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jainibe

Imperial Elegy: The road to the Great War 1850-1920 (primeras impresiones)

Este post no pretende ser una reseña como las que habitualmente me gusta escribir, sino una pincelada sobre este juego, Imperial Elegy: The road to the Great War 1850-1920 (El camino hacia la Gran Guerra 1850-1920), recién publicado por la editorial alemana Vuca Simulations.

El juego, publicado en inglés, lo conocí porque la editorial estuvo en Batalladores 2025, vendiendo casi todos los ejemplares que trajeron a pesar de su elevado precio (120 euros) y he jugado de momento sólo una partida y media, pero es un juego que me ha sorprendido gratamente, lo que me ha animado a escribir estas líneas.

Lo que plantea Imperial Elegy: The road to the Great War 1850-1920 es que los jugadores se pongan en la piel de las seis potencias de ese periodo histórico que media entre 1850 y 1920. Tiene tres escenarios principales, dependiendo de la fecha de inicio (1850, 1870 y 1880), otros tres secundarios consistentes en jugar cualesquiera de los escenarios anteriores, pero sin realizar los turnos propios de la Gran Guerra -lo simplifica haciendo un recuento de puntos de victoria-, y tres posibles escenarios para jugar sólo la Gran Guerra, de los que el propio autor reconoce que prácticamente no se han probado y por tanto pueden estar desequilibrados.

El periodo que plantea el juego es absolutamente convulso: la revolución industrial está en su momento álgido, empiezan los grandes movimientos obreros, las grandes potencias se discuten el control de las colonias en Africa, Oriente Medio, Asia y América. Alemania aún no está unificada, al igual que Italia. Las guerras Civil Americana, la de los boxers en China, los bóeres en Sudáfrica y la franco-prusiana están a punto de estallar. El canal de Suez y el Transiberiano ruso están aún sin construir, y los Balcanes son un polvorín, con las distintas nacionalidades búlgara, serbia, bosnia, rumana y macedónica tratando de escapar del yugo otomano para obtener su independencia, pero notando las presiones rusas y austrohúngaras.
 





El tablero muestra un mapa principal, que comprende Europa y Turquía, y seis submapas: América del Norte, Asia, Norte de Africa y Oriente Medio (dos submapas), Africa y el Pacífico Central, conectados entre ellos por cajas de mares y océanos, que permiten el desplazamiento de las flotes, ejércitos y fuerzas expedicionarias de los jugadores.

En el mapa hay cuatro tipos de localizaciones: las que tienen forma de estrella de ocho puntas, que son las capitales; las cuadradas, que dan ventajas y puntos a sus poseedores; las redondas, de las que no se obtiene más beneficios que permitir las líneas de comunicación; y las representadas por un velero, que son pequeñas islas o espacios de poca superficie (como Gibraltar). Todas estas localizaciones pueden tener tres colores: el de una nación mayor de uno de los seis jugadores, el de una nación menor (que no juega por sí, pero puede ser manejada por otro jugador si es su aliada) o ser morada, que indica un lugar donde puede acudir una nación a “pacificarla”, o sea, a hacerla colonia propia.

La conexión entre espacios es punto a punto, por conexiones normales (una recta), de montaña (una recta dividida en segmentos) o de larga distancia (dividida en segmentos y de color rojo).

Igualmente aparecen en el mapa nueve cajas de mares y océanos, identificados con un ancla de determinado color, que se corresponden a los que aparecen en los puertos desde los que el jugador puede acceder a esa caja con sus flotas.

Las seis potencias mayores son Reino Unido, Francia, Alemania, Austro-Hungría, Rusia y el imperio Otomano, que serán llevadas por un jugador. Cada una de ellas tiene un tablero personal que contabiliza su estabilidad política, su población, su nivel de industrialización, los espacios cuadrados que controla (distinguiendo entre territoriales y coloniales), añadiendo el tablero austrohúngaro un marcador de concesión de nacionalidades o ciudadanía a los espacios de los Balcanes. Lógicamente, cuando mayor espacio ocupe cada uno de los tracks, mejor le irá a cada potencia. Al mismo tiempo, en ese tablero se colocarán los ejércitos de reserva creados, así como diversos marcadores de hitos conseguidos que le darán determinadas ventajas como modificar su mano de cartas, conseguir puntos de victoria, marcadores negativos, etc.

Esa lucha soterrada entre los jugadores se nota también en los Flash Points, que ocupan otra caja en el tablero y modifican la mano de cartas. Se comprueban al terminar cada turno, ya que pueden ir cambiando de dueño a lo largo de la partida. La mayoría está referida al control de zona de especial conflicto, que se marcan en el tablero rayando el espacio en rojo.

Hecha esta somera introducción (seguro que me he dejado algo en el tintero, por la propia vastedad del juego), he de decir que Imperial Elegy tiene algo de Here is Stand: es un car driven, se van metiendo cartas en cada decenio, el mapa es punto a punto, las cartas se pueden jugar por los puntos o por evento, hay eventos obligatorios -mandatory- que hay que jugar antes que los puntos de acción, hay diplomacia -tanto haciendo acciones para conseguir alianzas con países menores, como adquiriendo el compromiso de jugar determinadas cartas en favor de un jugador o de no jugar las que perjudican- (aquí estás obligado a cumplir la palabra dada), etc.

