El Imaginario del Dr. Mortimer (AP)

Hoy Robert estaba indispuesto. Falomir, Boli y Vlada decidieron disfrutar del Festival de Musfire los días restantes, al fin y al cabo, hasta que no acaben las fiestas, el circo no partirá hacia Gilpledge.

El ambiente era alegre, ruidoso y animado, de manera que sintieron ganas de pasearse por la feria. Comenzaron visitando los distintos puestos ambulantes, y todo iba bien hasta que se despertó una inesperada tormenta primaveral (con ventisca incluida). Los comerciantes corrieron a recoger todo su género y proteger los puestos del tremendo viento. Pero ahí no acabó el problema, uno de los trabajadores del circo Ratonpolis corrió a pedirles ayuda, el viento iba a tirar la carpa y a volcar los carromatos de los animales salvajes. Si alguno huye puede ser una catástrofe para Copperwood.

Cuando llegan a las afueras, donde se encuentra estacionado el circo, ven una imagen desoladora. Tres de los carromatos se han volcado y roto, y varios de los animales pululan desperdigados por el interior del parking del circo: 6 gansos, 2 cangrejos, 2 escarabajos-fuego 1 mofeta. Algunos (no muchos) de los trabajadores del circo intentaban mantenerlos a raya y evitar que escapasen, mientras que la mayoría había corrido a resguardecerse de la tormenta y de los ataques de los animales. Falomir actuó rápido, gracias a un magnífico discurso logró que algún que otro trabajador saliera de su escondite a ayudarles.

El panorama ante el que se enfrentaban no era sencillo. Boli rescata niños ayudado de unos musculosos ratones carpinteros fueron a encargarse de la mofeta, más que nada porque con su Conoc. De depredadores sabía que su dieta principal son los ratones, y de escapar, sería como soltar un miura en Copperwood. Falomir, Vlada y otro grupo de trabajadores (igual o más musculosos que los anteriores) se encargaron de los seis gansos; y otro grupo de trabajadores se encargarían de mantener a raya a los dos cangregos y los dos escarabajos-fuego. (Nota del DJ: Dada la situación, a efectos de juego intente hacer dos conflictos por separado, uno para cada el grupo de la mofeta y otro para el grupo de los gansos, y el resultado fue atípico). Los restantes trabajadores del circo, con la suficiente valentía para afrontar el problema, se encargarían de reforzar los vientos de la carpa y arreglar los desperfectos en los carromatos, y tapar los huecos para que los animales escaparan. Estabamos ante un conflicto especial, mientras que unos atacaban y mantenían a raya a los animales, otros intentaban reparar tablones, clavos y madera en mano los desperfectos. Su objetivo era simple: “neutralizar los animales para que pudiera haber función del circo” mientras que estos “intentaban escapar de su cautiverio”.

El combate fue muy desigual. Boli, aguerrido cazador, no tuvo excesivos problemas para mantener a raya  con su enorme Hacha a la Mofeta. El momento crítico fue cuando esta levanto las patas para lanzarse un chufletazo de almizcle, pero actúo rápidamente y logro esparcir pimienta en polvo por su ano y apartarse del camino del espray. La Mofeta acabo escocida, con la cola rapada y magullada, pero lograron atraparla a tiempo. Nada que no cure un buen sanador. Sin embargo, Falomir y Vlada, tuvieron más problemas, los gansos resultaron ser unos complicados rivales, y se las vieron y desearon para lograr introducirlos dentro de la carpa del circo. Finalmente, ambos cumplieron su objetivo (en cierta medida), aunque cuatro de los gansos lograron escaparse. Por suerte, había un estanque cercano y acabaron allí. La tormenta amainó; más tarde la domadora logró dominarlos y devolverlos al carromato. Así que el peligro había terminado.

Hoy no habría función, al menos completa, así que los del circo animaron a la gente a acudir al “Imaginario del Dr. Mortimer”, una atracción cercana al circo, compuesta de un sorprendente museo del horror, una pequeña carpa para sus espectáculos de hipnotismo e ilusionismo y una herboristería, posiblemente la más completa de “El Territorio”. Allí conocieron al Dr. Mortimer, un tipo que desprendía muy malas vibraciones y su sensual y bella hija Jazmín.

