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Artículos sobre “El Club de los Martes”.

El mesmerismo

MesmerismoDurante el siglo XIX, y a falta de las herramientas necesarias para la demostración de la etiología (“dar una razón de algo”) de la mayor parte de los trastornos psiquiátricos surgen varias escuelas de pensamiento o pseudomedicinas, basadas en observaciones y experimentos más teóricos que empíricos con cierta base científica, y otros (muchos más divertidos para lo que nos ocupa) que distaban bastante de lo que hoy en día consideramos científico.

Dichas teorías (algunas bastante alocadas) servían tanto para dar una explicación a los trastornos, como para dar un criterio diagnóstico a la hora de enfrentarse a un paciente. Así es como surge, entre otros, el mesmerismo (en francés mesmérisme), también conocido como la doctrina del «magnetismo animal».

Franz Anton MesmerFranz Anton Mesmer (1734 – 1815) elabora la doctrina del magnetismo animal, según la cual existiría un fluido universal que facilitaría las relaciones e influencias entre los seres vivos y los cuerpos inanimados y celestes. Esta influencia mutua tiene como resultado un flujo y un reflujo que actúan sobre los hombres, insinuándose en la sustancia de los nervios.

De acuerdo con esta teoria, todas las enfermedades, incluidas las mentales, provienen de una mala repartición de este fluido al interior del cuerpo. Al ser la unión entre el hombre y el universo del mismo tipo que aquella existente entre los objetos imantados, sólo se necesita drenar dicho fluido por medio de un imán (magnetismo mineral) para restablecer el equilibrio en el organismo.

Mesmer trata a sus pacientes aplicándoles, en primer lugar, imanes que hace fabricar por los obreros del Observatorio de Viena, a fin de que se adecuen a las diferentes partes del cuerpo. Se refería, por tanto, a un supuesto medio etéreo postulado como agente terapéutico por primera vez en el mundo occidental. Este fluido sería transmisible mediante determinados pases magnéticos. Quizás sus creencias tenían un ligero vaho, proveniente de la tradición europea de la alquimia. Él creía que todo el universo se había desarrollado de una sustancia homogénea primordial, luego diferenciada en la diversidad que conocemos. Luego entonces, la madera, metales, piedras, plantas que él usaba se basaban en la afinidad con el cuerpo del enfermo, más directo aún, en la afinidad y correspondencia de los átomos y mediante el uso ya sea interno (bebidas) o externo (brazaletes y otros debidamente magnetizados) de este agente, el paciente recibía fuerza adicional para combatir la enfermedad.

Meses más tarde su técnica mejoró, empezó a utilizar la imposición de las manos y abandona los imanes, pasando así del “magnetismo mineral al “magnetismo animal”, y convirtiéndose en el primer occidental en creer en la capacidad de toda persona para curar a su prójimo usando el hipotético «magnetismo animal». H. P. Blavatsky escribiría años más tarde en su “Glosario Teosófico”, que Mesmer fue un simple redescubridor, y que en realidad, este tema se había examinado mucho antes de su tiempo, numerosas centurias anteriores el ascenso de la civilización Europea, y que además, todas las grandes fraternidades orientales, siempre poseyeron los secretos completos referentes a su práctica, la cual aún hoy en aquella época permanecía desconocida (y en la nuestra, me temo).

Lo más curioso de todo es que estas esperpénticas sesiones tenían un cierto resultado ya que los pacientes mostraban una mejoría o desaparición temporal de sus síntomas. Su popularidad crecía y adquirieron cierta fama entre la clase alta europea. Sin embargo, cómo mas tarde se pudo comprobar, su magnetismo animal no era ningún fluido universal, sino un claro ejemplo de sugestión (¿quién no ha escuchado hablar del “efecto placebo”?).

Sea como sea, Mesmer hoy en día es considerado como el padre de la hipnosis moderna, así que podríamos decir que esta técnica fue el antecesor de la hipnosis que mas tarde desarrollaría Charcot. El mesmerismo es, usando las mismas leyes, el fenómeno opuesto a la moderna hipnosis. La hipnosis tiende más al dominio del sujeto, y muy a menudo los hipnotizadores terminan por injertarles vicios morales, quizás inconscientemente a sus sujetos. En cambio el mesmerismo, basado en la creencia del “Magnetismo animal” (o sea, en otras palabras la hoy tan conocida sugestión) se encaminaba más al cuidado del paciente.

