Agosto 1940. Bitácora del capitán:
Tras un día de navegación (4 guardias de 6 horas) nuestra pericia como marinos de la Kriegsmarine ha sido ridículamente evidenciada: hemos conseguido hundir un mercante aliado con el 88 de proa a hostia limpia (algunos marinos, de ascendencia vasca, incluso lanzaron algún canto rodado). Usar los torpedos requiere conocimientos de dibujo técnico que hace mucho tiempo eliminé de la cabeza.
Después, sorteando campos de minas, nos hemos encaminado a un cuadrante para observar el tiempo a lo Maldonado (una tarea al alcance de nuestras aptitudes). A pesar de las advertencias que nos llegaban por Enigma, hemos atravesado otro cuadrante con patrullas aéreas a plena luz del día y en superficie. Y no. Acertar a esas moscas cojoneras con el de 20 no es nada fácil. 5 miembros de la tripulación heridos, una vía de agua y el descojone de las bombillas de la sala de torpedos de popa lo han corroborado.
Con la moral baja y el submarino pidiendo ITV se nos hizo de noche: el momento de los buitres. Hicimos contacto a las 10pm con tres mercantes y un destructor de escolta. La tripulación estaba cansada para entonces, pero no podía quedarme sin el gustazo de lanzar torpedos, así que, consciente de que acertar significaría glub-glub tras la caza del destructor, me puse a calcular cómo los alcanzaría y dónde los esperaría con la banda a 90° bien desplegada para hacer tiro al pato. Con el capitán pegado al periscopio y los marineros preparados para su canto de cisne, esperé a que la marcación se redujese a 10° y la distancia a 1,5 millas. Los 15 segundos que tardó el torpedo fueron los más largos de mi vida. La alegría y recompensa moral al acertar, legendaria. El balance para la Kriegsmarine, nefasto.
Tras un día de navegación (4 guardias de 6 horas) nuestra pericia como marinos de la Kriegsmarine ha sido ridículamente evidenciada: hemos conseguido hundir un mercante aliado con el 88 de proa a hostia limpia (algunos marinos, de ascendencia vasca, incluso lanzaron algún canto rodado). Usar los torpedos requiere conocimientos de dibujo técnico que hace mucho tiempo eliminé de la cabeza.
Cada jugador dispone de 4 marineros, que son relevados por otros similares en cada cambio de guardia cada 6 horas.
Después, sorteando campos de minas, nos hemos encaminado a un cuadrante para observar el tiempo a lo Maldonado (una tarea al alcance de nuestras aptitudes). A pesar de las advertencias que nos llegaban por Enigma, hemos atravesado otro cuadrante con patrullas aéreas a plena luz del día y en superficie. Y no. Acertar a esas moscas cojoneras con el de 20 no es nada fácil. 5 miembros de la tripulación heridos, una vía de agua y el descojone de las bombillas de la sala de torpedos de popa lo han corroborado.
Desempolvad el diédrico: trazar rumbos correctos, vectores de aproximación, guardar las distancias cuando persigamos a un convoy según sea noche, mal tiempo... será capital para el Navegante.
Con la moral baja y el submarino pidiendo ITV se nos hizo de noche: el momento de los buitres. Hicimos contacto a las 10pm con tres mercantes y un destructor de escolta. La tripulación estaba cansada para entonces, pero no podía quedarme sin el gustazo de lanzar torpedos, así que, consciente de que acertar significaría glub-glub tras la caza del destructor, me puse a calcular cómo los alcanzaría y dónde los esperaría con la banda a 90° bien desplegada para hacer tiro al pato. Con el capitán pegado al periscopio y los marineros preparados para su canto de cisne, esperé a que la marcación se redujese a 10° y la distancia a 1,5 millas. Los 15 segundos que tardó el torpedo fueron los más largos de mi vida. La alegría y recompensa moral al acertar, legendaria. El balance para la Kriegsmarine, nefasto.
Y lo más importante: otead el horizonte como si no hubiese mañana (algo que, normalmente, es cierto). Enviad al fondo del Atlántico miríadas de suministros británicos. ¡Estrangulad esa petulante isla de pretenciosos pérfidos!

























