Yo pienso que muchos de los conflictos en este hobby se suelen dar por disparidad de expectativas y por la poca flexibilidad de algunas personas. En los inicios del hobby, como bien describe el autor del hilo, al principio sólo una persona es el poseedor de juegos y se elije jugar entre su ludoteca. Aquí no hay tutía, se juega posiblemente a lo que él quiera/elija, quizá se tiene en cuenta los gustos del personal, pero a veces no necesariamente, dependiendo del anfitrión.
La evolución lógica es que los miembros del grupo se vayan metiendo en el hobby, teniendo cada cual su propia ludoteca, y como es lógico, quieren jugar a los juegos que a ellos les molan con sus amigos/grupo de juego.
Entonces aparece el conflicto: en el que quizá cada uno quiera jugar a esa novedad que se muere de ganas por estrenar. Ya todos pueden aportar variedad y proponer alternativas lúdicas.
¿Cómo vive este cambio el evangelizador lúdico?
En una quedada en la que se decide entre todos a qué se va a jugar no tiene porqué existir este conflicto. Para eso se concreta con anterioridad y las expectativas son claras. No hay frustración aquí más allá de que algún/os de los juego/s que se prueban no gusten a algún miembro.
El problema viene cuando uno se monta una película en su cabeza y, sin consultarlo con el resto del grupo, da por hecho que se va a jugar a esto y a lo otro cuando previamente se había acordado otra cosa.
Un caso diferente que veo es cuando te reúnes y no hay nada decidido de antemano. Cada uno lleva los juegos a los que le apetece jugar y se negocia entre todos. Lo sano de ésta situación es aceptar que quizá los juegos que llevaste (todos o alguno) no vean mesa en esa quedada porque la mayoría se decantó por otra opción. Pero para eso se negocia. Hoy cedo yo y mañana cedes tú/vosotros, y todos tan felices.
Será por días, será por juegos.
Pd. este análisis parte de la base de que queremos mantener el mismo grupo de juego.
La evolución lógica es que los miembros del grupo se vayan metiendo en el hobby, teniendo cada cual su propia ludoteca, y como es lógico, quieren jugar a los juegos que a ellos les molan con sus amigos/grupo de juego.
Entonces aparece el conflicto: en el que quizá cada uno quiera jugar a esa novedad que se muere de ganas por estrenar. Ya todos pueden aportar variedad y proponer alternativas lúdicas.
¿Cómo vive este cambio el evangelizador lúdico?
En una quedada en la que se decide entre todos a qué se va a jugar no tiene porqué existir este conflicto. Para eso se concreta con anterioridad y las expectativas son claras. No hay frustración aquí más allá de que algún/os de los juego/s que se prueban no gusten a algún miembro.
El problema viene cuando uno se monta una película en su cabeza y, sin consultarlo con el resto del grupo, da por hecho que se va a jugar a esto y a lo otro cuando previamente se había acordado otra cosa.
Un caso diferente que veo es cuando te reúnes y no hay nada decidido de antemano. Cada uno lleva los juegos a los que le apetece jugar y se negocia entre todos. Lo sano de ésta situación es aceptar que quizá los juegos que llevaste (todos o alguno) no vean mesa en esa quedada porque la mayoría se decantó por otra opción. Pero para eso se negocia. Hoy cedo yo y mañana cedes tú/vosotros, y todos tan felices.
Será por días, será por juegos.
Pd. este análisis parte de la base de que queremos mantener el mismo grupo de juego.


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