Coincido contigo, calvo. La vida es una escuela de probabilidad, decía Bertrand Russell, y la forma de aprender es cometiendo errores. Pero ante los errores puedes sentirte de muchas maneras, puedes sentirte animado a corregirlos o decepcionado, y éste suele ser un estado de ánimo muy poco productivo, creo yo.
Insisto en que el problema son las expectativas. A mí el Colditz sabía que no me iba a dar más y me aburrió, pero no me decepcionó. No hay nada peor que que alguien te diga: "vas a flipar con este juego (o esta película, o este libro, o esta canción, o esta serie, o este...)", entonces es cuando te llevas el batacazo. Pero lo bueno de estos batacazos es que aprendes más deprisa sobre el peligro de esperar algo de las cosas en vez de reaccionar ante ellas. Lo ideal sería llegar a cada juego (o a cada película, o a cada libro, o a cada...) sin prejuicios y sacar tus propias conclusiones. Desde luego que comprarías juegos que luego no te gustasen, pero te ahorrarías las lamentaciones existenciales. Y también te sentirías más animado a repetir la experiencia ya que no has desarrollado aversión, y puede que al tercer intento consigas disfrutar del juego, incluso llegues a considerarlo un hallazgo.
Con estas decepciones también aprendes a apreciar en su justo valor las opiniones de según quién. Y esto no lo digo por despreciar la opinión de nadie, sino porque no todos tenemos los mismos gustos, y vale que alguien te diga: "este juego mola" para que huyas de él como de Hacienda. No por que la opinión de ese alguien no sea válida, sino porque rara vez coincide con la tuya, y en cuestión de gustos...
Insisto en que el problema son las expectativas. A mí el Colditz sabía que no me iba a dar más y me aburrió, pero no me decepcionó. No hay nada peor que que alguien te diga: "vas a flipar con este juego (o esta película, o este libro, o esta canción, o esta serie, o este...)", entonces es cuando te llevas el batacazo. Pero lo bueno de estos batacazos es que aprendes más deprisa sobre el peligro de esperar algo de las cosas en vez de reaccionar ante ellas. Lo ideal sería llegar a cada juego (o a cada película, o a cada libro, o a cada...) sin prejuicios y sacar tus propias conclusiones. Desde luego que comprarías juegos que luego no te gustasen, pero te ahorrarías las lamentaciones existenciales. Y también te sentirías más animado a repetir la experiencia ya que no has desarrollado aversión, y puede que al tercer intento consigas disfrutar del juego, incluso llegues a considerarlo un hallazgo.
Con estas decepciones también aprendes a apreciar en su justo valor las opiniones de según quién. Y esto no lo digo por despreciar la opinión de nadie, sino porque no todos tenemos los mismos gustos, y vale que alguien te diga: "este juego mola" para que huyas de él como de Hacienda. No por que la opinión de ese alguien no sea válida, sino porque rara vez coincide con la tuya, y en cuestión de gustos...
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