Una cosa que sí me emociona y que no recordaba: oír a mis tres hijos riéndose a carcajadas mientras se meten con su padre, los domingos cuando comemos juntos. Me da igual que ya sean adultos. Los oigo reír y para mi vuelven a ser niños.
Y esta mañana cuando mi hija me dijo que había leído unas cartas de su madre y que no había podido evitar llorar, porque de repente su madre era más que un simple recuerdo. Era una persona real, que había vivido y tenido intereses, deseos y anhelos como los suyos. Se había olvidado de ella como persona; era alguien de quien yo hablaba y que ella recordaba vagamente (a ver, que la pobre tenía doce años cuando murió su madre, así que no me sorprende)
Y esta mañana cuando mi hija me dijo que había leído unas cartas de su madre y que no había podido evitar llorar, porque de repente su madre era más que un simple recuerdo. Era una persona real, que había vivido y tenido intereses, deseos y anhelos como los suyos. Se había olvidado de ella como persona; era alguien de quien yo hablaba y que ella recordaba vagamente (a ver, que la pobre tenía doce años cuando murió su madre, así que no me sorprende)


