Eso es como las canas, hay quien se las quita o se las tiñe...pero también hay a quien le gusta el aire experimentado y envejecido, lustroso y ajado que aportan. Es pura semiótica del paso del tiempo y el uso. Como un libro con sus esquinas dobladas, anotaciones, subrayados...ya no es sólo el libro, es él y tu uso de él lo que estás viendo y recordando cuando lo abres. Creo que a no ser que la tara afecte al juego en sí (una carta muy marcada, p.e.), debemos respetar los destroces. Los juegos tienen sentimientos, recordad: ¡¡él no lo haría!! lalalaaaaa
no, ¡si al final va a ser un party!)
. Lo chulo en el grupo de juego quizá sería no decir "gasto los 2 puntos de movimiento de esta carta en mover este peón a esta casilla y luego me aclimato 3 puntos" sino separar un poco las dos cartas, a modo de usarlas, fijarte en los dibujos y recrearlos un poco "Piotr se ve obligado a utilizar las cuerdas fijas pero alcanza con éxito la arista, donde descansa preparándose un té con nieve fundida, observando el laberinto de picos y valles que se presentan ante él". Quizá no así de exagerado pero bueno, más o menos jaja:) 
Y de todas formas, ¿no es acaso siempre caótica una mazmorra?