Yo creo que el impacto en los sistemas "a media escala" va a ser nimio, por extraño que parezca. Me explico.
A pequeña escala, en las unidades familiares, sin duda va a haber cambios muy jodidos. No quiero dejar de lado a los muchos miles de familias que van a perder a alguno de sus miembros con esta pandemia, pero no me refiero a ellas: todas las familias pierden miembros de forma más o menos regular y todos aprendemos a vivir con ello, mejor o peor. Me refiero especialmente a aquellas familias que van a perder sus fuentes de ingresos principales (o todas, vaya). Familias con niños y sin los medios para criarlos, familias en alquiler que no puedan pagarlo, etc. La sociedad, a pequeña escala, lo va a pasar mal.
A gran escala, la geopolítica mundial se encuentra sin duda en un punto de inflexión. El impacto del virus solo empieza a notarse en EEUU, le queda muchísimo camino por recorrer allí y si nuestras reacciones han sido lentas las suyas han sido inexistentes. Unido a un sistema de salud pública desaparecido y a su forma de gestionar los temas sanitarios, EEUU puede afrontar una auténtica catástrofe humanitaria que deje el impacto del virus en Europa a la altura del betún. Ya veremos cómo sale todo allí. Mientras, China hace esfuerzos para posicionarse como primera potencia mundial al salir de esto: el impacto en su sociedad ha sido mínimo, su gestión ha sido alabada por numerosos países occidentales (sí, sé que hay muchas reflexiones en contra de esto, pero sigue ocurriendo) y su economía se va a ver probablemente menos afectada que muchas otras. Con la cesión de médicos a países europeos y sus avances en la búsqueda de una vacuna, perfectamente puede salir de este escenario liderando el mundo.
Sin embargo, a media escala, pensando por ejemplo a nivel nacional... dudo que vaya a haber cambios significativos tras esto. Por varias razones. La primera es que las familias y empresas realmente afectadas bastante van a tener con intentar salir del hoyo como para exigir cambios políticos. Es muy difícil pensar en global cuando cada día es una lucha por salir adelante. Mientras, la clase media que saldrá de esto tocada pero con su capacidad de supervivencia intacta hará lo que hacemos los humanos para superar los traumas: olvidar todo lo posible e intentar cambiar el chip cuanto antes a una vida agradable, con o sin cambios frente a su vida pre-Covid-19, pero desde luego no centrada en la crisis que han pasado. No quita que sean quienes vayan a pedir más responsabilidades a los poderes fácticos, pero los españoles no somos precisamente famosos por ser reinvindicativos. Armaremos bulla unos días, nos darán dos tonterías y querremos seguir con nuestras vidas, salir a las terrazas a tomar cañas e irnos de vacaciones en la medida en que vayamos a poder pagarlas. Y a la clase social a quienes esto apenas supone un contratiempo les conviene mantener el statu quo, así que seguirán haciendo presiones y moviendo hilos como han hecho siempre para que nada cambie.
Es una auténtica lástima, porque esto evidencia muchas cosas acerca del sistema capitalista en el que nos encontramos inmersos y es una llamada de atención brutal para cambiar la forma de funcionar y replantearnos las prioridades a nivel estatal. Pero no va a pasar, porque no vamos a tener la fuerza para buscar activamente ese cambio tras pasar esto: unos por tener que recuperarse y otros por no querer revivirlo, tendremos otras cosas en la cabeza y volveremos a pasar de la política y del sistema socioeconómico que tenemos montado. Y la vida seguirá igual, con menos gente y la que quede más jodida, pero igual.
A pequeña escala, en las unidades familiares, sin duda va a haber cambios muy jodidos. No quiero dejar de lado a los muchos miles de familias que van a perder a alguno de sus miembros con esta pandemia, pero no me refiero a ellas: todas las familias pierden miembros de forma más o menos regular y todos aprendemos a vivir con ello, mejor o peor. Me refiero especialmente a aquellas familias que van a perder sus fuentes de ingresos principales (o todas, vaya). Familias con niños y sin los medios para criarlos, familias en alquiler que no puedan pagarlo, etc. La sociedad, a pequeña escala, lo va a pasar mal.
A gran escala, la geopolítica mundial se encuentra sin duda en un punto de inflexión. El impacto del virus solo empieza a notarse en EEUU, le queda muchísimo camino por recorrer allí y si nuestras reacciones han sido lentas las suyas han sido inexistentes. Unido a un sistema de salud pública desaparecido y a su forma de gestionar los temas sanitarios, EEUU puede afrontar una auténtica catástrofe humanitaria que deje el impacto del virus en Europa a la altura del betún. Ya veremos cómo sale todo allí. Mientras, China hace esfuerzos para posicionarse como primera potencia mundial al salir de esto: el impacto en su sociedad ha sido mínimo, su gestión ha sido alabada por numerosos países occidentales (sí, sé que hay muchas reflexiones en contra de esto, pero sigue ocurriendo) y su economía se va a ver probablemente menos afectada que muchas otras. Con la cesión de médicos a países europeos y sus avances en la búsqueda de una vacuna, perfectamente puede salir de este escenario liderando el mundo.
Sin embargo, a media escala, pensando por ejemplo a nivel nacional... dudo que vaya a haber cambios significativos tras esto. Por varias razones. La primera es que las familias y empresas realmente afectadas bastante van a tener con intentar salir del hoyo como para exigir cambios políticos. Es muy difícil pensar en global cuando cada día es una lucha por salir adelante. Mientras, la clase media que saldrá de esto tocada pero con su capacidad de supervivencia intacta hará lo que hacemos los humanos para superar los traumas: olvidar todo lo posible e intentar cambiar el chip cuanto antes a una vida agradable, con o sin cambios frente a su vida pre-Covid-19, pero desde luego no centrada en la crisis que han pasado. No quita que sean quienes vayan a pedir más responsabilidades a los poderes fácticos, pero los españoles no somos precisamente famosos por ser reinvindicativos. Armaremos bulla unos días, nos darán dos tonterías y querremos seguir con nuestras vidas, salir a las terrazas a tomar cañas e irnos de vacaciones en la medida en que vayamos a poder pagarlas. Y a la clase social a quienes esto apenas supone un contratiempo les conviene mantener el statu quo, así que seguirán haciendo presiones y moviendo hilos como han hecho siempre para que nada cambie.
Es una auténtica lástima, porque esto evidencia muchas cosas acerca del sistema capitalista en el que nos encontramos inmersos y es una llamada de atención brutal para cambiar la forma de funcionar y replantearnos las prioridades a nivel estatal. Pero no va a pasar, porque no vamos a tener la fuerza para buscar activamente ese cambio tras pasar esto: unos por tener que recuperarse y otros por no querer revivirlo, tendremos otras cosas en la cabeza y volveremos a pasar de la política y del sistema socioeconómico que tenemos montado. Y la vida seguirá igual, con menos gente y la que quede más jodida, pero igual.

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