Cita de: madelcampo en 22 de Diciembre de 2016, 20:55:34
La verdad no "está ahí fuera", en toda esa inmensidad de tiempo y de espacio. Está en lo más inmediato. En nosotros mismos, en el misterio de nuestra vida, nuestro ser, nuestra consciencia, nuestra voluntad, nuestro deseo, nuestro dolor y nuestro placer. Un misterio al que jamás puede accederse mediante nuestro conocimiento, limitado por evolución a las necesidades vitales como especie y que ni siquiera nos sirve para llegar a la comprensión última de los fenómenos más simples, como entender qué es una fuerza, por qué algo, una partícula, se mueve, interacciona, atrae a otra, o qué es en realidad el tiempo o el espacio. Y de esta insuficiencia intrínseca del conocimiento, surge la necesidad metafísica del ser humano, que desemboca en las religiones (tan criticadas por Sagan), ante el sentir inconsciente de que hay y siempre habrá un misterio en la vida.
Nos cuesta darnos cuenta de que hace sólo un siglo no teníamos todavía ni idea de qué había más allá de las nubes sobre nuestras cabezas. Ni de lo que era el átomo, con el que todo está hecho. Qué eran las estrellas? Era el Sol una de ellas? Por qué nos ilumina? Cuánto tiempo más podrá hacerlo? Tuvo el Universo un inicio? Tendrá un final? Cómo los átomos del sistema solar dieron lugar a seres vivos? Puede haber otros seres vivos "ahí afuera"? Podríamos contactar con ellos? Es un privilegio formar parte de las primeras generaciones de nuestra especie (y de todas las que nos han precedido) que han podido romper las barreras tecnológicas, y las metafísicas que nos decían que la verdad no está ahí fuera, para ir ahí fuera y responder a casi todas esas preguntas.
En su libro, Christophe Galfard hace una comparación interesante con los dinosaurios. A pesar de que reinaron sobre la Tierra mucho más tiempo que nosotros, y con mucha más autoridad, no fueron capaces de evitar su destrucción porque no tenían ni idea de lo que había más allá. Nosotros somos más fuertes, y es nuestra capacidad de buscar respuestas (no fantasías ni elucubraciones) lo que nos da esa fuerza. Si un día otro asteroide se acerca a la Tierra, sabremos lo que es, podremos predecir su trayectoria, seremos capaces de desviarlo.
Aunque el libro no me ha enseñado nada nuevo, me ha gustado el optimismo que transmite haciendo hincapié en todo lo que hemos llegado a saber en las pocas decenas de años que nos preceden. En contra de los agoreros que venden generalidades como que aún no somos capaces de comprender los fenómenos más simples. Somos capaces. Sabemos que el Sol nos ilumina 'quemando' su Hidrógeno, sabemos que se le acabará dentro de 5.000 millones de años, sabemos que para entonces tendremos que haber aprendido a viajar a otras estrellas. Hace 100 años nadie sabía esto, ni era capaz de filosofar sobre ello.
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