Yo veo claramente que el autor, el diseñador gráfico, el productor, el editor e incluso la tienda suman (o pueden sumar, si hacen bien su trabajo) un valor añadido al producto. Pero, ¿alguien me explica el valor añadido que da el distribuidor al producto? El distribuidor clasifica, ¿almacena? y mueve las cajas de un sitio a otro. Pero eso también lo hacen los distribuidores de cualquier producto. Es decir, un distribuidor de menaje del hogar, o de charcutería (si limpia los camiones) podrían distribuir juegos. Si no es así, que alguien me ilumine, por favor. Y si es así... ¿por qué no existe la figura del "distribuidor genérico" que distribuya cualquier cosa? Podría suponer un buen ahorro de costes.
Y, siguiendo con lo anterior, puesto que opino (mientras alguien no me explique lo contrario) que el distribuidor no añade valor al producto, ¿por qué se lleva una parte tan hermosa del pastel?
Otra cosa que no comprendo es que las editoras, en muchos casos, tengan su propia distribuidora. Comprendo que así se llevan dos partes del pastel, pero si dejaran que crecieran más distribuidoras y aumentara la competencia, ellos se quitaban un problema de encima y los precios en tienda podrían bajar, ya que, por competencia, el margen de distribuidor bajaría.
Se que a mucha gente le gusta decir que el sistema no puede funcionar de otra manera, y que es así porque es así, y punto pelota, pero no muestran argumentos más convincentes. Y si realmente tienen razón, y la cosa no puede funcionar de otra manera, han de asumir que van en contra de los tiempos, y que su modelo de negocio está destinado a desaparecer si no se adaptan. Conste que me jode. Que yo quiero que haya muchas editoras, y muchos autores, y que publiquen muchos juegos y todos sean felices y coman perdices. Pero es que la sociedad tiene esa manía de evolucionar, qué le vamos a hacer, y aprovechar los medios que se le pongan delante.
Antes, cuando no había neveras eléctricas, existía la figura del vendedor de hielo. Tú le comprabas el hielo y lo metías en tu nevera no eléctrica, que lo aguantaba el tiempo que podía. Cuando se terminaba de derretir, comprabas más hielo. Pero un buen día se inventó la nevera eléctrica. Además, la electricidad empezó a llegar a las casas, de una manera más o menos económica. Así pues, la gente se dio cuenta de que podía hacerse su propio hielo en casa, de una manera más cómoda, y a la larga más barata. Los vendedores de hielo desaparecieron. No fue una cosa que ocurriera de un día para otro, desde luego, pero sucedió. Y el que no quiso verlo, pues se encontró con que cada vez vendía menos hielo y ya no le daba para vivir. Desconozco si estos vendedores de hielo intentaron prohibir el uso de neveras, o si volcaban los camiones de transporte de neveras, o si solicitaron al estado que impusiera un impuesto a las neveras para financiarles sus pérdidas. Pero, lo hicieran o no, es evidente que hoy no existen. Supongo que se terminaron por buscar la vida de otra manera. Quizá dejaron de mover hielo para mover neveras. El caso es que no hubo precisamente un colapso social, más bien al contrario. La gente era la mar de feliz con su nevera en casa. Y cuando se inventó la lavadora, ya ni te cuento. Y puede que algunos lo pasaran mal, y sufrieran por este cambio. Pero eso no detuvo el cambio. Al fin y al cabo, todos los avances y todos los cambios tienen sus víctimas, no vamos a negarlo. Pero si el grueso de la población quiere, al final no queda más remedio que aceptar ese cambio.
Y, siguiendo con lo anterior, puesto que opino (mientras alguien no me explique lo contrario) que el distribuidor no añade valor al producto, ¿por qué se lleva una parte tan hermosa del pastel?
Otra cosa que no comprendo es que las editoras, en muchos casos, tengan su propia distribuidora. Comprendo que así se llevan dos partes del pastel, pero si dejaran que crecieran más distribuidoras y aumentara la competencia, ellos se quitaban un problema de encima y los precios en tienda podrían bajar, ya que, por competencia, el margen de distribuidor bajaría.
Se que a mucha gente le gusta decir que el sistema no puede funcionar de otra manera, y que es así porque es así, y punto pelota, pero no muestran argumentos más convincentes. Y si realmente tienen razón, y la cosa no puede funcionar de otra manera, han de asumir que van en contra de los tiempos, y que su modelo de negocio está destinado a desaparecer si no se adaptan. Conste que me jode. Que yo quiero que haya muchas editoras, y muchos autores, y que publiquen muchos juegos y todos sean felices y coman perdices. Pero es que la sociedad tiene esa manía de evolucionar, qué le vamos a hacer, y aprovechar los medios que se le pongan delante.
Antes, cuando no había neveras eléctricas, existía la figura del vendedor de hielo. Tú le comprabas el hielo y lo metías en tu nevera no eléctrica, que lo aguantaba el tiempo que podía. Cuando se terminaba de derretir, comprabas más hielo. Pero un buen día se inventó la nevera eléctrica. Además, la electricidad empezó a llegar a las casas, de una manera más o menos económica. Así pues, la gente se dio cuenta de que podía hacerse su propio hielo en casa, de una manera más cómoda, y a la larga más barata. Los vendedores de hielo desaparecieron. No fue una cosa que ocurriera de un día para otro, desde luego, pero sucedió. Y el que no quiso verlo, pues se encontró con que cada vez vendía menos hielo y ya no le daba para vivir. Desconozco si estos vendedores de hielo intentaron prohibir el uso de neveras, o si volcaban los camiones de transporte de neveras, o si solicitaron al estado que impusiera un impuesto a las neveras para financiarles sus pérdidas. Pero, lo hicieran o no, es evidente que hoy no existen. Supongo que se terminaron por buscar la vida de otra manera. Quizá dejaron de mover hielo para mover neveras. El caso es que no hubo precisamente un colapso social, más bien al contrario. La gente era la mar de feliz con su nevera en casa. Y cuando se inventó la lavadora, ya ni te cuento. Y puede que algunos lo pasaran mal, y sufrieran por este cambio. Pero eso no detuvo el cambio. Al fin y al cabo, todos los avances y todos los cambios tienen sus víctimas, no vamos a negarlo. Pero si el grueso de la población quiere, al final no queda más remedio que aceptar ese cambio.