Y aunque las teorías de Mesmer se descartaron rápidamente, e incluso fue acusado por curanderismo en Francia, algunos reputados médicos quedaron muy impresionados por sus resultados. Dos cirujanos ingleses, Eliotson y Esdaile informaron de numerosas intervenciones quirúrgicas importantes realizadas bajo la hipnosis sin anestésico. Según la teoría de James Braid, otro médico inglés influyente, fijar deliberadamente la atención en un estímulo único, continuo y monótono evoca un sueño nervioso especial o estupor, estado que denominó neuro-hipnotismo o hipnosis.

Victorian Literary MesmerismTambién en Inglaterra, una cantidad de personas que no eran científicos, prestaron mucha atención al asunto. No le dieron una reputación mejor que la precedente, y en general, la prensa y el público, los consideraron charlatanes y al mesmerismo un engaño. Esta era la situación hasta que los análisis, en lo que conocemos como hipnotismo, presentaron nuevamente esa fase del tema, y después de 1875 con la aparición en escena de la Sociedad Teosófica de madamme Blavatsky (de la que doy buena cuenta en el manual de “El Club de los Martes” en su página 43), la mente común prestó más y más atención a las posibilidades en los campos de la clarividencia, clariaudiencia, trance, apariciones y cosas parecidas. Pero esa es otra historia, a la que igual dedico otro artículo más en profundidad.

Victorian Literary MesmerismSi quieres profundizar más en el apasionante universo del mesmerismo, recomiendo la lectura del libro “Victorian Literary Mesmerism” donde se da un extenso y buen repaso a la aparición de la doctrina del mesmerismo, crímenes e hipnotismo, en la literatura de la época. A lo largo de varios ensayos de diversos autores, recogidos en el libro, se trata de investigar (con cierto rigor) las complejas conexiones que existen entre el mesmerismo y la ciencia, y su manifestación en la sociedad y cultura victoriana, y como no la imaginación literaria (donde casi todo tiene cabida). Este libro será de interés, por lo tanto, a los estudiosos la literatura victoriana y la historia de la ciencia, así como a los que le apasione la historia cultural y de la sociedad de la época. Otra buena fuente de inspiración para un caso para “El Club de los Martes”.

Los clubes victorianos

The Army and Navy Club

La mayoría de los hombres ricos y pudientes en la época victoriana pertenecen a un club. Es signo de distinción y refinamiento, y denota, porque no decirlo, un cierto estatus; sencillamente porque muy pocos pueden permitírselo. Un club es una excepcional forma de conocer a gran cantidad de gente importante, de la tal vez puedas necesitar sus servicios, obsequios o ayudas en un futuro. Los clubes de los que son socios la clase alta londinense están directa e intrínsecamente relacionados habitualmente con su personalidad, aficiones e inquietudes, y suelen estar frecuentados por personajes de ideas o gustos parecidos. Es un hecho constatable que toda la vida social londinense de la alta clase social o aristocrática gira en torno al club, tal y como puede demostrarse con el mero hecho de que sólo en Londres hay más de un centenar de clubes diferentes, diametralmente dispares, situados alrededor del Pall Mall y St. James.

Los clubes son, para la gran mayoría, como un segundo hogar, donde se puede comer opíparamente, echarse la siesta, o porque no decirlo, incluso dar rienda suelta, en los múltiples compartimentos privados, a las más profundas y mórbidas aberraciones y a esos peligrosos trastornos mentales que tan de moda están en esta época, entre las que se incluyen el homosexualismo, estupro y el onanismo. Otros, menos libertinos, juegan al bridge (una variante directa del whist) con sus compañeros de mesa o mantienen acaloradas y petulantes discusiones privadas con (o contra) sus detractores más acérrimos. Es también el lugar donde los Tories toman habitualmente en secreto decisiones de los devenires del gobierno británico, y por tanto, el canal idóneo para establecer intrigas y conspiraciones; el sitio donde los hombres de mundo se reúnen para discutir los secretos de este; y a su vez el lugar más favorable para zanjar contratos y negocios muy provechosos con el que obtener pingües beneficios.

