Hola Collymore,
lo primero que quiero decirte que no estás solo en ésto. Yo sufro también de la misma "enfermedad" que tú. Mal de muchos...
Empecé comprando un Carcassonne porque mi novia quería que hiciéramos alguna actividad juntos, como jugar a cartas o a juegos de mesa, para alejarme de los videojuegos online con mis colegotes. El caso es que aquello me flipó tantísimo que he ido in crescendo hasta tal punto que rompí a mi pareja. Me obsesioné con jugar todos los días. ¿Quién no iba a querer jugar todos los días, si es una afición flipante y súper divertida? Pues bien, ella no quería. Estaba cansada o quería relajarse haciendo otra cosa. ¿Relajarse? ¿Es que le estresaban los juegos? ¿Alguien la entiende? Pues así hasta que nos peleamos varias veces por este tema. Los juegos dejaron de ser divertidos y empezaban a ser un problema.
Por otra parte, intenté enseñarles los juegos a mis amigos de la ciudad donde vivo. Si bien alguno de ellos se mostraba receptivo al principio y venía a casa a jugar un rato... no era algo que quisieran hacer cada sábado. Ellos preferían salir de discotecas, salir de barbacoas/cervezas, ir a ver una peli y charlar a casa de alguien o, en definitiva, cualquier actividad que no implicara "pensar". Vaya, como yo mismo hasta antes de conocer los juegos. Pero joder, es imposible que echarse un Catán sea pensar. Si les sacaba birra y pedíamos comida por internet. Era una tarde-noche memorable e infinitamente mejor que salir de fiesta (humos, sueño, resaca, frío...). ¿Qué es mejor que estar sentadaos bebiendo cerveza? Sentarse a beber cerveza mientras juegas a algo. Pues no, ellos no lo veían así... Y de tanto insistirles, los rompí y me convertí en el pesao de los juegos. Venir a mi casa era sinónimo de miedo y rechazo porque sabían lo que había. Los juegos empezaron a separarme de mis amigos.
Con encuentros de familiares y gente que no conozco, jamás llevo juegos. No merece la pena. Ya conozco la reacción y prefiero ahorrarme la frustración.
A día de hoy, he pasado de juegos populares a juegos relativamente complejos, de larga duración y explicaciones tediosas para el 90% de los casuals. Mi novia, que ya es mi mujer, sigue jugando conmigo cuando quiere y tiene ganas, que es pocas veces, pero intento no presionarla para jugar. Eso sí, le sigo mostrando lo feliz que me hace que juegue conmigo... aunque a veces también nota mi rabia cuando rechaza una partida. Además, me encanta que me siga en casi todos los juegos y ninguno le parezca excesivamente complicado de aprender. Por el contrario, ha vuelto a ver bien que dedique tiempo a jugar videojuegos online con mis amigos, que es mi otra afición favorita. Menos mal. Le dejo en paz. Al fin y al cabo, es tiempo que no le estoy dando la brasa con los tableritos y las cartitas, como antaño.
Mis amigos siguen sin querer venir a jugar a casa del casado y con hijos... siguen prefiriendo salir a beber, a conciertos, de viaje, etc. Cualquier cosa mejor que un juego de mesa. Menudo coñazo eso de las cartas y los dados. Aunque, eso sí, cuando se les cruzan los cables y vienen, se lo pasan muy bien con la mayoría de los juegos (ya me preocupo de sacarles algo acorde) y les pongo siempre una cerveza en la mano, como en su amado bar. Pero luego les da pereza volver.
En este sentido me he buscado vía internet, trabajo, conocidos de amigos, etc... una serie de gente más receptiva a los juegos, con los que quedo de forma esporádica para cubrir mis necesidades lúdicas. Siempre tengo que andar mendigándoles e intentar no abusar. No conozco a nadie que quiera jugar todos los fines de semana, como yo añoro y busco. Tampoco me dejan planear "jornadas" de 4-5 tochojuegos, sino 3 horitas por la tarde para echar una partida y listo. Con esto me voy apañando y soy feliz con mis dos partiditas semanales (más o menos). Hoy en día apenas veo a mis amigos, ya no cuentan conmigo para salir, no me meten en sus grupos de whatsapp para hacer cosas... y hacen bien, porque no me interesan mucho sus aficiones y no llevo su ritmo de vida. Tengo más contacto con la gente con la que suelo quedar a jugar.
En cuanto a tu obsesión con la información, novedades, compras y pensar todo el día en los juegos, pues algo de eso hay en mi también. Me gusta hypearme con nuevos juegos, me encanta que me guste algo que no conocía, me leo reglas, veo vídeos, comento en foros, cotilleo kickstarters, etc. Por suerte, de un tiempo a estar parte me he vuelto bastante exigente y crítico con lo que entra en la estantería. Selecciono más lo que juego e infinitamente más lo que compro. Ya no me gusta todo, no me vale todo. Desecho muchos títulos y directamente prefiero ni siquiera probar otros porque no me llaman la atención. Mi prioridad es rejugar y aprovechar los juegos que tengo. Unos 42 juegos contando monstruos y fillers. Muchos los he vendido, otros apenas tengo interés en seguirlos jugando como primera opción, pero los mantengo porque me costaron 5 euros y ocupan poco espacio. Me cabe todo en 9 "cuadrados" de Kallax del Ikea.
Yo también pieso que los juegos de mesa pueden llegar a ser un problema y a veces he deseado no haberlos descubierto nunca jamás. Así que ya ves, amigo. Intenta adaptarte, no frustrarte, buscar tu nicho cómodo y disfrutar del hobby como puedas, sin obsesión ni agobios. Be water, my friend.
lo primero que quiero decirte que no estás solo en ésto. Yo sufro también de la misma "enfermedad" que tú. Mal de muchos...