Y hay al mismo tiempo un tablero para conocer qué posición tienen las seis grandes potencias (e Italia, si se unifica) entre sí. O sea, sin son aliadas, próximas a una alianza o neutrales. Las consecuencias de los movimientos en dicho tablero, que se realizan al terminar el turno (o cuando lo orden una carta), se transponen al track de alianzas que hay en el tablero principal, donde los países se van moviendo entre la Triple Alianza o la Triple Entente. Para evitar demasiado desequilibrio, en cada alianza sólo caben tres contendientes. Si quieres meterte en una alianza o sacar de ella a alguien, deberás gastarte puntos operaciones, para tener más probabilidades de conseguirlo al lanzar los dados al final del turno.

Otro track del tablero, debajo del marcador de turnos, nos va indicando el valor de la tensión mundial, que baja uno al final de cada turno (gran parecido a lo que ocurre en Twilight Struggle), sube por efecto de las cartas que se juegan o por las declaraciones de guerra, y que si llega a 5 provoca el inicio de la Gran Guerra.

Una vez que esta se declara, se termina la parte ordinaria del juego, se saca un nuevo tablero (el juego tiene cartón para aburrir) para representar la población de los contendientes (manpower) porque esta limita el número de ejércitos que pueden construirse, y se empieza a jugar la guerra de acuerdo con el orden de iniciativa de cada jugador. En este momento, las alianzas dependerán de cómo se encuentra el track, que puede ser absolutamente antihistórico, como nos pasó a nosotros en nuestra primera partida, donde Alemania y el Imperio Otomano formaban parte de la Triple Alianza, luchando contra Rusia, Francia y Austro-Hungría, que formaba la Triple Entente, con Reino Unido de neutral. La neutralidad una vez iniciada la Gran Guerra impide que te atacan pero tu tampoco puedes hacerlo.

Lo peculiar del juego (y ahí vuelven los parecidos con HiS) es que cada país tiene dos cartas natales, de las que debe elegir una para cada ronda (puede ser siempre la misma), que cada contendiente tiene cosas únicas que le dan puntos (como la construcción del Transiberiano por el ruso o hacer de París la Ciudad de la Luz para el francés). Al mismo tiempo, en los turnos impares se roba al azar tres cartas entre las ocho de objetivos que tiene cada potencia, eligiendo una por turno que debe cumplirse al acabar el juego para obtener nuevos puntos de victoria.

La mano de cada jugador tiene un mínimo de tres cartas, pero el avanzar en los tracks del tablero personal o la consecución de objetivos y flash Ponts puede hacer que en alguna ronda haya jugadores con ocho o más cartas.

En cada ronda, los jugadores juegan una sola carta, bien por el evento, bien por los puntos, bien por ambas cosas en los casos de evento obligatorio (que pueden perfectamente perjudicar a uno mismo). Y con esos puntos, los contendientes pueden reclutar tropas, construir buques o moverlos, colocar influencia o diplomacia, o eliminar influencia o diplomacia de otro jugador, influir en una gran potencia (se hace en el tablero externo de alianzas), aliarte con una potencia menor, eliminar la alianza de una potencia menor con otro jugador, construir o mover una fuerza expedicionaria, pacificar un espacio “colonial”, construir fuertes o subir su nivel de fuerza, subir la industrialización de tu potencia, redesplegar tus tropas, hacer una batalla terrestre contra rebeldes (puede ocurrir que un espacio esté controlado por ti pero una carta te haya metido unos rebeldes con los que debes acabar o el espacio no te contará a nivel de puntos) o declarar la guerra a alguien.

Como las cartas son de 1 a 4 puntos (de 4 sólo he visto una de momento), el juego permite hacer “cadenas de cartas” para juntar los que necesitas, lógicamente con ciertas restricciones (como en la regla opcional de For the People).

Todas estas posibilidades abren un abanico de acciones que hacen de este juego un “inquemable”, pues es imposible que se repitan las mismas situaciones por muchas veces que juegues. Al mismo tiempo, te obligan a tomar decisiones sobre como conducir tu potencia, si te interesa tener un ejército fuerte y tratar de provocar la guerra, o si es preferible tratar de mantenerte neutral y dedicarte a expandir tus espacios coloniales, si ayudar a Italia a unificarse para fastidiar a franceses y austrohúngaros, etc. En definitiva, e igual que pasaba con HiS, cada acción tuya puede provocar un cambio de planes de los demás jugadores o viceversa, y acabar declarándose la Gran Guerra que tanto te has empeñado en evitar.

No sé si después de jugar unas cuantas partidas retomaré este hilo para completar cosas, pero si que debo deciros que este juego me parece una llegada de aire fresco sobre un periodo que está poco tratado, y nunca, que yo sepa, de manera global. Las cartas te sumergen en ese periodo convulso, perfectamente reflejado. Francia, por ejemplo, empieza con Napoleón III en el Segundo Imperio, pero si pierde una guerra o su estabilidad baja a 1, se proclama de manera inmediata la Tercera República. Y lo normal es que eso ocurra, porque una de las cartas natales de Alemania, la de Otto von Bismarck, permite declarar una guerra de unificación, que supone tratar de arrebatar a Francia la provincia de Alsacia-Lorena.

Mi opinión, lógicamente subjetiva de Imperial Elegy, es que estamos ante un juegazo que sólo tiene dos peros: que está editado sólo en el idioma de Shakespeare (¡qué mal lo pasamos los que no dominamos esta lengua!  ???), y que necesitas un club para jugar (o muchos amigos jugones y que tu pareja no te eche de casa cuando vea que llevas tres días con el juego ocupando la mesa del salón).