Un buen club dispone de todo lo que un miembro pueda pedir, comenzando por una completa bodega, que incluya los mejores caldos de la mayoría de las zonas vinícolas europeas y ofrezca toda variedad de tipos y crianza, como Borgoña, Burdeos, Champagne, Chianti, Douro (Duero), Oporto, Rioja, Ribera del Duero, Jerez, Penedés, Brunello, Rhin, Tokaj y brandies. Los hay tintos, rosados o blancos, afrutados, achampanados o añejos, viejos o jóvenes, pero se ha de tener claro que existe un vino para cada gusto y para cada ocasión, y el saberlo elegir también forma parte del Comme il Faut. En los clubes más selectos, siempre que haya alguna celebración digna de mención, se debe brindar una botella de champagne de Lanson, uno los viñedos franceses proveedor desde la segunda mitad del siglo XIX de las cortes de Inglaterra, España y Suecia (y por supuesto una de las más caras). Hay que tener muy en cuenta que el vino está presente habitualmente en celebraciones privadas y en fiestas populares debido a que es sinónimo de alegría, de buena vida y de fiesta.

Military Naval County

Debe disponer de la misma manera de un excelente comedor, por supuesto, de refinadas preparaciones, decorado con la elegancia del estilo inglés en amplios espacios y a ser posible ambientado con la música de un agradable piano, de forma que se convierta en el lugar ideal para una buena conversación entre amigos o una cena romántica, si tienes la suerte que en tu club admiten la presencia de mujeres. Desde muy temprano debe ofrecer desayuno. Su carta, normalmente de influencias francesas y españolas, deben ofrece una amplia variedad de elegantes sabores que esas cocinas envuelven, con preparaciones con pescados y mariscos, como también carnes de vacuno, cordero y aves. Además debe tener a disposición de los socios grandes y copiosas bibliotecas con paneles de madera y salas de lectura con los últimos libros y periódicos de distintos lugares del mundo; así como salas de fumadores con pesados sillones de cuero donde saborear en pipa las excelencias del tabaco traído de las colonias; y bares, donde echar siempre la última copa, abiertos prácticamente las 24 horas.

Precisamente todas estas razones (y más) son el motivo por el que un grupo de nobles, o gente de la clase social alta o burguesa londinense, se reúnen en un club selecto. Que mejor lugar que el White’s, el Carlton o el Malborough donde hay una buena reserva de oporto, coñac o brandy, para pasar la larga noche divirtiéndose mutuamente con los relatos de sus largos viajes y sorprendentes aventuras, las noticias frescas que llegan de las colonias, y sobre todo de los crímenes más candentes y de actualidad que aparecen en periódicos, tan distintos y variopintos, como el “Times”, el “Standard”, el “Evening-Star”, el “Star”, el “Morning-Chronicle” y veinte periódicos más de los de mayor circulación. Eso sí, en muchas ocasiones ni siquiera respetan demasiado los detalles históricos, los hechos científicos o las fronteras de la credibilidad. Los británicos son bravucones por naturaleza.

Club makers and club membersSi quieres profundizar en el apasionante mundo de los clubes (y todo los asuntos que los rodean) recomiendo leer “Club makers and club members” de T. H. S. Escott (escaneado en openlibrary). “Los responsables del Club y miembros del club son retratados como tipos … de su tiempo, y los incidentes en los que la figura o en los que tienen alguna preocupación como reflejo de la vida nacional y las costumbres”. Lamentablemente es un libro que se escribió en 1914 y hace referencia a los clubes que por entonces se podían encontrar en Londres, aunque por suerte muchos ya existían en la época victoriana (que es lo que nos interesa), y el espíritu no cambió demasiado en los últimos 20 años.

