La fábula del cocinero paciente

Voy a contar una fábula.

Imagínense que un aficionado a la cocina, trabajador, inteligente y entusiasta, dedica parte de su tiempo libre en preparar una innovadora receta de cocina griega. Nada visto hasta la fecha. Quiere que sea SU receta de cocina y para ello decide no fijarse en ninguna otra. Disfruta de los prolegómenos. Prepara su mejor plato con esmero y cuidado. Empieza dárselo a probar a sus conocidos y amigos. Quieren que opinen sobre su plato, y aporten cosas, su experiencia y conocimientos culinarios.

Tan contento esta con su resultado que decide compartir la receta en un foro de cocina bastante popular. Le consta que muchos otros aficionados se anotan la receta, pero pocos acaban haciéndola.

Imagina ahora, que pasa el tiempo y aprovechando que conoce a otro cocinillas de su misma ciudad que ha sido invitado a un certamen como cocinero invitado acude junto con él para dar a conocer la última versión de su plato. Durante el camino habla de la ilusión que tiene en dar a conocer su receta y probarla entre gente, se presupone que del mundillo, y con las mismas inquietudes. Su esperanza, quizás inocentemente, es que algún crítico culinario o algún gran restaurante  importante de su país se fije en su plato.

La realidad le despierta con una fría bofetada. En ese certamen casi nadie se interesa por su plato. Solo un único aficionado, experto en platos de cuchara, se interesa en probarlo. Y creo que ni siquiera se acaba el plato. Es un poco desilusionante y frustrante ver como muchos restaurantes tienen stands a menos de 10 metros de ti, y casi ninguno se digne a acercarse si quiera a probar eso que ofreces con tanto cariño y mimo.

La vuelta a su ciudad es decepcionante, tanto que decide no volver más a ese certamen, visto lo visto. La sensación que le queda es que todo el pescado está vendido y acudir de nuevo requiere un esfuerzo que no está dispuesto a asumir. Se había incluso planteado participar en el concurso de cocina que organizan en ese certamen, pero ¿para qué?. La vivencia inmediata es negativa, está surcada por una mezcla de tristeza y desazón interior. En cierta manera, ha sido un fracaso.

Pero no ceja en su empeño. Pasa un año, y un restaurante valenciano que recién acaba de abrir, se interesa por su receta. No tiene muchos cocineros, y los famosos son caros, así que decide apostar por nóveles y darles esa oportunidad que están esperando. Creen que es el empujón que necesitan para comenzar con buen pie. Tiene la gran suerte de que su receta es elegida como el plato que abrirá su menú en el restaurante. Es un primer logro.

Su puesta en marcha es difícil. Todo comienzo es complicado, la publicidad cuesta dinero, y el encontrar la clientela y fidelizarla para que apueste por ese plato, no es fácil. Acaban sacándola. No tardan mucho en recibir los premios, hasta tal punto que en medio mundo hablan de la receta. Muchos expertos, gurúes y mandameses consideran el plato como uno de los mejores de 2012. Pocos niegan su calidad. Gente ilustre, críticos culinarios, veteranos cocineros y organizadores de certámenes, lo avalan. Su receta ha llegado a países tan alejados como Corea del Sur o EE.UU.

Hoy estoy contento por ese cocinero, y si he de ser sincero, me alegro de que esos restaurantes que en su día tuvieron ese plato a menos de diez metros de sus narices, no quisieran probarlo. Me alegro por su nulo olfato. Hoy hay dos personas felices: un cocinero y un empresario restaurador. Ahora me pregunto, si visto el éxito a  posteriori, hubieran apostado por el plato o no. Siempre me quedará la duda. Aunque me da que no.

Lo habitual en esa industria es que solo se hable del éxito, del triunfo. De cómo alcanzarlo y de la psicología del que llega a esas cimas. De lo bonito que es todo. Pero pocas veces se estudia el fracaso y el valor de las derrotas. El fracaso es necesario para la maduración de la personalidad del cocinero, de la insistencia y saber esperar el momento adecuado.

Como la humanidad, la vida que rodea a estos cocineros está tejida de multitud aciertos y errores, de muchas pruebas, de muchísima dedicación, de cosas que al final no han salido como se habían proyectado y de otras que no han llegado a buen puerto. Todo se resume en un juego de aprendizajes. Y esta visto que por lo general, se aprende más con los fracasos que con los éxitos. O por lo menos, tan importantes son unos como los otros.

