Catado el juego, se me ocurren un par (o tres) de cosas:
1. La sensación de estar construyendo una civilización es NULA: ni siquiera construir tu maravilla transmite nada, porque se hace con cartas de cualquier tipo.
2. El juego tiene muy poca interacción (estás limitado a tus vecinos) y se juega en modo autista, autogestionando tus intereses. De hecho, le pagas a tu vecino los derechos de uso de sus materias primas sin que se entere (o le importe) de qué demonios le estás hablando. Podrías muy bien decir (¡Dios no lo permita!) que has podido bajar tal carta sin pagar su precio y nadie se enteraría.
3. Es bonito.
4. Es prescindible y, en no muchas partidas, aborrecible.
1. La sensación de estar construyendo una civilización es NULA: ni siquiera construir tu maravilla transmite nada, porque se hace con cartas de cualquier tipo.

2. El juego tiene muy poca interacción (estás limitado a tus vecinos) y se juega en modo autista, autogestionando tus intereses. De hecho, le pagas a tu vecino los derechos de uso de sus materias primas sin que se entere (o le importe) de qué demonios le estás hablando. Podrías muy bien decir (¡Dios no lo permita!) que has podido bajar tal carta sin pagar su precio y nadie se enteraría.

3. Es bonito.

4. Es prescindible y, en no muchas partidas, aborrecible.