Dickens's Dictionary of London 1888Otro libro bastante interesante, donde se da buena cuenta de muchos de los clubes londinenses de la época, es Dickens’s Dictionary of London de Charles Dickens (Jr.) escrito en 1879, que por suerte se puede comprar una edición facsimil con relativa facilidad por apenas 12-13 euros. Esta guía no convencional del Londres de 1888, capta la atmósfera y vitalidad de la que era, en aquel entonces, la ciudad más grande del mundo, no solo el corazón de una nación sino de una gran Imperio.

Contiene una ingente cantidad de información y curiosidades que puedes desmenuzar con precisión casi quirúrgica a través de una serie de 700 entradas detalladas contenidas en sus 272 páginas. En ellas se construye o rememora un retrato viviente del Londres Victoriano de la época, desde los elegantes clubs para caballeros de St James hasta los mercados y los arrabales del East End. Las descripciones sobre los edificios principales, las iglesias y las grandes estaciones de trenes, los bancos, teatros y estadios (hipódromos…) son muy informativas y precisas, los comentarios son propios de alguien que conoce Londres como la palma de su mano, pero también reveladores y muy entretenidos son los comentarios y consejos sobre la vida social. Hay consejos esenciales de todo tipo, desde como contratar a los sirvientes (el salario recomendado de una doncella de sala es de 12 libras/anuales), los beneficios del ciclismo (muy apreciado por evitar la crueldad contra los caballos de tiro), como combatir la leche contaminada con dipteria and tifus, las nieblas (muy apreciadas por los “depredadores humanos”), hasta como evitar la atención de los ladrones de carruajes. Publicado por primera vez por el hijo de Charles Dickens en el año posterior a la celebración de Los Cincuenta años de reinado de la Reina Victoria, este libro es una mina de información para todos los amantes de Londre y su historia. Un volúmen adiccional ( Dickens’ Dictionary of The Thames 1887) Provee una mirada similar a lo largo de todo el Támesis (excepto Londres) en los días en que era el destino vacacional más importante del mundo y donde un ticket de temporada para el ferrocarril entre Windsor y Paddington costaba solo 18 libras.

Monstruos de feria victorianos

Freaks

Desde siempre los Freaks o monstruos de circo siempre me han interesado como fenómeno, tanto es así que incluso llegue a diseñar una aventura para Unknown Armies llamada “Feria de Monstruos” de la que guardo gratos recuerdos y con que la que obtuve el primer premio de Ossian 2002. Es una de las historias con las que más he disfrutado jugando a rol y más satisfacciones personales me ha dado.

Los “freaks”o fenómenos de feria han cautivado a la humanidad desde antes del S. XIX. Tal es el caso que en la época victoriana eran comunes los espectaculos con hombres con extrañas enfermedades, siamesas, enanos bailarines, hermafroditas, mujeres barbudas, ovejas con seis patas, sirenas y demás fenómenos de esta índole. La era victoriana fue una importante época de cambio social, que impulsó la popularidad de estos “freak shows”.

Victorian FreaksAsí que si quieres profundizar más en este apasionante tema, quiero recomendarte encarecidamente un libro: “Victorian Freaks: The Social Contexto of Freakery in Britanin” de Marlene Tromp, donde se repasa el contexto social de muchos de estos personajes en la época victoriana. En él se habla, entre otros, de figuras tan controvertidas como Joseph Merrick (El hombre elefante), conocido cinematográficamente por la película basada en su historia de David Lynch (una de las pocas que ha logrado emocionarme); Daniel Lambert (El rey de los Gordos); Julia Pastrana (La mujer barbuda) o Laloo (el maravilloso chico Indio y su siamés parásito). Imprescindible.

Niveles de inmersión

MentePor la experiencia obtenida a lo largo de varios años en el terreno de juego si algo tengo claro es que cada grupo de jugadores con los que me he topado no juega a “El Club de los Martes” de la misma manera. Tal vez tenga que ver que en el manual no se hace especial hincapié en una forma idónea o particular de jugar a El Club de los Martes, sino que se deja a libre albedrío de cada grupo, y claro en la variedad está el gusto. Cada grupo interpreta el reglamento y hace suya su forma de jugar.

