Hay un aforismo que viene a decir algo así como que la creatividad es el arte de copiar con estilo. No recuerdo quien lo dijo, ni siquiera si esas eran sus palabras exactas, pero la idea es interesante. No sé si os habrá sucedido también a vosotros, pero a mi es algo que me ocurre con frecuencia, cada vez más si os he de ser sincero: me pongo a leer las reglas de un nuevo juego e inmediatamente se me va el santo al cielo y empiezo a divagar acerca de cómo las mejoraría, que es lo que cambiaría y si podría aplicarlas a otro período/tema que siempre me ha llamado la atención pero que nunca he encontrado un juego que sepa representarlo como a mi me gustaría. Ha llegado a un punto en el que paso más tiempo elucubrando sobre los "como lo haría yo", que realmente jugando ¡O siquiera destroquelando fichas! En ocasiones -no muchas, pero sí algunas- he llegado a comprar un juego exclusivamente por la curiosidad que me producían sus mecánicas, no porque me interesara la temática (son los que luego termino subiendo al mercadillo mientras me pregunto por qué coño me dio por comprarlo)
En fin... supongo que también es parte de esta afición ¿Verdad?
Por supuesto, yo no soy un profesional; ni siquiera soy un aficionado con las ganas y el tiempo para llevar a puerto uno de mis "diseños". Por el momento ninguno ha pasado la etapa de "cuatro ideas a medio cocer, apuntadas en el primer trozo de papel que tengo a mano". Sin embargo, entre los profesionales hay veces que me da la impresión que no hacen más que copiarse unos a otros, en un ciclo sin final. Entre los wargamers -que es la parte de nuestra afición que a mi me llama- si quitamos a Volko Runkhe, no ha habido un diseño realmente original desde que Mark Herman (¿Fue Mark Herman? ¿Verdad?) inventó los CDG, y ya han pasado veinticinco años desde su rompedor, con todos su defectos, We the people.
Peor todavía son los que siempre sacan el mismo juego: le cambian dos fichas, el color de un cubo, le meten un meeple o dos cartas nuevas, le dan un lavado de cara -nueva portada, caja, colorines- y le ponen otro nombre y ¡Tachán! ¡Ya tenemos juegazo!... eso sí, en cuanto llevas dos turnos ¿Qué digo "dos turnos"? ¡Simplemente leyendo las reglas! y te das cuenta que ese juego ya lo has jugado antes, que de hecho lo llevas jugando toda la vida. Es como ver una comedia romántica, o una película de superhéroes: cambian la chica o los trajes, pero siempre es la misma película. Es gracioso porque una de las quejas que oigo con más frecuencia es que los jugadores estamos obsesionados por conseguir la última novedad, pero la realidad es que lo que parece que realmente nos obsesiona ¡¡Es volver a jugar al mismo juego que llevamos jugando desde que nos enteramos que existía el Risk!! (o el Catán o el que fuera que sirvió para meterte en la droga esta que nos engancha)
La pregunta es ¿Realmente es tan difícil ser creativo? O mejor dicho ¿Realmente quiere el público esa creatividad? ¿O prefiere los viejos y familiares tropos repetidos hasta la saciedad, pero con los que no arriesgas porque sabe -inconsciente o conscientemente- qué es lo que puede esperar?
En fin... supongo que también es parte de esta afición ¿Verdad?
Por supuesto, yo no soy un profesional; ni siquiera soy un aficionado con las ganas y el tiempo para llevar a puerto uno de mis "diseños". Por el momento ninguno ha pasado la etapa de "cuatro ideas a medio cocer, apuntadas en el primer trozo de papel que tengo a mano". Sin embargo, entre los profesionales hay veces que me da la impresión que no hacen más que copiarse unos a otros, en un ciclo sin final. Entre los wargamers -que es la parte de nuestra afición que a mi me llama- si quitamos a Volko Runkhe, no ha habido un diseño realmente original desde que Mark Herman (¿Fue Mark Herman? ¿Verdad?) inventó los CDG, y ya han pasado veinticinco años desde su rompedor, con todos su defectos, We the people.
Peor todavía son los que siempre sacan el mismo juego: le cambian dos fichas, el color de un cubo, le meten un meeple o dos cartas nuevas, le dan un lavado de cara -nueva portada, caja, colorines- y le ponen otro nombre y ¡Tachán! ¡Ya tenemos juegazo!... eso sí, en cuanto llevas dos turnos ¿Qué digo "dos turnos"? ¡Simplemente leyendo las reglas! y te das cuenta que ese juego ya lo has jugado antes, que de hecho lo llevas jugando toda la vida. Es como ver una comedia romántica, o una película de superhéroes: cambian la chica o los trajes, pero siempre es la misma película. Es gracioso porque una de las quejas que oigo con más frecuencia es que los jugadores estamos obsesionados por conseguir la última novedad, pero la realidad es que lo que parece que realmente nos obsesiona ¡¡Es volver a jugar al mismo juego que llevamos jugando desde que nos enteramos que existía el Risk!! (o el Catán o el que fuera que sirvió para meterte en la droga esta que nos engancha)
La pregunta es ¿Realmente es tan difícil ser creativo? O mejor dicho ¿Realmente quiere el público esa creatividad? ¿O prefiere los viejos y familiares tropos repetidos hasta la saciedad, pero con los que no arriesgas porque sabe -inconsciente o conscientemente- qué es lo que puede esperar?

