Pues sí, la única pega que le veo a este juegazo es que en el último turno el que no se juega nada puede decidir quién gana con relativa facilidad.
Supongo que ante eso lo único que se puede hacer es confiar que todo el mundo juegue con la máxima honestidad posible y sin piques estúpidos, e ir siempre a por el que va en cabeza. En este caso calamar y yo deberíamos haber ido a por makross para provocar un triple empate y así acortar la diferencia entre el ganador y nosotros, pero había prisa por acabar la partida y no hicimos bien los cálculos pertinentes.
La conclusión que yo saqué de nuevo ayer (aparte de la evidente de que la Nobleza tiene un peligro que te cagas) es que el ritmo con que se consiguen los puntos es crucial. Para lo cual, la planificación al largo plazo es fundamental.
Quitando la Nobleza y los Reformistas (gracias a que ambas pueden poner 6 influencias en el mapa de golpe con sus support boxes) las demás facciones lo tienen crudo para "atacar" de repente en una zona del mapa controlada por un oponente.
En ese sentido el Católico lo tiene más jodido de partida porque siempre va a ir en cabeza en los primeros turnos y no puede apagar todos los fuegos que se le van abriendo a la vez. Vamos, que tiene que dosificar esfuerzos "a la baja" en vez de "al alza" como el resto de jugadores.
De todas formas tengo claro que mi gran fallo fue perder Utrecht a manos de los Reformistas por un error de cálculo absolutamente tonto cuando podría haberla mantenido perfectamente uno o dos turnos más (o incluso hasta el final de la partida) evitando así los ataques reformistas en el Sur.
En cualquier caso en cada partida descubro estrategias nuevas para cada una de las facciones. Lo cual me parece que no hace sino confirmar la gran profundidad del juego.
Eso sí, aviso que en la próxima que juguemos mi venganza será terrible.
Supongo que ante eso lo único que se puede hacer es confiar que todo el mundo juegue con la máxima honestidad posible y sin piques estúpidos, e ir siempre a por el que va en cabeza. En este caso calamar y yo deberíamos haber ido a por makross para provocar un triple empate y así acortar la diferencia entre el ganador y nosotros, pero había prisa por acabar la partida y no hicimos bien los cálculos pertinentes.
La conclusión que yo saqué de nuevo ayer (aparte de la evidente de que la Nobleza tiene un peligro que te cagas) es que el ritmo con que se consiguen los puntos es crucial. Para lo cual, la planificación al largo plazo es fundamental.
Quitando la Nobleza y los Reformistas (gracias a que ambas pueden poner 6 influencias en el mapa de golpe con sus support boxes) las demás facciones lo tienen crudo para "atacar" de repente en una zona del mapa controlada por un oponente.
En ese sentido el Católico lo tiene más jodido de partida porque siempre va a ir en cabeza en los primeros turnos y no puede apagar todos los fuegos que se le van abriendo a la vez. Vamos, que tiene que dosificar esfuerzos "a la baja" en vez de "al alza" como el resto de jugadores.
De todas formas tengo claro que mi gran fallo fue perder Utrecht a manos de los Reformistas por un error de cálculo absolutamente tonto cuando podría haberla mantenido perfectamente uno o dos turnos más (o incluso hasta el final de la partida) evitando así los ataques reformistas en el Sur.
En cualquier caso en cada partida descubro estrategias nuevas para cada una de las facciones. Lo cual me parece que no hace sino confirmar la gran profundidad del juego.
Eso sí, aviso que en la próxima que juguemos mi venganza será terrible.