En mi opinión, a grandes rasgos, hay tres formas de jugar a “El Club de los  Martes”, lo que he denominado niveles de inmersión, y cada cual ofrece una experiencia de juego diferente, así que valga este artículo para exponerlas y que cada uno sepa cuál es la que más le conviene según su nivel de preparación y exigencia.

Inmersión superficial

Me temo que la más común de todas, en parte porque es la que menos implicación y requisitos previos necesita. Los jugadores a la hora de preguntar, no tienen en cuenta jamás el personaje al que interpretan ni siquiera intentan enlazar previamente la pregunta con alguno de sus clichés. Los jugadores disparan sus preguntas como si de una metralleta se tratara (similar a lo que ocurre con Black Stories) dejando de lado interpretaciones ni coherencia con su personaje en el entorno espacio-temporal ni siquiera con la reunión en concreto. Considero que proporciona una peor experiencia de juego con bastante diferencia, esta manera de actuar deja de lado una parte muy importante del juego (la interpretación de unos roles victorianos), así que entiendo que merece la pena un pequeño esfuerzo o sacrificio para mejorar.

Inmersión media

Lo que considero que debería ser lo mínimo para disfrutar con relativa plenitud del juego y la que intento enseñar en mis partidas de demostración. La principal diferencia con el nivel de inmersión superficial es que antes de formular una pregunta de si/no el jugador intenta enlazarla previamente con alguno de sus clichés, si bien no es necesario por reglamento, sí que proporciona un hilo de conducción, mayor robustez y coherencia a la reunión, y una experiencia de juego mayor. Para que nos entendamos, lo idóneo es que un jugador antes de formular una pregunta de si/no intente argumentar, de una manera breve y concisa, la razón por la que su personaje dramático tiene acceso a esa información (la respuesta de si/no). Parece una tontería pero esto hace que la gente se meta mucho más en su personaje y disfrute de él, preste mayor atención a la reunión y facilite sobre todo las interrupciones (una parte importante de la mecánica de juego que casi nunca se tiene demasiado en cuenta). También es importante el intentar mantener la fuerza de los diálogos victorianos (hablar y comportarse como la época).

Inmersión hasta las profundidades

Los jugadores interpretan (personajes victorianos, recordemos) y mantienen con el mayor rigor posible, entre otras cosas, el lenguaje victoriano en sus diálogos, lo que hace que el nivel de inmersión y disfrute sea mucho mayor y placentero. Incluso en ocasiones se disfrazan y utilizan atrezzo para sus partidas. Sería lo idóneo pero entiendo que requiere bastante más requisitos y no todo el mundo está dispuesto a gastar el suficiente tiempo en ello. Por tanto no se puede obligar a que la gente lo practique, aunque si recomendar que lo intenten, de vez en cuando (una actividad ideal para una salida de fin de semana, por ejemplo).

Underground, el metro de Londres

London Underground Map 1889

A lo largo de la primera mitad del siglo XIX Inglaterra sufrió un gran desarrollo del ferrocarril, principalmente hacia Londres, la capital del mundo. Las diferentes compañías ferroviarias construían “estaciones término” en Londres, uniendo así la ciudad con diferentes puntos del país. Muchas de las compañías (en especial las que llegaban desde el norte, el este y el oeste) situaban las estaciones de llegada a cierta distancia de la City, por aquel entonces el núcleo principal de la ciudad. Cuando se construyó en la década de 1830 la llamada “New Road” (en la actualidad Farringdon Street), se planeó el desarrollo de una línea de ferrocarril suburbano aprovechando la ruta del río Fleet, el mayor río subterráneo de la ciudad y que desembocaba en el Támesis cerca de la catedral de San Pablo, en plena City. El plan ideado era perfecto, ya que esta línea permitiría unir la City con las estaciones término de las afueras. No fue el único plan de ferrocarril subterráneo; otros muchos diseños de ferrocarriles subterráneos poco profundos  fueron apareciendo desde 1844. Dos razones provocaron este hecho: por un lado, el estar inmersos en pleno apogeo de la Railway Mania, una burbuja económica en torno al ferrocarril, y también el aumento del tráfico en la ciudad que hacía falta imperiosamente un reordenamiento del plan urbanístico. Sin embargo, de entre todos esos diseños realizados muy pocos llegaron en realidad a buen puerto.

