La máquina Babbage

La máquina Babbage

Todo comienza con Charles Babbage, un ilustre profesor de Cambridge de matemáticas, creador del primer “ordenador” mecánico, que se dio a conocer como la máquina de calcular Babbage. Una máquina cuya principal virtud radicaba en que era programable, gracias a que su diseño se basaba en el telar de Joseph Marie Jacquard, el cual usaba tarjetas perforadas para determinar como una costura debía ser realizada. Babbage adaptó este diseño para conseguir, en primer lugar, calcular funciones analíticas. La máquina analítica tenía dispositivos de entrada basados en las tarjetas perforadas de Jacquard, un procesador aritmético, que calculaba números, una unidad de control que determinaba qué tarea debía ser realizada, un mecanismo de salida y una memoria donde los números podían ser almacenados hasta ser procesados.

En 1842, para obtener la financiación necesaria (bastante elevada por otra parte) para realizar su proyecto de construcción y mejora de la máquina analítica, Babbage contactó con Sir Robert Peel, por aquel entonces Primer Ministro inglés. Peel entonces lo rechazó, aunque le ofreció a Babbage un título de caballero, que a su vez fue rechazado por Babbage.

Lady Ada Lovelace, matemática e hija de Lord Byron, se enteró de los esfuerzos de Babbage, y se interesó en su máquina analítica. Con la ayuda de financiación de su padre, convirtiéndose ya en asistente de Babbage, ambos terminaron la máquina analítica, y durante décadas, la mejoraron y pulieron, la promovieron activamente en círculos científicos. Lovelace escribió varios programas para ella, y es por eso que es considerada la primera programadora de ordenador (y además una criptógrafa magistral).

El conde Ernest Müllner, un celebrado clarividente y quiromántico austríaco, muy apreciado por la realeza y otros personajes ilustres por sus predicciones sorprendentemente acertadas, hizo el resto. Tras leer un artículo científico en la Philosophical Transactions of the Royal Society, la revista por la Royal Society dedicada a la ciencia, se puso en contacto con Charles Babbage. Él había tenido una premonición acerca de la máquina, como el invento que revolucionaría el mundo. Con sus conocimientos ocultistas fabricaron una máquina mucho más grande y potente, medía unos 15,5 metros de largo, unos 2,40 metros de alto y unos 60 centímetros de ancho, pesaba aproximadamente unas cinco toneladas.

Su primer uso, patrocinado por el gobierno inglés, era predecir el clima, tras introducir cientos de datos tabulados mediante tarjetas perforadas, pero tras las primeras pruebas los resultados fueron aún todavía más sorprendentes: ahora la máquina era capaz de predecir con varios días de antelación el lugar del globo terráqueo donde iba a suceder, con una probabilidad del 99%, un suceso paranormal o antinatural de relevancia.

Nota. Esta historia, aunque basada en los personajes reales de Babbage y Lovelace, es ficticia. Será el punto de partida de mi campaña para “La Máscara de la Muerte Roja”. La foto en realidad pertenece realmente al Mark I, el primer ordenador electromecánico, construido en la Universidad de Harvard, con la subvención de IBM, que se basaba en la máquina analítica de Charles Babbage.

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2 thoughts on “La máquina Babbage

  1. Mmmm, creo que te puede interesar la novela «La máquina diferencial», de Bruce Sterling y William Gibson.

    Como no suelo hacer comentarios, aprovecho también para agradecerte tú magnífico trabajo con este blog 😉

  2. Rompememes, conocía la novela. No obstante, gracias por el apunte.

    “La máquina diferencial”, de Bruce Sterling y William Gibson.

    1855. La Revolución Industrial está en pleno apogeo, impulsada por mecanismos cibernéticos de vapor. Charles Babbage perfecciona su máquina analítica y la era de la informática llega con un siglo de anticipación. Pero con el cambio llega la inestabilidad social: los luditas, grupo subversivo en contra de la tecnología, protagonizan desórdenes callejeros cada vez más alarmantes y hostigan a las clases dirigentes. La aventura comienza cuando unas misteriosas tarjetas perforadas, de origen y propósito desconocidos, caen en manos del paleontólogo Edward ‘Leviatán’ Mallory. Pronto descubrirá que alguien las busca con la suficiente desesperación como para ser capaz, en un momento dado, de matar por ellas…

    http://lix.in/-ac2f47 (pdf)
    http://lix.in/-b0c32a (epub)

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