Agatha Christie, la duquesa del crimen (100 formas de matar por envenenamiento)

Agatha Christie

Agatha Christie fue una maestra del crimen. Persistió en su vocación de escritora adoptando cada circunstancia de su vida como fuente de inspiración para armar una ficción. Su trabajo de enfermera responsable de toxicología que tomó durante ambas guerras mundiales le proporcionó elementos para urdir fatales envenenamientos.

Si bien es cierto que a pesar de que en cualquier libro de toxicología hallaremos que el veneno puede administrarse por distintos conductos, y formas, la novelista era una maestra en saber administrarlo de la forma más creativa. Junto al típico envenenamiento por arsénico, y los más refinados por nicotina, aconitina, cianuro, etc., se puede inhalar el tóxico, o bien ser administrado en inyección, mezclado con el tabaco de un cigarrillo, o en una crema de afeitar o de belleza… Dice la leyenda, con más o menos fundamento, que el apuesto caballero español Juan de Austria murió por el veneno que impregnaba sus ropas. Si se añadimos a esto la inoculación de virus o bacterias, tenemos todo un muestrario de formas de matar por envenenamiento. He aquí la lista completa de todas las formas que utilizó la duquesa del crimen en sus novelas:

HeroinVeneno por la boca:

Envenenamiento por estricnina.
Envenenamiento en el café.
Otro envenenamiento.
Somníferos en el whisky.
Estricnina en una botella de vino (Hidrocloruro de morfina, soluble).
Atropina en un vaso de agua.
Cambio del frasco de sales por cianuro potásico.
Digitalina (hierbas de dedalera).
Cianuro potásico (suicidio frustrado).
Envenenamiento paulatino con arsénico. Luego, en forma fulminante con estricnina.
Ocho gramos de morfina en la cerveza.
Nicotina en un combinado.
Nicotina en el oporto.
Veneno en bombones.
Acido hidrociánico en un refresco.
Sustitución del jarabe de higos por tinte de sombrero.
Sustitución de agua por corrosivo.
Estrofantina, que ataca al corazón, en ginebra rosa.
Fósforo.
Cianuro potásico.
Cloral.
Estricnina en unas ostras.
Cianuro potásico en el champán.
Simulación de gastritis aguda.
Barniz de sombreros (ácido oxálico).
Hidrocloruro de morfina en el té (aparentemente, en un emparedado).
Conicina en la cerveza (hidrocloruro de conicina, extraído de la cicuta).
Cianuro.
Cianuro en el champán.
Vino emponzoñado.
Envenenamiento lento.
Con arsénico.
Sustituyendo sellos para dormir por arsénico.
Con arsénico, varios.
Sustitución de insulina poreserina para los ojos.
Digitalina en el chocolate.
Sustitución de pastillas de aspirina por veneno.
Cocaína.
Ptoína.
Envenenamiento fingido con arsénico.
Toxina en el café.
Cianuro en el té.
Morfina.
Envenenamiento de una mujer alcohólica.
Envenenamiento de la propia madre.
Con arsénico.
Con pastillas de acónito.
Con talio, varios.
Sedante en un «daikiri».
Simulado con arsénico en el café.
Hidrato de cloral.
Cianuro dentro de una cápsula contra la alergia.
Por accidente, con una cápsula contra la alergia.
Veneno en el chocolate.
Morfina en un vaso de leche.
Leche envenenada.
Digital.
Arsénico.
Morfina.
Cianuro de potasio en la cerveza.
Varios.

(En cuanto a la nicotina. Mis. Christie nos dice que «el alcaloide puro es un líquido inodoro y bastan unas gotas de él para matar a un hombre casi instantáneamente.. Sin embargo, se emplea para usos comunes. En solución, se usa para regar los rosales»).

También demuestra conocer los antídotos: «… una solución de bicarbonato de sosa, y una dosis de aceite de oliva. Para el dolor, una inyección de sulfato de morfina».

En una ocasión cita el «Scheele green», veneno utilizado para empapelar paredes.

Veneno por otros conductos:

Inoculación de virus de septicemia.
Acido cianhídrico inhalado.
Inyección de veneno, y la víctima quemada en una estufa.
Veneno en una ampolla de cristal que se rompe por el sonido.
Acido prúsico en un cigarillo (suicidio).
Veneno de serpiente de árbol o bommslang (Displiolidus Typus), en una pequeña flecha en el cuello, sin cerbatana.
Inyección de Evipán, anestésico combinado con los efectos de un barbitúrico.
Infección de ántrax por brocha de afeitar.
Enfermedad tropical inoculada.
Inyección de digitalina.
Inyección de cianuro.
Infección septicémica de una herida en un dedo.
Inyección en la encía de adrenalina y procaína.
Ungüento envenenado.
Sulfato de atropina en la brocha de afeitar, a fin de provocar la locura.
Inoculación de microbios: colitis ulcerativa, tifus y neumococos, y tuberculosis.
Inyección de estrofanto.
Inyección de ácido fórmico para simular picadura de abeja.
Inhalación de ácido prúsico en lugar de la medicina contra el catarro.
Belladona en una crema de belleza, que produce trastornos mentales.


(Lista extraída de «Anatomía de Agatha Christie» de Carolina-Dafne Alonso-Cortés)

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