King's Cross StationDespués de la Gran Exposición de 1851, un punto de inflexión en todos los sentidos en la época victoriana, se planteó un nuevo proyecto para el cauce del río Fleet: una línea de ferrocarril de vía ancha, trocha (espacio que media entre los dos rieles de una vía férrea) utilizada por la compañía Great Western Railway, hasta la estación de Paddington (operada por la GWR). Esta estación contaba con el inconveniente de ser la más lejana a la City de todas las estaciones término. Así, gracias a esta línea se unirían las estaciones término de Paddington, Euston y King’s Cross con la City. La empresa encargada de su construcción se iba a llamar “Bayswater, Paddington and Holborn Bridge Railway”, aunque con posterioridad el nombre elegido fue “North Metropolitan Railway”. Aunque el proyecto estuvo a punto de cancelarse en 1853, la compañía GWR se comprometió a apoyar la construcción, siempre que se garantizara que la línea llegara hasta Paddington al oeste y hasta la City al este. Otra compañía implicada, la “Great Northern Railway” (GNR), propietaria de la estación término de King’s Cross, también se comprometió a suministrar su apoyo. Así, la North Metropolitan Railway fue refundada el 7 de agosto de 1854, con el nombre “Metropolitan Railway” (MetR).

En el año 1854 se construyeron seis terminales de ferrocarril en las afueras del centro de Londres: London Bridge, Euston, Paddington, London King´s Cross, Bishopsgate y Waterloo. En esa época, únicamente la estación de Fenchurch Street estaba localizada en la actual City.

La congestión de tráfico en la ciudad y en sus alrededores aumentaron considerablemente en ese periodo, en parte debido a la necesidad de los viajeros de ferrocarril de llegar a su destino en el centro de la ciudad a través de sus carreteras y calles. La idea de construir un metro, que conectara la ciudad con las principales terminales de ferrocarril, fue propuesta por primera vez en la década de 1830, pero no fue hasta la década de 1850 que la idea tomó forma como una solución a los incipientes problemas de tráfico.

Tren Subterráneo

El primer tren subterráneo

En el año 1855 un Acta del Parlamento aprobó la construcción de un metro entre la estación Paddington y Farringdon Street vía King´s Cross, la cual se llamó tren Metropolitan. El “Great Western Railway (GWR)” dio apoyo financiero a este proyecto cuando se acordó que se construiría un empalme que uniría el metro con su principal terminal Paddington. Además también se acordó que diseñaría trenes especiales para este ferrocarril subterráneo.

La escasez de fondos retrasó esta construcción durante varios años. El hecho de que este proyecto se pusiera en marcha fue gracias a la presión de Charles Pearson, quien en aquella época era procurador de la “City of London Corporation”. Pearson apoyó la idea de un tren subterráneo en Londres durante varios años, y abogó por el plan de demoler ciertas zonas insalubres que serían sustituidos por nuevos alojamientos en las zonas suburbiales, ya que el nuevo metro mejoraría el transporte desde el centro hacia esos lugares.

Aunque Pearson nunca ha estado relacionado con el funcionamiento de la primera línea Metropolitan, es reconocido ampliamente como uno de los primeros visionarios del concepto de ferrocarril subterráneo. En el año 1859, fue Pearson quien persuadió a la “City of London Corporation” para que ayudara a financiar el plan. El trabajo finalmente comenzó en febrero del año 1860 bajo la dirección del ingeniero John Fowler. Pearson murió antes de que el trabajo fuera terminado.

