Respecto a la diferencia entre aleatoriedad de entrada y salida, yo creo que es importante distinguir el tipo de juego. Un juego abstracto o un juego tipo euro se caracterizan habitualmente por el efecto automático y enteramente predecible de las decisiones de los jugadores. En estos juegos, el énfasis está en el desafío a la inteligencia o la habilidad de los jugadores, que deben enfrentarse en condiciones de igualdad. Introducir incertidumbre tras las decisiones de los jugadores suele resultar poco atractivo a los aficionados a estos juegos, ya que sienten que les roba agencia y empaña la equidad que se busca.
En los juegos temáticos el énfasis no está en la competición en igualdad, sino en la ambientación y en la capacidad de simulación del juego. Quienes juegan a juegos temáticos no buscan enfrentarse en una arena mental en la que las mecánicas deben asegurar que gane el que mejor gestiona sus recursos. Quienes juegan a juegos temáticos buscan revivir las sensaciones que despiertan un libro, una película, una época histórica... En definitiva, desean protagonizar una historia. Y las buenas historias deben incluir sorpresas y giros de guion impredecibles. Por ello los juegos temáticos usan mecánicas de aleatoriedad tanto de entrada como de salida.
Para mí, los juegos de simulación histórica son un subtipo especial de juegos temáticos, en los que el objetivo es precisamente recrear un evento o un periodo concreto de la historia real o de una historia simulada. Sus requisitos son la recreación y la plausibilidad, pero un buen juego de simulación histórica debe aspirar a someter a sus jugadores a las mismas sorpresas y giros de guion que jalonaron la historia del mundo primario. Esto los hará rejugables y al mismo tiempo posibilitará el desarrollo de "historias alternativas", otro de los atractivos para los aficionados a estos juegos. Por tanto, la aleatoriedad de entrada y de salida son herramientas muy útiles para generar situaciones alternativas plausibles que sorprendan a los jugadores y reduzcan su control sobre los acontecimientos.
A su vez, yo entiendo los juegos de guerra como tipo específico de juegos de simulación histórica, cuyo objetivo es recrear un evento bélico de la historia del mundo primario, ya sea una escaramuza, una batalla, una campaña militar o una guerra. En estos juegos la aleatoriedad cumple un objetivo añadido a los anteriores: reducir el control de los jugadores. Mientras en los juegos tipo euro los jugadores habitualmente controlan y conocen todo lo que ocurre, entre los aficionados a los juegos de guerra cada vez está más extendida la idea de que los jugadores no pueden controlar el campo de batalla como dioses, sino que hay que limitar su manejo y conocimiento de lo que ocurre. Esto simula las condiciones reales de los protagonistas históricos. Por eso, a los tradicionales mecanismos de aleatoriedad de salida de los juegos de guerra (resolución de combate mediante tiradas de dados y tablas de proporción de fuerzas), cada vez más los jugadores exigen aleatoriedad de entrada, en la decisión de la iniciativa, en las mecánicas de mando y control (usando chits, por ejemplo), en la inteligencia y en la implementación de eventos históricos aleatorios que afectan a las condiciones del conflicto.
En los juegos temáticos el énfasis no está en la competición en igualdad, sino en la ambientación y en la capacidad de simulación del juego. Quienes juegan a juegos temáticos no buscan enfrentarse en una arena mental en la que las mecánicas deben asegurar que gane el que mejor gestiona sus recursos. Quienes juegan a juegos temáticos buscan revivir las sensaciones que despiertan un libro, una película, una época histórica... En definitiva, desean protagonizar una historia. Y las buenas historias deben incluir sorpresas y giros de guion impredecibles. Por ello los juegos temáticos usan mecánicas de aleatoriedad tanto de entrada como de salida.
Para mí, los juegos de simulación histórica son un subtipo especial de juegos temáticos, en los que el objetivo es precisamente recrear un evento o un periodo concreto de la historia real o de una historia simulada. Sus requisitos son la recreación y la plausibilidad, pero un buen juego de simulación histórica debe aspirar a someter a sus jugadores a las mismas sorpresas y giros de guion que jalonaron la historia del mundo primario. Esto los hará rejugables y al mismo tiempo posibilitará el desarrollo de "historias alternativas", otro de los atractivos para los aficionados a estos juegos. Por tanto, la aleatoriedad de entrada y de salida son herramientas muy útiles para generar situaciones alternativas plausibles que sorprendan a los jugadores y reduzcan su control sobre los acontecimientos.
A su vez, yo entiendo los juegos de guerra como tipo específico de juegos de simulación histórica, cuyo objetivo es recrear un evento bélico de la historia del mundo primario, ya sea una escaramuza, una batalla, una campaña militar o una guerra. En estos juegos la aleatoriedad cumple un objetivo añadido a los anteriores: reducir el control de los jugadores. Mientras en los juegos tipo euro los jugadores habitualmente controlan y conocen todo lo que ocurre, entre los aficionados a los juegos de guerra cada vez está más extendida la idea de que los jugadores no pueden controlar el campo de batalla como dioses, sino que hay que limitar su manejo y conocimiento de lo que ocurre. Esto simula las condiciones reales de los protagonistas históricos. Por eso, a los tradicionales mecanismos de aleatoriedad de salida de los juegos de guerra (resolución de combate mediante tiradas de dados y tablas de proporción de fuerzas), cada vez más los jugadores exigen aleatoriedad de entrada, en la decisión de la iniciativa, en las mecánicas de mando y control (usando chits, por ejemplo), en la inteligencia y en la implementación de eventos históricos aleatorios que afectan a las condiciones del conflicto.