Empecé comprando un Carcassonne porque mi novia quería que hiciéramos alguna actividad juntos, como jugar a cartas o a juegos de mesa, para alejarme de los videojuegos online con mis colegotes. El caso es que aquello me flipó tantísimo que he ido in crescendo hasta tal punto que rompí a mi pareja. Me obsesioné con jugar todos los días. ¿Quién no iba a querer jugar todos los días, si es una afición flipante y súper divertida? Pues bien, ella no quería. Estaba cansada o quería relajarse haciendo otra cosa. ¿Relajarse? ¿Es que le estresaban los juegos? ¿Alguien la entiende? Pues así hasta que nos peleamos varias veces por este tema. Los juegos dejaron de ser divertidos y empezaban a ser un problema.
Por otra parte, intenté enseñarles los juegos a mis amigos de la ciudad donde vivo. Si bien alguno de ellos se mostraba receptivo al principio y venía a casa a jugar un rato... no era algo que quisieran hacer cada sábado. Ellos preferían salir de discotecas, salir de barbacoas/cervezas, ir a ver una peli y charlar a casa de alguien o, en definitiva, cualquier actividad que no implicara "pensar". Vaya, como yo mismo hasta antes de conocer los juegos. Pero joder, es imposible que echarse un Catán sea pensar. Si les sacaba birra y pedíamos comida por internet. Era una tarde-noche memorable e infinitamente mejor que salir de fiesta (humos, sueño, resaca, frío...). ¿Qué es mejor que estar sentadaos bebiendo cerveza? Sentarse a beber cerveza mientras juegas a algo. Pues no, ellos no lo veían así... Y de tanto insistirles, los rompí y me convertí en el pesao de los juegos. Venir a mi casa era sinónimo de miedo y rechazo porque sabían lo que había. Los juegos empezaron a separarme de mis amigos.
Con encuentros de familiares y gente que no conozco, jamás llevo juegos. No merece la pena. Ya conozco la reacción y prefiero ahorrarme la frustración.
A día de hoy, he pasado de juegos populares a juegos relativamente complejos, de larga duración y explicaciones tediosas para el 90% de los casuals. Mi novia, que ya es mi mujer, sigue jugando conmigo cuando quiere y tiene ganas, que es pocas veces, pero intento no presionarla para jugar. Eso sí, le sigo mostrando lo feliz que me hace que juegue conmigo... aunque a veces también nota mi rabia cuando rechaza una partida. Además, me encanta que me siga en casi todos los juegos y ninguno le parezca excesivamente complicado de aprender. Por el contrario, ha vuelto a ver bien que dedique tiempo a jugar videojuegos online con mis amigos, que es mi otra afición favorita. Menos mal. Le dejo en paz. Al fin y al cabo, es tiempo que no le estoy dando la brasa con los tableritos y las cartitas, como antaño.
Mis amigos siguen sin querer venir a jugar a casa del casado y con hijos... siguen prefiriendo salir a beber, a conciertos, de viaje, etc. Cualquier cosa mejor que un juego de mesa. Menudo coñazo eso de las cartas y los dados. Aunque, eso sí, cuando se les cruzan los cables y vienen, se lo pasan muy bien con la mayoría de los juegos (ya me preocupo de sacarles algo acorde) y les pongo siempre una cerveza en la mano, como en su amado bar. Pero luego les da pereza volver.
En este sentido me he buscado vía internet, trabajo, conocidos de amigos, etc... una serie de gente más receptiva a los juegos, con los que quedo de forma esporádica para cubrir mis necesidades lúdicas. Siempre tengo que andar mendigándoles e intentar no abusar. No conozco a nadie que quiera jugar todos los fines de semana, como yo añoro y busco. Tampoco me dejan planear "jornadas" de 4-5 tochojuegos, sino 3 horitas por la tarde para echar una partida y listo. Con esto me voy apañando y soy feliz con mis dos partiditas semanales (más o menos). Hoy en día apenas veo a mis amigos, ya no cuentan conmigo para salir, no me meten en sus grupos de whatsapp para hacer cosas... y hacen bien, porque no me interesan mucho sus aficiones y no llevo su ritmo de vida. Tengo más contacto con la gente con la que suelo quedar a jugar.
En cuanto a tu obsesión con la información, novedades, compras y pensar todo el día en los juegos, pues algo de eso hay en mi también. Me gusta hypearme con nuevos juegos, me encanta que me guste algo que no conocía, me leo reglas, veo vídeos, comento en foros, cotilleo kickstarters, etc. Por suerte, de un tiempo a estar parte me he vuelto bastante exigente y crítico con lo que entra en la estantería. Selecciono más lo que juego e infinitamente más lo que compro. Ya no me gusta todo, no me vale todo. Desecho muchos títulos y directamente prefiero ni siquiera probar otros porque no me llaman la atención. Mi prioridad es rejugar y aprovechar los juegos que tengo. Unos 42 juegos contando monstruos y fillers. Muchos los he vendido, otros apenas tengo interés en seguirlos jugando como primera opción, pero los mantengo porque me costaron 5 euros y ocupan poco espacio. Me cabe todo en 9 "cuadrados" de Kallax del Ikea.
Yo también pieso que los juegos de mesa pueden llegar a ser un problema y a veces he deseado no haberlos descubierto nunca jamás. Así que ya ves, amigo. Intenta adaptarte, no frustrarte, buscar tu nicho cómodo y disfrutar del hobby como puedas, sin obsesión ni agobios. Be water, my friend.