Metropolitan Underground RailwayEl tren Metropolitan se inauguró el 10 de enero de 1863. Casi 41.000 pasajeros viajaron en aquel primer viaje, en vagones descubiertos que iban bajo tierra y tirados por locomotoras de vapor. Los frecuentes trenes pasaban y recogían pasajeros cada 10 minutos, y transportó una media de 26.000 pasajeros al día, a los pocos meses de su apertura. La línea Hammersmith & City se abrió el 13 de junio de 1864 entre Hammersmith y Paddington. Los servicios fueron operados en un principio por GWR (Great Western Railway). El 23 de diciembre de 1865 la extensión oriental de la línea Metropolitan se abrió en Moorgate Street. Más tarde y en esa década se abrieron otras ramas en Swiss Cottage, South Kensington, Addison Road, y Kensington (ahora conocido como Kensington Olympia). El metro tenía inicialmente un ancho de vía dual, lo que permitía su uso por parte de máquinas de la “Great Western Railway (GWR)” y por aquellos que usaran el ancho de vía estándar. Pero ciertos desacuerdos con GWR forzaron que el Metropolitan cambiara a una vía estándar en el año 1863 después de que GWR retirara todas sus acciones del proyecto. Estas diferencias fueron más tarde remendadas, pero de cualquier forma la vía ancha fue retirada totalmente en marzo de 1869.

El 24 de diciembre de 1868, el “Metropolitan District Railway” comenzó a ofrecer servicios entre South Kensington y Westminster usando el tren Metropolitan y sus vagones. La compañía, la cual pronto sería conocida como “District”, fue incorporada por primera vez en 1864 para completar la línea circular alrededor de Londres en colaboración con la línea Metropolitan. Esto formaba parte de un plan para construir una línea circular interior y una línea circular exterior alrededor de Londres.

Baker Street Station ProjectPronto se desarrolló una rivalidad en las líneas District y Metropolitan. Esto retrasó significativamente la realización del proyecto de la línea circular ya que las dos compañías competían por construir líneas en los suburbios de Londres. La compañía “London and North Western Railway (LNWR)” comenzó a realizar su servicio Círcular Exterior desde Broad Street vía Willesden Junction, Addison Road y Earl´s Court hacia Mansion House en el año 1872. La línea circular interior no fue completada hasta el año 1884, funcionando junto con las líneas Metropolitan y District. Mientras tanto, District terminó su ruta entre West Brompton y Blackfriars en 1870, con un intercambiador con Metropolitan y South Kensington. En 1877, comenzó a funcionar su propio servicio desde Hammersmith hasta Richmond, en una línea que fue originariamente abierta por “London & South Wester Railway” en 1869. Entonces District abrió una nueva línea desde Turnham Green hasta Ealing en 1879, y extendió su ramificación de West Brompton hacia Fulham en 1880. Durante la misma década el Metropolitan se amplió hacia la estación  de Harrow-on-the-Hill en la zona noroeste. Fueron tiempos que sin duda, las compañías luchaban por repartirse el pastel.

Picadilly LineLos primeros túneles del metro fueron excavados usando el método de construcción conocido como “cortar y cubrir”. Esto ocasionó grandes problemas ya que requería la demolición de la mayoría de las propiedades que había en la superficie. Los primeros trenes eran de vapor, lo cual requería una ventilación eficaz hacia la superficie. Los pozos de ventilación en varios punto de la ruta permitían a los motores expulsar el vapor y coger aire fresco dentro de los túneles.

El 7 de diciembre de 1869, el “London, Brighton and South Coast Railway (LB&SCR)” comenzó a operar entre Wappping y New Cross Gate usando el túnel del Támesis que fue construido por Marc Brunel y su hijo Isambard Kingdom Brunel. Usaron un método revolucionario en su construcción protegiendo su estructura, lo cual hizo posible su realización. Este túnel ya se había abierto en 1843 como un túnel peatonal, pero en 1865 fue comprado por el ELR (un consorcio de seis compañías ferroviarias) y fue convertido en un túnel ferroviario.

A finales de la década de 1880, los ferrocarriles subterráneos, o metro, alcanzaron Chesham con la Metropolitan, Hounslow, Wimbledon y Whitechapel con la District y New Cross con lo que actualmente se conoce como London Overground. A finales del siglo XIX, la Metropolitan había ampliado sus líneas fuera de Londres hasta Aylesbury, Vernay Junction y Brill, creando nuevos barrios a los largo de su ruta.

Fue entonces cuando el tren metropolitano alcanzó cifras inimaginables, en esta década, apenas veinte años tras su inauguración, llegaría a transportar 40 millones de pasajeros anuales. Ahí es nada.