me inspira esa ambientación japonesa.
En cuanto al juego en sí, el sistema de combate por cartas me ha gustado más ahora en la segunda partida que en la primera. Lo he visto bastante táctico, el orden en que se juegan las cartas influye, siempre tienes el riesgo de si el rival tiene un Loyalty en mano que te pueda robar un bloque, tienes que evaluar cuánto daño causar para no desperdiciar cartas, o si las puedes necesitar para una segunda batalla en ese turno, etc. Es cierto que tienes azar, porque al robar cartas te tienes que adaptar a lo que te toque, pero es que al final lo veo un juego donde es más importante saberte adaptar que de planificar una estrategia concreta y ceñirte a ella.
Tienes bastantes decisiones que tomar, a veces un combate donde vas a perder seguro te puede venir bien para soltar cartas y así poder robar más al finalizar el combate y tener la esperanza de que te toquen otras más interesantes para tus planes (o simplemente para rotar el mazo más rápidamente y que así te puedan volver otras que ya usaste). También da lugar a "farolear", no hay nada como mover esa pila de bloques hacia el enemigo y que éste piense que lo vas a arrasar cuando en realidad no tienes ni una sola carta necesaria para convertir en peligrosa esa pila. Al igual que el saber bien cómo camuflar tu líder entre los ejércitos para evitar que te lo puedan acorralar. Las entradas de refuerzos al tablero también tienen sus decisiones, ¿es mejor meter sólo un bloque para que así el rival no lo pueda ver y lo puedas meter en cualquier punto de entrada?, ¿o es preferible coger todos los de un mismo tipo pero que el rival los vea y tengan además que entrar en la localización concreta de ese Daimyo?, ¿me espero a tener más refuerzos para así sacar más de golpe en una única acción o los voy sacando poco a poco?...
Al final estás continuamente tomando decisiones y no he tenido la sensación de que hubiera ningún turno donde uno fuera en piloto automático, porque continuamente has de saber adaptarte a lo que te va tocando en mano y cómo va variando el tablero con las acciones del rival.
Respecto a la rejugabilidad, es algo que también me he preguntado, ya que la ubicación de gran parte de los bloques es fija, por lo que es posible que no sea un juego para jugar todo el rato, sino para echar partidas de vez en cuando, o si no, igual se quema con cierta rapidez, pero es sólo una suposición, ya que sólo lo he jugado dos veces. Posiblemente cambiando de rivales el juego gane rejugabilidad, ya que es fácil que cada uno planteé las cosas de manera diferente según sus propios estilos de jugar y eso le aporte más vidilla una vez uno tenga la sensación de que pueda haberlo quemado. Aunque pensándolo bien, el Ajedrez siempre tiene la misma colocación inicial, y su rejugabilidad es enorme, así que tampoco tiene por qué ser un problema necesariamente en Sekigahara.
En definitiva, me gustó en la primera partida y me ha gustado en esta segunda partida (15 meses de separación entre ellas), me parece un buen juego, no lo consideraría un juegazo en el sentido de un juego que me haya cautivado por encima de cualquier otro, pero sí un juego entretenido, diferente a los que suelo jugar y que no me importaría volverlo a jugar el mes que viene de nuevo si hay ocasión. Fácil de reglas pero con chicha, recomendable.
Por un lado, lo del tema de la practicidad del tablero, estoy de acuerdo, a veces no es cómodo ver en qué localización exacta están ubicados los bloques, y además tapan parte del tablero, y toca estar apartándolos para poder ver las cosas. Es un mal menor, pero a veces resulta incómodo y cuesta ver dónde están los castillos y los recursos. Le habrían venido bien al juego unas pequeñas "banderitas" de colores que sobresalieran verticalmente para así poder identificar los puntos importantes del mapa.
Por lo demás, la estética en general me gusta, es austera, pero viendo el juego me inspira esa ambientación japonesa.
En cuanto al juego en sí, el sistema de combate por cartas me ha gustado más ahora en la segunda partida que en la primera. Lo he visto bastante táctico, el orden en que se juegan las cartas influye, siempre tienes el riesgo de si el rival tiene un Loyalty en mano que te pueda robar un bloque, tienes que evaluar cuánto daño causar para no desperdiciar cartas, o si las puedes necesitar para una segunda batalla en ese turno, etc. Es cierto que tienes azar, porque al robar cartas te tienes que adaptar a lo que te toque, pero es que al final lo veo un juego donde es más importante saberte adaptar que de planificar una estrategia concreta y ceñirte a ella.
Tienes bastantes decisiones que tomar, a veces un combate donde vas a perder seguro te puede venir bien para soltar cartas y así poder robar más al finalizar el combate y tener la esperanza de que te toquen otras más interesantes para tus planes (o simplemente para rotar el mazo más rápidamente y que así te puedan volver otras que ya usaste). También da lugar a "farolear", no hay nada como mover esa pila de bloques hacia el enemigo y que éste piense que lo vas a arrasar cuando en realidad no tienes ni una sola carta necesaria para convertir en peligrosa esa pila. Al igual que el saber bien cómo camuflar tu líder entre los ejércitos para evitar que te lo puedan acorralar. Las entradas de refuerzos al tablero también tienen sus decisiones, ¿es mejor meter sólo un bloque para que así el rival no lo pueda ver y lo puedas meter en cualquier punto de entrada?, ¿o es preferible coger todos los de un mismo tipo pero que el rival los vea y tengan además que entrar en la localización concreta de ese Daimyo?, ¿me espero a tener más refuerzos para así sacar más de golpe en una única acción o los voy sacando poco a poco?...
Al final estás continuamente tomando decisiones y no he tenido la sensación de que hubiera ningún turno donde uno fuera en piloto automático, porque continuamente has de saber adaptarte a lo que te va tocando en mano y cómo va variando el tablero con las acciones del rival.
Respecto a la rejugabilidad, es algo que también me he preguntado, ya que la ubicación de gran parte de los bloques es fija, por lo que es posible que no sea un juego para jugar todo el rato, sino para echar partidas de vez en cuando, o si no, igual se quema con cierta rapidez, pero es sólo una suposición, ya que sólo lo he jugado dos veces. Posiblemente cambiando de rivales el juego gane rejugabilidad, ya que es fácil que cada uno planteé las cosas de manera diferente según sus propios estilos de jugar y eso le aporte más vidilla una vez uno tenga la sensación de que pueda haberlo quemado. Aunque pensándolo bien, el Ajedrez siempre tiene la misma colocación inicial, y su rejugabilidad es enorme, así que tampoco tiene por qué ser un problema necesariamente en Sekigahara.
En definitiva, me gustó en la primera partida y me ha gustado en esta segunda partida (15 meses de separación entre ellas), me parece un buen juego, no lo consideraría un juegazo en el sentido de un juego que me haya cautivado por encima de cualquier otro, pero sí un juego entretenido, diferente a los que suelo jugar y que no me importaría volverlo a jugar el mes que viene de nuevo si hay ocasión. Fácil de reglas pero con chicha, recomendable.