Totalmente de acuerdo en que se está viendo a los juegos como asalariados renuentes a ser productivos.
Claro, pero es que que un juego sea más amortizable o menos es, así mismo, una característica más de este a comparar como he dicho, antes y otros compañeros han repetido, con otros juegos de similares carácterísticas y cualidades. No me extraña que, además de mirar cantidad y calidad de componentes, diseño artístico, rejugabilidad, etc, etc, uno mire también como una característica más si ese juego rinde o es más o menos amortizable.
Por eso yo, a los míos, en cuanto los compro, los pongo a trabajar en la huerta, a sembrar patatas y a quitar malas hierbas, ya que no es cosa de que se pasen media vida viendo pasar a la susodicha desde su estantería sin hacer nada, por mucha obra de arte que se crean. Algunos pueden comprar un juego y guardarlo precintado en una vitrina para su embeleso contemplativo, al igual que Sheldon se horrorizaba ante la mera idea de desembalar un juguete de Star Trek, ya que, perdida su virginidad, devaluado el objeto. Pero como el pequeño Spok decía, si te compras un juguete y no juegas con el, es ilógico.
Por eso, si no juego con un juego lo suficiente, pongo a los meeples a limpiar la casa, a cocinar o lo que sea. Algún juego se queja más que otro, porque los hay más señoritos o se lo tienen más creído ("Soy un Antiquity, señor, a mi usted no puede ponerme a trabajar con un Dominion o un Agrícola y demás gandalla de ese tipo, que aún hay clases") y otros menos (Bang!: "UUUEOOOOOOOEEEOEEOOOOOOUUUUUU-OoooO!!!").
Estos juegos nuestro, no dejan de ser juguetes un pelín más complicados (en cuanto a trabajo de materia gris) que el resto de la mercadería que ruge por las grandes, medianas o pequeñas superficies, pero juguetes al fin y al cabo. Y si un juguete no se usa, pierde su razón de ser, que es enseñar, hacernos pensar y aprender cosas sobre nosotros mismos, los demás y el mundo que nos rodea.
Si lo compramos como mera obra de arte, o peor, como mero objeto decorativo, o peor aún, como inversión o incluso como objeto de coleccionismo, entonces ya estamos hablando de otros valores y, por lo tanto, de la necesidad de compararlos a otras cosas, como a un Kandinsky, un Stradivarius o un robot de hojalata de los años 50 tristemente invitrinado, y ya no podemos compararlo alegremente a otros juegos de mesa del mercado.
Conque, ni un juego es un empleado o robot en el que hemos invertido un dinero que hay que recuperar, ni debería ser un objeto virginal per saecula saeculorum. Un juego debe ser un juguete en nuestras manos para nuestro disfrute y el de nuestros compinches.
Y será considerado caro o barato en función de lo que a cada uno le salga finalmente de las meninges, mandando a hacer gárgaras cualquier razonamiento objetivo por mucho que se insista. Por mucho que se me presione, se me den argumentos razonables o incluso retorcidamente imaginativos y absurdos, da igual, si estoy convencido de que un truño de juego no vale los 5â,¬ que me quieren hacer gastar, para mi va a ser caro, así traiga un certificado manuscrito de Wallace jurando sobre la vida de Knizia que es barato.
Si alguien quiere ser objetivo y mesurado que lo sea, yo me quedo con mi subjetividad y mis creencias paganas dignas de exorcizacion y pira llameante.
Bueno, y ahora pasemos al siguiente punto del razonamiento:
B) los agujeros de gusano como posible solución al almacenaje y/u ocultación de nuestras nuevas y caras remesas de juegos......
Claro, pero es que que un juego sea más amortizable o menos es, así mismo, una característica más de este a comparar como he dicho, antes y otros compañeros han repetido, con otros juegos de similares carácterísticas y cualidades. No me extraña que, además de mirar cantidad y calidad de componentes, diseño artístico, rejugabilidad, etc, etc, uno mire también como una característica más si ese juego rinde o es más o menos amortizable.
Por eso yo, a los míos, en cuanto los compro, los pongo a trabajar en la huerta, a sembrar patatas y a quitar malas hierbas, ya que no es cosa de que se pasen media vida viendo pasar a la susodicha desde su estantería sin hacer nada, por mucha obra de arte que se crean. Algunos pueden comprar un juego y guardarlo precintado en una vitrina para su embeleso contemplativo, al igual que Sheldon se horrorizaba ante la mera idea de desembalar un juguete de Star Trek, ya que, perdida su virginidad, devaluado el objeto. Pero como el pequeño Spok decía, si te compras un juguete y no juegas con el, es ilógico.
Por eso, si no juego con un juego lo suficiente, pongo a los meeples a limpiar la casa, a cocinar o lo que sea. Algún juego se queja más que otro, porque los hay más señoritos o se lo tienen más creído ("Soy un Antiquity, señor, a mi usted no puede ponerme a trabajar con un Dominion o un Agrícola y demás gandalla de ese tipo, que aún hay clases") y otros menos (Bang!: "UUUEOOOOOOOEEEOEEOOOOOOUUUUUU-OoooO!!!").
Estos juegos nuestro, no dejan de ser juguetes un pelín más complicados (en cuanto a trabajo de materia gris) que el resto de la mercadería que ruge por las grandes, medianas o pequeñas superficies, pero juguetes al fin y al cabo. Y si un juguete no se usa, pierde su razón de ser, que es enseñar, hacernos pensar y aprender cosas sobre nosotros mismos, los demás y el mundo que nos rodea.
Si lo compramos como mera obra de arte, o peor, como mero objeto decorativo, o peor aún, como inversión o incluso como objeto de coleccionismo, entonces ya estamos hablando de otros valores y, por lo tanto, de la necesidad de compararlos a otras cosas, como a un Kandinsky, un Stradivarius o un robot de hojalata de los años 50 tristemente invitrinado, y ya no podemos compararlo alegremente a otros juegos de mesa del mercado.
Conque, ni un juego es un empleado o robot en el que hemos invertido un dinero que hay que recuperar, ni debería ser un objeto virginal per saecula saeculorum. Un juego debe ser un juguete en nuestras manos para nuestro disfrute y el de nuestros compinches.
Y será considerado caro o barato en función de lo que a cada uno le salga finalmente de las meninges, mandando a hacer gárgaras cualquier razonamiento objetivo por mucho que se insista. Por mucho que se me presione, se me den argumentos razonables o incluso retorcidamente imaginativos y absurdos, da igual, si estoy convencido de que un truño de juego no vale los 5â,¬ que me quieren hacer gastar, para mi va a ser caro, así traiga un certificado manuscrito de Wallace jurando sobre la vida de Knizia que es barato.
Si alguien quiere ser objetivo y mesurado que lo sea, yo me quedo con mi subjetividad y mis creencias paganas dignas de exorcizacion y pira llameante.
Bueno, y ahora pasemos al siguiente punto del razonamiento:
B) los agujeros de gusano como posible solución al almacenaje y/u ocultación de nuestras nuevas y caras remesas de juegos......