Primero visitaron la herboristería, allí vieron remedios (naturales) con propiedades curativas numerosas y variadas; algunos curaban los cólicos, el reumatismo, las verrugas, la tiña y las insuficiencias respiratorias; otros protegían del frío, de los malos espíritus y de los animales del bosque, o incluso repelían a las comadrejas. Vlada compro manteca de cerdo (no muy habitual entre los ratones, por motivos obvios) y pimienta. Boli aprovechó para reponer las especias que había esparcido por el ano de la Mofeta.

Seguidamente, pasearon por el Museo del Horror; el Dr. Mortimer lo fundó como ‘museo de curiosidades y rarezas animales’, dada su conocida afición a coleccionar y atesorar conocimientos. Un espectáculo no apto para corazones débiles y gente sensible, y así lo advirtieron. En él pudieron ver maravillas y horrores de la teratología, malformidades ratoniles, mutantes, una colección de minerales y animales exóticos (algunos de fuera de “El Territorio”). Aquí les ofrecieron una copita de vodka de centeno (Boli se tomo más de una, y de dos) a los visitantes para fortalecer su ánimo y reponerse ante lo aterrador de lo visto. una enorme colección de objetos y artilugios de Ambrosius, un famoso científico fue elegido presidente de la Academia de Ciencias de Sprucetuck, y toda una celebridad científica en su época. Luego, pudieron ver una muestra de la afición a la odontología que tiene el Dr. Mortimer y pudieron ver un gran repertorio de dientes de ratones. Y finalmente, una amplia colección de instrumentos de tortura y pena capital, para el castigo ejemplarizante y la humillación pública.

Para finalizar la atracción, en una pequeña carpa tuvo lugar un fantástico espectáculo de hipnotismo teatral. El Dr. Mortimer eligió como voluntario al líder de la patrulla, Falomir, y este a pesar de ser Escéptico y no creer en estas cosas, acabó siendo hipnotizado. El Dr. Mortimer le ordenó hacer cosas que Falomir probablemente no habría hecho en un estado consciente. Para deleite de los espectadores, Falomir se creyó ser un músico de una orquesta, tocando la flauta; olvidó incluso su nombre o su verdadera profesión, y comió deliciosas manzanas a pesar de que eran cebollas. Falomir y el Dr Mortimer cruzaron sus miradas, se respiró tensión (y rencor) en el ambiente. No cabe ninguna duda que ninguno de los dos le caía bien al otro.

Cuando la cosa estuvo más calmada, nuestra patrulla ratón quiso disfrutar (a su manera) del Festival. Quedaban pocos días y la fiesta era lo suficientemente animosa como para no caer rendidos. Vlada, como buen aprendiz de cartógrafo que es, decidió pedir al Dr. Mortimer que le dejara ver los mapas y libros de Ambrosius que tiene en el museo. Éste no accedió, pero le regaló un facsímil de uno de sus libros de geografía y cartografía que fue recibido con mucha alegría. También le advirtió que tuviera cuidado con uno de sus amigos que tenía la mano muy larga, cosa que le desconcertó. Falomir por su parte intentó descubrir el engaño de unos trileros, siendo infructuoso su intentó y acabando Enfadado por no descubrir el truco. Y Boli, en un alarde de amabilidad, aprovechando su condición de ratón alto, ayudó a los trabajadores del circo a reparar los desperfecto, para así reanudar por completo las funciones, lo antes posible.

Y para terminar, investigaron al Dr. Mortimer y su hija Jazmín, preguntando a los miembros del circo, y la rumorología existente alrededor de esta pareja era como mínimo preocupante. Los datos que obtuvieron acerca de ellos apuntaban a que eran sabios, inteligentes, maestros del hipnotismo, la alquimia, y con algún oscuro pasado.  Hablaban de drogas, elixires, ratones desaparecidos y un largo etcétera. No cabe duda que le tenían miedo o respeto. Tras quedarles la mosca tras la oreja, descansaron. Una gran aventura urbana, sin duda. Lo siguiente escoltar al circo hasta Gilpledge. Pero eso será otra historia…

 PD. Puedes descargar esta aventura ratonil aquí.

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