Pongámonos en el lugar de esos restaurantes tan conocidos. ¿Han fracasado? En cierta manera, sí. Pero, ¿a qué se le llama fracaso? Una definición sería como aquella experiencia interior de derrota consecuencia de haber comprobado que algo en lo que habíamos puesto nuestro esfuerzo e ilusión, no ha salido como esperábamos. Es la conciencia de no haber cubierto la meta propuesta. Pero ¿qué es peor? ¿fracasar? ¿o ni siquiera intentarlo? Si nadie innova y apuesta por lo nuevo estamos condenados al fracaso. Por eso esas grandes empresas tienen que ser quienes pongan el primer peldaño en la escalera.

Ahora imagina que ese plato griego es un juego de mesa, y se llama Polis: Fight for the Hegemony.  Felicidades, Fran y Nacho. Sois un ejemplo a seguir.

Entradas relacionadas

9 thoughts on “La fábula del cocinero paciente

  1. Me ha encantado el artículo… La verdad es que yo he aportado muy poco, solo el convencimiento ciego de que sí era posible (esto sí que ha costado mucho) y la rebelión contra un modo de vida que no era el mío… Al final, ¿es posible? Puedo decir que SÍ. Y bueno, ejemplo por mi parte muy poco… Esto es solo la muestra de que lo puede hacer cualquiera.
    ¡¡Muchas gracias!!

  2. Buff… pues de verdad que me has tocado la fibra sensible José Carlos.

    Conoces bien el proceso de gestación (comenzó hace más de tres años) y su historia contada desde fuera con este fantástico relato a modo de fábula parece más épica de lo que uno mismo ve desde dentro.

    Quizá si tenga algo de dicha épica mirando atrás, aunque le queda mucho camino por recorrer si es que lo termina de recorrer. Poco a poco está empezando a jugarse en USA por cada vez más gente y su repercusión por ahora es limitada. Pero no le pido nada más. Si ya nadie hablara más sobre él habría llegado más lejos de lo que nunca pude haber imaginado cuando era un Print&Play que casi nadie se fabricaba.

    Nacho ha aportado más de lo que quiera reconocer nunca. Entre los dos hemos llevado adelante un proyecto de un juego de cierta complejidad de un autor novel por una editorial novel. Y no es fácil. Constantemente íbamos dando palos de ciego.

    Entre los dos chequeábamos las reglas, probábamos los cambios de última hora (incluso mientras se redactaban las reglas), casábamos entre el español y el inglés cada cambio, hacíamos la traducción… ha sido un desarrollo casi artesanal, manufacturado en España y llevado por dos personas que nos lanzamos a la piscina sin ningún bagaje (claro está con el apoyo de personas como Marek y ACV).

    Que lo peor hayan sido las cartas (notoriamente mejorables) y que no tenga ninguna errata de importancia para el fluir del juego ha sido un pequeño milagro, a pesar de las numerosas comprobaciones que hemos hecho.

    Y Nacho ha sido el valiente, porque se juega el tema económico y yo me quedo con el lado “bonito” si todo sale bien y el que no pierde nada si sale mal, el de autor.

    Y desde luego ejemplo no me veo. Sigo siendo un mierdecilla que lee la BSK y la BGG con limitados conocimientos comparados con mucha gente a la que me encanta leer (sin querer que esto sea un “mamamiento colectivo” tu mismamente José Carlos).

  3. Es que a veces yo también me pongo sensible. 😀

    Espero que mi fábula sirva de acicate para muchos. Habéis dado un paso de gigante, y no era fácil. En serio.

  4. Un gran artículo para homenajear el esfuerzo y, sobre todo la ilusión, que se ponen en aquellas cosasa que nos (a)pasionan

  5. Preciosa la fábula, se merecen todos los elogios que están recibiendo, el Polis es un juego excepcional y merece toda la suerte del mundo, yo al menos le voy haciendo publicidad en todos los círculos en los que me muevo. De nuevo enhorabuena por el artículo.

  6. Que bonito! Me lo guardo en favoritos.
    Me han dicho que el segundo plato, filete de avestruz, tiene muy buena pinta también 🙂

  7. La verdad es que la historia de Polis es un ejemplo de perseverancia. Y el juego es muy atractivo. La lástima es que mi mujer no es muy aficionada a esta tipo de juegos, y dudo que pudiera jugarlo con nadie más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *