Yo creo que mi infancia fue, por lo que leo aquí, menos friqui en cuanto a juegos que la de la mayoría 
De peque le daba mogollón a Parchís, Brisca, Mus, Cinquillo, Chinchón y Polis y Cacos (el Hombres-Lobo en el que matabas guiñando el ojo). Algún fútbol-chapas o carreras de ídemes, todo lo más. Sí que tenía mucha afición por los libros de "elige tu propia aventura", que devoraba y releía una y otra vez.
Luego, ya cumplidos los 10-11 añitos, sí que empecé a darles a los jueguines de tablero más a menudo. Recuerdo que me flipaba el Stratego de mi primo y el Misterios de Pekín (hoy "Tras la pista en Chinatown"), del que tengo tan buenos recuerdos que ahora me da un poco de miedo revisitar por si el chasco.
Pero el que marcó el antes y el después fue sin duda HeroQuest.

De peque le daba mogollón a Parchís, Brisca, Mus, Cinquillo, Chinchón y Polis y Cacos (el Hombres-Lobo en el que matabas guiñando el ojo). Algún fútbol-chapas o carreras de ídemes, todo lo más. Sí que tenía mucha afición por los libros de "elige tu propia aventura", que devoraba y releía una y otra vez.
Luego, ya cumplidos los 10-11 añitos, sí que empecé a darles a los jueguines de tablero más a menudo. Recuerdo que me flipaba el Stratego de mi primo y el Misterios de Pekín (hoy "Tras la pista en Chinatown"), del que tengo tan buenos recuerdos que ahora me da un poco de miedo revisitar por si el chasco.
Pero el que marcó el antes y el después fue sin duda HeroQuest.